Arnoldo Cuellar

Márquez: las crisis acumuladas

In Botepronto, Zona Franca on julio 16, 2018 at 3:50 am

Se resquebraja la imagen cuidadosamente cultivada por Miguel Márquez de ser refractario a la corrupción y las malas prácticas de gobierno: “ni transa ni flojo”; ocurre justo cuando se le abría un resquicio para hacer política nacional de la mano del criticado Ricardo Anaya.

En pocos días se le han juntado los temas a Miguel Márquez.

Las avenidas del río de la Laja  inundaron Honda, una de las naves insignia del éxito económico de los gobiernos panistas, y por ello se supo que estaba en terrenos susceptibles de sufrir esa situación, no obstante lo cual fueron adquiridos por el gobierno de Juan Manuel Oliva, donde el actual gobernador fue contralor.

Medios que le han sido afines le descubrieron al gobierno actual sospechosas maniobras  de triangulación de contratos multimillonarios para los programas de pants y de mochilas escolares que se regalan por cientos de miles a escolares de educación básica. No es altruismo, ni prevención: es negocio comisionable y reparto de dádivas con intención clientelar.

Ahora sale a relucir en una investigación publicada en forma colaborativa por varios medios de información locales y nacionales, el discrecional manejo publicitario que se realizó desde la oficina de prensa de Miguel Márquez que explica en buena medida el mantenimiento de una popularidad que visto todo lo que empieza a surgir, no era sino la fachada de un gobierno con las peores prácticas, como tantos otros en el país de distinto signo político.

Sin embargo, no es todo. Aún falta que se explore a fondo la relación de Miguel Márquez con la empresa Seguritech, el afortunado vendedor del primer mega contrato de su administración, Programa Escudo, que muy temprano se reveló como una adquisición inútil y onerosa, además de opaca.

Con esos cadáveres en el clóset, cuyas puertas se empiezan a abrir, parece absolutamente inviable  la idea de colocar a Miguel Márquez como una opción para transitar la crisis panista, pues podría resultar a la postre un remedio tan malo como la enfermedad.

Ya se ha publicado, por ejemplo, que Márquez intervino personalmente ante la familia Valdovino de Silao para otorgarles el privilegio de conectar el predio de un establo a la moderna y costosa infraestructura de Puerto Interior Guanajuato, beneficiándolos con una plusvalía impresionante, solo para que terminaran vendiéndole los terrenos a Manuel Barreiro, el empresario involucrado en una beneficiosa operación con Ricardo Anaya.

¿Sería sano para Anaya, que de por sí ha visto disminuir abruptamente su margen de maniobra, impulsar a Márquez como hombre de paja a la dirigencia de un PAN convulso y lastimado por el resultado electoral? Podría ser sencillamente suicida, aunque ese es el tipo de riesgos que a Anaya le gusta correr y que lo tienen donde está.

Más allá de lo que ocurra en el PAN, que por cierto importa no solo a los panistas, pues ese partido ha venido jugando un rol importante en los equilibrios políticos de la historia reciente, también es relevante el efecto que pueda tener en Guanajuato el descubrimiento de las prácticas profundas de corrupción en el gobierno de Márquez.

Saber más de esto le permitirá a Diego Sinhue romper la dependencia que hasta ahora ha mostrado y encaminarse a una renovación profunda del estilo de gobernar de su partido pero particularmente de los dos últimos gobernadores, ambos mentores del actual mandatario electo en su meteórica carrera.

Negarse a ver la realidad, anteponer una lealtad ciega y una disciplina acrítica a la historia y los dictados de los Olivas y los Márquez, podría lastrar profundamente el intento de Diego de dar un verdadero “golpe de timón”, cualquiera cosa que sea lo que entiende por ello.

En muchas ocasiones Diego Sinhue Rodríguez llegó a decir “yo no soy Márquez”. Eso es perfectamente atendible. Lo que falta saber es quién si es y a quién se parece.

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