Arnoldo Cuellar

¿Qué se le perdió a Oliva en Guanajuato?

In Análisis Político, Zona Franca on abril 9, 2012 at 4:14 am

Mientras a nivel nacional la campaña de Josefina Vázquez Mota enfrentó un complicado arranque que la colocó en varias ocasiones como tópico de escándalo en las redes sociales, esas nuevas protagonistas de la contienda electoral, en León reapareció este viernes de Semana Santa el ex gobernador Juan Manuel Oliva, en una compañía inusitada.

El secretario general adjunto de asuntos electorales del CEN panista, que es la flamante responsabilidad por la que dejó inconcluso el gobierno de Guanajuato, se reunió en privado con el ex priista Wintilo Vega Murillo, quien ya estuvo cercano de Oliva en la campaña del 2009, cuando promovía el registro del Partido Social Demócrata, algo que finalmente no se logró.

Fue la primera aparición en público de Oliva tras su solicitud de licencia al Congreso y después de asumir su nuevo encargo partidista.

Lo que llama la atención es que la encomienda por la que Gustavo Madero llama al mandatario a su equipo tiene que ver con la conformación de redes de activistas en otras partes del país, pues Guanajuato es un estado en el que el PAN domina ampliamente el tema electoral, precisamente gracias al trabajo de Oliva Ramírez en los últimos años.

En ese sentido, la reunión entre Oliva y Wintilo Vega podría tener como objetivo la realización de acuerdos de colaboración en otras entidades del país. Se sabe por ejemplo que el ex candidato a gobernador renunciante en el 2006 se ha movido con libertad por estados como Guerrero y Chiapas, apoyando a candidatos de diversos partidos.

En ese caso, o más prudente hubiese sido que ambos personajes se hubiesen encontrado en otro lugar y no precisamente en León, en donde Oliva enfrenta en estos momentos una nueva ola de cuestionamientos personales tras su salida del gobierno.

Pero existe también otra posibilidad, para nada descartable: la de que Oliva pretenda mantenerse como un personaje influyente en la política de Guanajuato, concretamente en su partido, lo que avala el hecho de que otro de los asistentes a la reunión del Viernes Santo lo fuera el dirigente estatal del PAN, Gerardo Trujillo Flores.

Esta hipótesis encuentra otro asidero en la situación del grupo wintilista en la entidad, actualmente confrontado con su candidato a gobernador, Juan Ignacio Torres Landa, tras la eliminación del alcalde de Pueblo Nuevo, Leonardo Solórzano, de la contienda interna por dicha candidatura.

La circunstancia hablaría, primero, de una complicación para que Oliva asuma a cabalidad la circunstancia de su nuevo encargo, que debería tenerlo más ocupado en muchos otros estados del país antes que en la entidad que gobernó y donde ya hay quien se haga responsable de garantizar resultados ante la candidata Vázquez Mota y la dirigencia nacional del partido.

Desde luego, parecería que es más fácil pisar terreno conocido y recurrir a los expedientes que ya se han trabajado, antes que emprender el reconocimiento de otros espacios que no son afines. La reunión entre Oliva y Wintilo, en ese sentido, se parece más a una fuga que a un proyecto serio.

Una vez dado el paso de abandonar la gubernatura, Oliva debe saber que no contará con los mismos respaldos que le ayudaron a establecer un esquema de activismo electoral en estados como Puebla y Oaxaca, en el 2010. Ahora tendrá que luchar con el canibalismo interno de toda campaña presidencial, con la pelea por recursos escasos y con el ofrecimiento de resultados tangibles.

Más simple, más eficaz, hubiese sido limitarse a entregar buenas cuentas en Guanajuato, a respaldar con trabajo y oficio político la campaña de Miguel Márquez y cerrar los expedientes abiertos de su administración.

Incluso ante una eventual derrota de la candidata presidencial panista, el lograr un triunfo en Guanajuato hubiese dejado a Oliva en posibilidades de  convertirse en uno de los actores de la recomposición que necesariamente deberá sufrir el PAN, tras la frívola y cuestionada gestión de Gustavo Madero al frente de ese partido.

Oliva decidió no hacerlo así, se lanzó a un caldero en ebullición en el que será corresponsable de lo que ocurra, para bien o para mal, mostrando lo que para algunos es congruencia y valentía, mientras que para otros es ingenuidad y falta de cálculo.

Pero, a lo hecho, pecho: más le vale ponerse a trabajar en serio en la reorganización de la campaña josefinista, aportando aquello que sabe, y dejarse de jugueteos, como esa extraña e inoportuna reunión en la que fue sorprendido a la hora de las Tres Caídas.

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