Arnoldo Cuellar

La mediación de Raquel Barajas acerca a Oliva y Torres Graciano

In Análisis Político on noviembre 16, 2011 at 3:45 am

Lo que no pudieron hacer numerosos actores políticos, incluyendo al candidato oficial a la gubernatura, Miguel Márquez Márquez, lo consiguió en una faena magistral la presidenta del Supremo Tribunal de Justicia, Raquel Barajas Monjarás: establecer un puente de negociación entre el gobernador Juan Manuel Oliva y el ex presidente del PAN, Fernando Torres Graciano.

Y, a estas alturas, ya no puede haber muchos que puedan calificar a la titular del Poder Judicial de Guanajuato de ser poco política, o de ser una funcionaria solamente técnica, su despliegue para manejar su propia sucesión ha sido impresionante. Probablemente sea la primera vez en mucho tiempo que surja un nuevo titular de este Poder sin graves confrontaciones internas.

La decisión orientada  por la actual presidenta del STJ recae, sin mayores secretos, en el magistrado de la Tercera Sala Penal, Alfonso Fragoso Gutiérrez, ex catedrático de la Universidad Iberoamericana de León y mentor de conspicuos políticos panistas como Fernando Torres Graciano, Arturo Navarro o Vicente Esqueda.

Es allí donde se han visto las habilidades de Barajas Monjarás, pues lo que podría haber sido un expediente relativamente tranquilo hasta mediados de este año, se complicó de manera inextricable a partir del relevo en la dirigencia estatal del PAN y la abierta confrontación política en que derivó, entre Oliva y Torres Graciano.

Esa guerra fratricida se reflejó en acciones como la designación de Alejandra Reynoso, la diputada federal sacrificada en la sucesión panista, como relevo en la Secretaría de Desarrollo Social,  a la salida de Miguel Márquez para ir a buscar la candidatura del PAN a la gubernatura.

Más impactante, por inesperada, fue la decisión del CEN panista, cabildeada por el gobernador con gran éxito, para que las dos candidaturas al Senado por Guanajuato se reservaran para ser decididas en la vía de la designación, lo que significó un grave descalabro para las aspiraciones de Torres Graciano.

Con esos antecedentes, cualquiera hubiera pensado que sería una tarea de romanos la que se impuso Raquel Barajas para hacer avanzar a Fragoso como el próximo presidente del Supremo Tribunal de Justicia, pues su vinculación histórica y política con Torres Graciano y su grupo podría producir en automático un veto fulminante de Oliva.

No ha sido así. Conforme han pasado las semanas, la magistrada hilvanó, primero, el apoyo de una amplia mayoría de sus iguales, cuyos votos son necesarios para elegir al presidente el próximo mes de enero. Esa parte se realizó con tanto éxito que incluso otros aspirantes al cargo, como Daniel Chowell Arenas y Sebastián Barrera Acosta, depusieron ya sus proyectos al ver cerradas todas las oportunidades de competir.

Con el apoyo del Pleno, prácticamente unánime, la presidenta del Tribunal logró la anuencia del gobernador Oliva, quien tiene plena confianza en la magistrada Barajas, al grado incluso de haber insistido en convencerla de que se afiliara al PAN para contender por una posición de elección en su natal Dolores Hidalgo, lo que la funcionaria declinó.

A estas alturas, la vinculación entre Fragoso y Torres Graciano ha pasado a ser prácticamente irrelevante, pero más aún, ese gesto abre amplias posibilidades para que el ex presidente del PAN deponga sus resistencias y acepte en las próximas semanas una reunión con Juan Manuel Oliva, lo que sería, por lo menos, elegante.

De ser así, una de las más peligrosas fracturas en la historia reciente del PAN, que incluso amenazaba el procesos de la próxima sucesión gubernamental, podría quedar zanjada y entrar en plena cicatrización.

Y, de ser así, el mérito de ese reencuentro que le puede dar al sector oficialista del PAN un enorme respiro para enfrentar la contienda interna, en primer lugar; y la elección constitucional, después, será en buena medida de un personaje a quien nadie hasta ahora le concedía un peso específico en el terreno de la política – política: la abogada Raquel Barajas Monjarás.

Botepronto

Ahora que el triunfo electoral en Michoacán, aún en proceso, le ha traído una enorme bocanada de oxígeno al PRI, comenzarán a multiplicarse los precandidatos a diversos cargos de elección, sobre todo en Guanajuato, donde se sienten más los influjos de la recuperación en la entidad vecina.

Sin embargo, los más beneficiados serán aquellos que abrieron sus posibilidades desde antes de las buenas nuevas y que se mostraron dispuestos a arriesgar capital personal y político en la tarea de enfrentar la maquinaria panista en la entidad.

Es el caso del irapuatense Eduardo Nieto Castro, quien ha abierto sus cartas para ir por la candidatura a la alcaldía de ese municipio, tarea en la que ya ha sumado el apoyo de dos de los principales precandidatos a la gubernatura del estado por el tricolor.

Cuidando todos los terrenos y buscando sumar, el empresario ferretero ha sostenido largas charlas con el senador Francisco Arroyo Vieyra y con el ex candidato Juan Ignacio Torres Landa, quienes ven con simpatía su proyecto, cada uno desde su respectiva trinchera.

Pero, además, Nieto guarda otro as en la manga: la solida amistad que ha hecho en los últimos años con el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, de quien fuera anfitrión en la presentación de su libro en mayo pasado en León y que, contra lo que se diga, es uno de los principales asesores de Enrique Peña Nieto.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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