Arnoldo Cuellar

PRI, el chip de la derrota

In Botepronto, Zona Franca on mayo 10, 2012 at 7:57 am

La decisión sobre la lista de candidatos a diputados plurinominales del PRI, que debe quedar registrada a más tardar el próximo 15 de mayo, vuelve a ofrecer la prueba de que la mentalidad derrotista no logra ser erradicada de este partido ni por la condición favorable que representa la candidatura nacional de Enrique Peña Nieto, tan evocada por los priistas en su discurso como si de un mantra se tratara.

Hechos a un lado de la campaña torreslandista, los dos líderes de corrientes en el PRI de Guanajuato buscan colocar cada uno un alfil en los tres primeros lugares. Se trata de Gerardo Sánchez y Francisco Arroyo Vieyra. Con ello, le mandan el mensaje a Juan Ignacio Torres Landa: tu candidatura no nos importa, pero en cambio sí queremos las posiciones seguras, las que flotan tras el naufragio.

Caso particular es el de Arroyo Vieyra, quien al empujar a su hija, la regidora guanajuatense Erika Arroyo Bello, prácticamente está quemando las naves de la aventura política que iniciara hace dos años con gran voluntad y abundantes recursos.

El movimiento construido por el senador priista, donde logró reconciliar a muchas corrientes, a priistas históricos que lo desdeñaban y a los principales operadores políticos de ese partido, no tendrá futuro si la lectura que sobrevive es que las únicas ganancias de ese proyecto fueron para su familia.

El coordinador de la campaña torreslandista, Jorge Videgaray Verdad, ha asegurado la posición uno de la lista, tal y como lo hiciera hace seis años el prematuramente desaparecido Arnulfo Vázquez Nieto con Miguel Ángel Chico: es una especie de pago político que garantiza un espacio incluso si se pierde la elección.

En otras condiciones, ser el coordinador de la campaña implicaría la perspectiva de ser el hombre fuerte del próximo régimen, una perspectiva que en el PRI guanajuatense de los últimos años ni siquiera se contempla.

El colmo de la desverguenza corresponde al dirigente interino priista, Javier Contreras, quien no ha logrado arreglar las disputas internas en ese partido tras la conformación de las planillas municipales, lo que ha impedido al candidato visitar varios municipios con tranquilidad, pero que si ha tenido tiempo para sumarse a las presiones y bucar un lugar en la congestionada lista. El mensaje es el mismo: obtener algo seguro antes de que todo se derrumbe.

Al no poder ejercer su derecho a elegir una formación de candidatos que contribuya a atraer votos a su campaña, es decir a tomar una decisión estratégica enfocada al objetivo de competir con seriedad y buscar el triunfo, Torres Landa deja la sensación de que incluso ni él mismo toma en serio su segundo intento de arrebatar el poder al PAN.

Contra lo que dice su propaganda, la campaña del priista no debe ser nada alegre en estos momentos. Más bien debe ser lo más parecido a un infierno.

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