Arnoldo Cuellar

La doble traición de Miguel Márquez

In Botepronto, Zona Franca on mayo 9, 2018 at 4:05 am

Las medidas unilaterales que ha tomado el gobierno de Márquez para asignar grandes contratos, adquisiciones y concesiones no parecen afectar su popularidad, pese a haberlo hecho con la mayor opacidad; abona a ello la ausencia de oposición y la cooptación de la prensa por los presupuestos públicos.

Revisemos cuales son los principales asuntos en los que Miguel Márquez se ha negado a transparentar contrataciones y términos de compromisos gubernamentales:

  • Proyecto Escudo: 2 mil 700 millones de pesos gastados en 5 años.
  • Compra de medicamentos del Seguro Popular: 2 mil millones cada año.
  • Adquisición de terrenos destinados a la Planta Toyota: mil millones de pesos.
  • Concesión de libramiento de Silao: 2 mil millones de pesos.

No es lo único, pero digamos que es lo más significativo.

Si a ello se le suman otras “bagatelas”, como la compra de mochilas para los programas de prevención; la de pants y chamarras para las secundarias y la de tabletas para varios grados escolares y maestros, el asunto se vuelve todo un modus operandi.

Es significativo, además, que la opacidad sea recurrente en un gobierno que eligió como uno de sus primeros gestos simbólicos el rebautizar a la dependencia que ejerce el control interno del gobierno como Secretaría de la Transparencia y Rendición de Cuentas.

En el gobierno de Márquez no ha habido ni lo uno ni lo otro.

Sin embargo, Miguel Márquez está lejos de ser visto como un sátrapa por sus gobernados. Su popularidad es amplia, su evaluación año tras año supera el seis de calificación, lo que es un auténtico milagro en un país con su clase política hundida en el abismo del desprestigio.

El de Purísima del Rincón es un político de corte popular y su carisma deviene de su sencillez, de su cercanía con una población que no lo ve ajeno, que lo siente uno de los suyos. Cuentan además hechos como su paso por el seminario o la extendida leyenda de que fue migrante.

Un gobernador que es un hombre sencillo, parece la imagen más extendida.

Al fortalecimiento de esa imagen contribuyen las realidades políticas de Guanajuato: Márquez carece de una oposición y la prensa crítica es la excepción y no la regla en el Guanajuato de hoy, gracias a una maquinaria de publicidad bien aceitada con abundantes recursos públicos manejados de forma absolutamente discrecional.

Sin embargo, como lo dicen casi todas las doctrinas morales, el individuo más dotado de virtudes y de condiciones es el que tiene más obligaciones.

Por eso, por la confianza que le han otorgado sus conciudadanos y que se mantiene parece doblemente traicionada cuando se examina el doble discurso de Miguel Márquez: compromisos con la transparencia y la legalidad que no se traducen en hechos.

Con sus contrataciones multimillonarias ocultas bajo el velo de una opacidad reforzada, con todos los pretextos legales para ocultar información, Márquez no ha permitido la constatación de que sus manejos son apegados a la ética y a las mejores prácticas de gobierno.

Le preocupa quedar a salvo con una legalidad endeble, formal, para tapar el ojo al macho, muy de acuerdo con la bíblica actitud de los fariseos que se fija solo en las apariencias.

Al concretar una administración opaca, la cual es el mejor caldo de cultivo para la corrupción; al ahondar las fórmulas que hundieron a Juan Manuel Oliva, pero hacerlo escudándose en su popularidad y su carisma personal, Márquez se sitúa como un político doblemente dañino, ya que no solo transgrede las reglas del buen ejercicio del poder, sino que lo hace traicionando una confianza que se le otorgó sin condiciones.

¿Podrá vivir en paz?  Si solo dependiera de él, probablemente sí. Y no sería el primero.

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