Arnoldo Cuellar

En el PAN explotan los desacuerdos

In Análisis Político on noviembre 28, 2011 at 3:55 am

Tras veinte años de gobernar Guanajuato de manera hegemónica y, en ocasiones, como partido casi único, el PAN parece agobiado por una suerte de fatiga de los materiales que le está impidiendo procesar incluso los desacuerdos más nimios.

Quizá el único antecedente del conflicto que se vive hoy es el de la ruptura eliseísta, producida en el año 2000, cuando Juan Manuel Oliva logró entronizar como candidato a un externo, Juan Carlos Romero Hicks, por encima del que seguramente ha sido el mejor alcalde de León hasta la fecha, Eliseo Martínez Pérez. Con ese hecho, el hoy gobernador afianzó sobre el partido un control que dura hasta la fecha.

En aquella ocasión la crisis no trascendió por un importante factor: el PAN se aprestaba a ganar la presidencia de la República en un acontecimiento histórico que, por si fuera poco, tenía como protagonista al gobernador con licencia de Guanajuato, Vicente Fox Quezada, quien también apoyaba la candidatura de Romero Hicks.

La situación se resolvió con una serie de expulsiones, incluyendo la del propio Martínez Pérez, con el ostracismo de sus principales lugartenientes, quienes poco a poco y con gran disciplina lograron reacomodarse en el estamento gobernante.

Las cosas hoy se ven diferentes. En primer lugar porque las confrontaciones ocurren al interior del propio grupo olivista y afectan a todos sus integrantes, hayan o no tomado partido; en segundo término, por el contexto nacional, donde el PAN se apresta a vivir una contienda difícil que se amenaza no sólo con lanzarlo del poder a nivel federal, sino que incluye el riesgo de desbarrancarlo hasta el tercer lugar.

Sin embargo, las complicaciones del momento parece estar no siendo vistas, mucho menos previstas, por los principales dirigentes del PAN en Guanajuato, quienes se muestran confiados de que la debacle podrá ocurrir en muchas partes, menos aquí, en el pequeño patio que dominan.

Así, vemos comportarse al gobernador Juan Manuel Oliva como sino pasara nada: dedica los fines de semana al proselitismo preelectoral a favor de Ernesto Cordero con los viejos métodos de cooptación y acarreo.

De esa manera logró reunir la cuota de firmas que se propuso al tiempo que unció al corderismo a liderazgos como el de Miguel Márquez o el de Miguel Salim, que fueron sin mucha emoción y agobiados por sus propias cuitas.

Por ejemplo, el director del ISSEG pudo ver como una de las principales operadoras de Cordero en el estado y a nivel nacional, alguien que es conocida por su enjundia y determinación en las luchas partidistas, prueba de lo cual es su sobrevivencia tras la purga del eliseísmo, la diputada local Elia Hernández, acudió a darle respaldo público a su contrincante Mayra Enríquez Vanderkam.

Aunque esas son circunstancias casi normales en el PAN, las que si ya no lo son tanto, son las abiertas confrontaciones entre los precandidatos, el gobernador y la dirigencia estatal panista para ponerse de acuerdo en algo tan sencillo como la convocatoria para la elección del candidato a gobernador.

Hace seis años, los panistas pudieron procesar sus tiempos antes de que se convirtieran en un motivo de disputa. A estas alturas, fines de noviembre, Juan Manuel Oliva ya era candidato formal y se evitó la intromisión de los tiempos nacionales, dejando además todo el margen para manejar las elecciones de candidatos a las cámaras locales y federales.

Hoy, a la posición de José Ángel Córdova de retrasar lo más posible la elección de candidato a gobernador, se suman las indefiniciones entre Oliva y el presidente del comité estatal, Gerardo Trujillo; y la intención de favorecer al ex secretario de Salud que se advierte en el CEN y en Los Pinos.

La tensión que se vive en el panismo nacional, con tres precandidatos que no muestran ninguna disposición a ceder, con la abierta intromisión de Felipe Calderón, con los errores de procedimiento de Gustavo Madero, parece haber trasminado al panismo de Guanajuato que se veía a sí mismo con un apreciable grado de autonomía y con el orgullo de haber sido punta de lanza de dos victorias presidenciales.

El ánimo que se vive hoy es distinto, sobre todo porque parece entronizarse la confusión producida por las indecisiones de las cúpulas nacional y local. La confusión se reproduce en las disputas que se perfilan en los municipios y distritos. No parece, de ninguna manera, el mejor caldo de cultivo para salir a pelear una batalla que, por muchos factores, será decisiva para el rumbo del país.

Si concedemos que el PAN de Guanajuato se ha visto beneficiado en las dos últimas elecciones por una ola favorable, más allá de sus méritos, no será remoto que hoy, que la suerte los pone ante circunstancias adversas en lo externo, ubiquen, de la peor manera, cuál es su verdadera realidad.

Botepronto

El PRI de Guanajuato se ha situado en una verdadera circunstancia de guerra civil. Este viernes, mientras el senador Francisco Arroyo Vieyra rendía su informe de labores y hacía un nuevo relanzamiento de su precampaña por la candidatura a gobernador, sus oponentes dentro de ese partido realizaron un acto masivo en Irapuato.

Con el pretexto de respaldar las aspiraciones de la diputada Claudia Brígida Navarrete a la alcaldía de Irapuato, el dirigente nacional de la CNC, Gerardo Sánchez García, respaldó lo que en la práctica fue un efectivo contrapunto al evento arroyista. Allí pudo verse al precandidato estatal que respalda este grupo, el diputado local Miguel Ángel Chico Herrera.

La disputa política ha trascendido ya a rivalidad personal y alcanza niveles de descalificación. Difícilmente se puede esperar que un PRI en esas condiciones pueda aspirar con seriedad a aprovechar las crecientes debilidades que muestra el gobernante PAN.

En esas condiciones, parecen muy poco viables los proyectos que apuesten a la discordia y al aniquilamiento del contrincante interno. Máxime después del mensaje de Enrique Peña Nieto en su registro, donde valoró como un compromiso el tomar en cuenta a todos los priistas.

Más cuidadosos, más expertos, dos aspirantes que hasta ahora no han echado todo su resto, el contenido Juan Ignacio Torres Landa y el recién reaparecido José de Jesús Padilla, han evadido cuidadosamente cualquier confrontación y se aparecen en ambos campamentos con la misma cordialidad.

De no recomponerse el clima de confrontación entre las dos facciones que hasta ahora han tenido más protagonismo en la escena local priista, que nadie se sorprenda si son los caballos negros los que emergen con las mayores posibilidades.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

www.zonafranca.mx

  1. Esta columna es una radiografía de lo que pasa en el pan
    Pero hay que resaltar la labor incandable de Mosqueda
    Para regresar a los principios y hay que reconocer
    Que el fondo de esta propuesta es precsisamente
    Por la descomposicion del pan

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