Arnoldo Cuellar

¿El blindaje servirá para gobernar?

In Análisis Político, sinembargo.mx on mayo 17, 2012 at 10:48 pm

Nadie puede dudar de la eficacia del control de daños que lleva a cabo la articulada maquinaria que se mueve en torno al candidato presidencial priista Enrique Peña Nieto.

No hay evento, por cataclísmico que sea que no reciba un tratamiento casi inmediato. Si la primera respuesta no funciona, hay una segunda y una tercera. El blindaje en torno a Peña Nieto constituye la más sofisticada estrategia política que se ha visto en México desde que inició la era de competencia electoral real, a partir de 1988.

Así se vio después del viernes negro en la Universidad Iberoamericana campus Santa Fe. Tras de ser increpado por los estudiantes y abandonar el escenario de manera precipitada, con la consecuente difusión en redes sociales y en medios de comunicación, inició la operación rescate.

Primero vimos una estrategia agresiva, para descalificar a quienes aparecían como responsables del tropiezo del candidato. Los señalamientos fueron desde afirmar que no se trataba de alumnos, sino de infiltrados, hasta el desgarramiento de vestiduras por lo que se quiso caracterizar como un comportamiento vandálico y la obnubilada acusación de que en la Ibero estudian los hijos de los aburguesados izquierdistas de este país.

Esa fase fue acompañada de una vertiente digna de Goebbels, para tratar de hacer ver que la visita había sido muy distinta a lo que realmente fue. Así lo manejó un video promocional de Peña a través de YouTube, utilizando a jóvenes para desmentir a otros jóvenes; así como una ofensiva periodística en todo el país que quiso hacer pasar la reunión de la Ibero como “un éxito”.

Debe hacerse notar que en estas estrategias no sólo se integran los normales órganos de difusión de la campaña o del PRI, además de los despachos consultores, sino que también vemos a una parte importante de la comentocracia periodística e incluso a cadenas de medios completas, trabajando al servicio del cuarto de guerra del candidato tricolor.

Cuando no funcionó la táctica de choque, al ser respondida y cuestionada desde las mismas redes sociales; o a través de medios alternativos por los propios estudiantes que protestaron ante Peña Nieto, se dio paso a la fase dos del control de daños: la proactiva.

La simulación de una visita exitosa y la descalificación, debieron dar paso a un spot donde el candidato se hace cargo de haber recibido críticas y hace hincapié en su respeto a los que no piensan como él.

Sin duda, nos hallamos frente a la actuación de un costoso aparato de análisis, estrategia política, mercadotecnia y producción. La respuesta que se ofrece de inmediato es comentada, por los mismos periodistas afines a la campaña priista, como la muestra de tolerancia y buenos reflejos del aspirante presidencial.

Hay dos preguntas en torno a esta dinámica que seguramente logrará el objetivo trazado de mantener, hasta la fecha fatal de la elección, la ventaja electoral del priista, si no como la esbozan la mayoría de las encuestas, si lo suficientemente amplia para una victoria sin dudas.

¿Podrá este aparato subsanar las deficiencias políticas de Enrique Peña Nieto? Es decir ¿la armadura mediática y mercadológica que le ha permitido construir una imagen ganadora, servirá también para gobernar?

Y, en segundo lugar, la construcción a cómo de lugar de una imagen tiene un objetivo en tiempos electorales, pero otro muy distinto estando ya en el gobierno. En el momento actual, el de la búsqueda de los votos, todos los candidatos están acotados por la amenaza de perder puntos si no se controlan en sus reacciones. Eso no acontece con un presidente, mucho menos en México.

A eso va la siguiente pregunta: ¿el cultivo de una imagen de invulnerabilidad de Enrique Peña Nieto no degenerará, eventualmente, en un culto a la personalidad reforzado, precisamente ese del que nos libramos durante los doce años de las presidencias panistas?

En una sociedad donde las fragilidades siguen estando del lado de los ciudadanos, el resurgimiento del viejo priismo, que asoma por todos lados tras la escuálida careta de modernidad del peñanietismo, combinado con la construcción de un poder personal sustentado más en la vanidad de la imagen que en la eficacia de la acción, puede ser temible.

El verdadero Enrique Peña Nieto, por más que se haya expuesto hasta cierto punto en un debate donde fue favorecido por la enorme ineficacia de sus oponentes, sigue oculto tras el eficaz aparato que, con una inocultable prepotencia y el más absoluto desdén a la democracia, se ha propuesto entronizarlo desde antes de la jornada electoral.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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