Arnoldo Cuellar

Seguridad: el difícil paso

In Botepronto on septiembre 10, 2018 at 3:18 am

¿Continuidad o cambio en procuración de justicia y seguridad? Las dudas deben de agobiar al próximo gobernador de Guanajuato quien deberá resolver este acertijo en poco más de dos semanas, sabiendo que su decisión tendrá consecuencias de funcionamiento, de credibilidad y también políticas.

La situación de la seguridad en Guanajuato es el mayor motivo de preocupación de los ciudadanos que fueron a votar el pasado primero de julio. Si bien su decisión no incluyó un tajante voto de castigo, la inquietud patente obligó a los candidatos en campaña del partido gobernante a ofrecer cambios radicales.

De ahí la famosa frase acuñada por el aspirante a la gubernatura Diego Sinhue Rodríguez Vallejo de llevar a cabo un “golpe de timón”. Naturalmente, el concepto nunca fue explicado ni desarrollado, se limitó a un eslogan que ni siquiera subió a la publicidad oficial del candidato.

Hoy, cuando quedan poco más de dos semanas para asumir el cargo, la decisión de cambiar a los responsables de las dos áreas centrales de la seguridad, la preventiva y la persecutoria de los delitos, permanece en suspenso, ocultando como una sombra el resto de las designaciones y dejándolas en un segundo plano.

Si va a haber cambios radicales, si serán parciales o si se decidirá el costoso mantenimiento de ambos responsables, todo ello sin duda es algo que sigue estando en evaluación por parte de Diego Sinhue Rodríguez, quizá ni siquiera en cuarto de guerra alguno, sino solo en su fuero interno.

Deben ser días angustiosos para el mandatario que asumirá el cargo el próximo 26 de septiembre. Mantener o no a Carlos Zamarripa, más que a Alvar Cabeza de Vaca, debe ser algo que está costando mucho trabajo decidir. No solo se trata del responsable de la investigación criminal y la inteligencia anticrimen de los últimos 9 años, también es el policía político más temible que ha tenido Guanajuato en su historia.

En el sector gubernamental, entre la clase política y la mayor parte del público “informado”, se habla en voz baja de los sofisticados aparatos que ha adquirido la PGJE para realizar espionaje telefónico y cibernético, el cual seguramente no se limita a enfocarse en los blancos de seguridad, sino que se extiende a la clase política, la panista y la de los otros partidos, además de los funcionarios federales. No hay duda de que todos los nuevos cuadros emergentes de Morena ya están en la lista de espionaje de Zamarripa.

La información salida desde las oficinas del procurador que ha servido para tomar decisiones políticas, muy probablemente le ha sido de utilidad ya a Sinhue, como lo fue en su momento para Miguel Márquez. En ese sentido, hay cuentas por pagar para el nuevo gobernador.

Además, el mapa de la infiltración criminal a Guanajuato también está monitoreado en esas oficinas. No parece que sirva de mucho, pero la información debe ser impresionante. Mientras que en el ámbito federal podemos estar a punto de un cambio radical de hombres y de métodos, ante la alternancia del PRI a Morena, en Guanajuato la tentación de la continuidad, de no arriesgarse a probar algo nuevo y de evitar las curvas del aprendizaje, debe ser muy alta.

En ese sentido, la enorme tardanza en dar a conocer las decisiones en materia de seguridad no puede deberse más que al cúmulo de dudas, a la falta de una decisión tomada y a la cuidadosa ponderación de pros y contras.

Sin embargo, en detrimento de la decisión de la continuidad opera la alta taza de funcionarios repetidos y reciclados que ya han sido anunciados por Diego Sinhue Rodríguez. La repetición de Zamarripa y Alvar le daría a su gobierno un fuerte tufo de continuismo, un olor ineludible a Maximato y sería un lastro profundo para el intento de implantar un régimen renovador que le de oxígeno al desgaste de casi tres décadas de gobiernos panistas.

Esos deben ser los temas que seguramente mantienen ocupada la mente y el ánimo de un político que había logrado hilvanar una carrera con un buen grado de frescura política, pese a su apego a la ortodoxia panista.

El problema más grave es que, sea cual sea la decisión, el escenario conflictivo que se vive no parece tener una solución expedita y menos sin la colaboración del gobierno federal, ese que si llega con su propio tanque de oxígeno, con una obligación de cambio y al que no será fácil culparlo de todo a la vez que se mantiene una política de cero colaboración y hasta de agresión mediante el espionaje político que es la marca de la casa.

Así que: ¿cambio o continuidad? ¿Malo conocido o curva de aprendizaje? No es fácil, nadie dijo que gobernar lo fuera.

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