Arnoldo Cuellar

Debate: enseñanzas y sorpresas

In Análisis Político, Zona Franca on mayo 9, 2012 at 4:56 am

El desarrollo del primer encuentro cara a cara entre los candidatos a la presidencia de la República deja varias enseñanzas, donde quizá la primera de ellas sea que, incluso en un formato rígido, quien tiene cosas para decir lo puede hacer.

El ejemplo claro es el meritorio candidato de un partido impresentable: Gabriel Quadri, abanderado del Panal de Elba Esther Gordillo, quien aprovechó la ventaja de actuar en despoblado y sin presiones para situar con claridad un discurso de propuestas sensatas,  bien articuladas y mejor expresadas, lo que le valió triplicar la intención de voto a su favor, que no es poco.

En otro sentido, también el ejemplo aplica a los restantes tres candidatos, quienes se dieron espacio, entre la presentación de propuestas apresuradas y contrarreplicas presionadas por el reloj, para lanzarse ataques que pretendían ser duros y que terminaron por no provocar mayores efectos.

Quizá la mayor lección dejada por el desbordamiento del debate por encima de los rígidos esquemas que diseñaron los operadores políticos de los mismos candidatos, fue que un embate mal diseñado termina por poner en evidencia al propio atacante, independientemente de la respuesta del atacado.

Pero eso es algo que también le sirve al espectador. En 2006, una de las grandes virtudes de Felipe Calderón, incluso desde la precampaña panista, fue su esgrima personal, su largo entrenamiento parlamentario y su rigurosa lógica de abogado, que le produjeron avances sustanciales en cada uno de los debates en los que participó.

Más allá de los argumentos, que mucho dicen en la forma que son presentados, la falta de fuerza de Josefina Vázquez Mota y el balbuceo con descontextualizadas referencias históricas de Andrés Manuel López Obrador, les abonaron muy poco para lograr su objetivo: poner en evidencia a un Enrique Peña Nieto que si bien trastabillaba, nunca estuvo en serio peligro.

El priista tampoco tuvo sus mejores momentos cuando quiso contestar los golpes, sin embargo, levantó la moral de sus seguidores al mostrar empaque y capacidad de respuesta, así haya sido con nutridas distracciones verbales y un precario discurso.

Empero, por encima de todo lo referido, la mejor noticia es que el debate captó la atención de un público masivo, incluso superando una semifinal futbolística, gracias en buena medida a los intercambios críticos entre los precandidatos. También, por esa causa, los argumentos de Quadri y su discurso de pretensiones antipolíticas, le dieron una exposición que no había logrado en cinco semanas de campaña.

Una democracia más moderna, medianamente madura y que tomara a los electores como adultos, no requeriría los desgastantes mítines de acarreados y el músculo de los partidos que terminamos pagando todos sin ningún beneficio. Campañas más cortas, con mejor exposición en los medios y más debates abiertos y sin cortapisas reglamentarias, producirían una mejor respuesta del electorado.

Claro que, en ese caso, los partidos políticos desaparecerían como negocio, algo que no veremos mientras ellos sean los dueños de las reglas del juego democrático y los únicos que pueden modificarlo a través de su hegemonía en las Cámaras.

 

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