Arnoldo Cuellar

Bárbara, Juani, Peña: atrapados sin salida

In Análisis Político, Zona Franca on febrero 15, 2012 at 2:23 am

Las evidencias de que el PRI de Enrique Peña Nieto se está moviendo sin estrategia en Guanajuato asoman por todos lados. Es el caso de la candidatura por la presidencia municipal de León, la más importante del Estado y donde se maneja el 25 por ciento del padrón electoral de la entidad.

En diversas encuestas, incluso algunas de partidos opositores, el cuadro político mejor posicionado del PRI para dar la batalla por la alcaldía de León es la excandidata a ese cargo en el 2009, María Bárbara Botello Santibáñez.

La también secretaría adjunta del CEN priista ha conservado el capital político que ganó hace tres años y se ha mantenido vigente en el escenario leonés contra viento y marea.

Sin embargo, su propio activismo la ha conducido por veredas extraviadas que nadie se ha preocupado en corregir ni en la dirigencia estatal, ni en la nacional de su partido, lo que está a punto de producir un fenomenal desperdicio de las potencialidades políticas que podría representar la señora Botello.

En su intento de alcanzar la cabeza de la primera fórmula senatorial por Guanajuato, la ex candidata incluso manejó la idea de que podría buscar la gubernatura de Guanajuato.

El resultado de los movimientos de Bárbara Botello y de la ausencia de planeación del PRI, fue su postulación en la segunda fórmula del Senado, dejando la primera posición a Miguel Ángel Chico Herrera, el precandidato a la gubernatura más favorecido en los diversos sondeos de reconocimiento de nombre.

Esa posición otorgada a la política leonesa se ha convertido en una verdadera trampa mortal, tanto para la continuidad de su carrera como para las posibilidades del PRI de recuperar espacios clave en la próxima elección.

Encerrada en la segunda fórmula senatorial, Botello le aporta muy poco a las expectativas priistas de incrementar su caudal de votos, ante la posición marginal que ocupa la contienda por la Cámara Alta frente a la presidencial, la de gobernador y las de alcaldes.

Además, en la eventualidad de una derrota del PRI, algo más que probable, el segundo candidato al Senado del partido ocupante del segundo lugar quedaría volando.

El haber anticipado la decisión del Senado, uniformándola con las otras entidades de la República, dejó al PRI de Guanajuato atrapado en un dilema mortal: si ahora la dirigencia nacional aceptara la declinación de Bárbara Botello a la segunda fórmula estaría mandando la clara señal de que se espera una derrota, cuando la contienda aún ni siquiera comienza, lo que dejaría tocado al aspirante a la gubernatura.

Con ello se ha vuelto prácticamente imposible que se opte por la decisión que ordena la lógica y una mínima voluntad de poder: postular en León a la aspirante que mejor posicionamiento tiene y darle al PRI la oportunidad de competir en serio por la presidencia municipal de la mayor ciudad del estado.

Atrapado en esos acartonamientos, el candidato presidencial priista, Enrique Peña Nieto, sigue mostrando en primer lugar que no entiende ni le importa lo que pase en Guanajuato, al igual que sus antecesores a lo largo de las últimas dos décadas; en segundo lugar, que los reflejos políticos que podrían permitir reacciones ante situaciones nuevas o inesperadas, no son lo suyo.

El maltrecho plan de Juan Ignacio Torres Landa, el virtual candidato a gobernador, de hilvanar prospectos de alcaldes con su propio proyecto, arranca sin ninguna fuerza al no haber aceptado los personajes que originalmente quería. Sin embargo, al no contar tampoco con los mejor posicionados de su partido para relevarlos, el famoso tres más uno se encuentra agónico aun antes de nacer.

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