Arnoldo Cuellar

El tema es la seguridad

In Botepronto, Zona Franca on abril 2, 2018 at 3:14 am

Fue ineludible. La elevación de la violencia en Guanajuato a lo largo de estas 13 primeras semanas de 2018 se sitúo en el centro de las campañas por la gubernatura.

Y ¿cómo no? Si en el mismo fin de semana en que arranco el periodo legal de proselitismo y búsqueda del voto, fueron atacados tres policías estatales y dos de ellos murieron, mientras en el resto del estado decenas de personas eran abatidas o aparecían sus cadáveres sembrados en caminos vecinales.

Y eso que pasa en Guanajuato, por más que el discurso oficialista de Miguel Márquez y del PAN trate de minimizarlo al subsumirlo en una realidad nacional, no es normal ni podemos normalizarlo, para usar una figura retórica a la que recurrió hoy el propio Ricardo Anaya en su discurso en el estadio de los Toros del Celaya, ante miles de simpatizantes.

Sin embargo, ninguno de los precandidatos, ni siquiera el experto Felipe Camarena, quien ha sido juez, secretario de gobierno, procurador y secretario de seguridad, han tocado a profundidad el tema de cómo enfrentar el auge de la violencia en Guanajuato.

Para la oposición, el tema es útil para poner en evidencia el fracaso panista en el gobierno. Sn embargo, no van más allá, no se evidencia aún la actitud de verdadera opción política, convicción de gobierno. No son profundos porque saben que es difícil que lleguen a tener la oportunidad de probar sus teorías en el ejercicio del poder.

Sin embargo, lo más lamentable es que el PAN, el partido que se aproxima a las tres décadas en el gobierno y al que hoy las encuestas y las percepciones le otorgan la más amplia de las posibilidades para refrendar el mandato ciudadano, tampoco parece tener una idea clara de qué es lo que debe de hacer.

La respuesta de Diego Sinhue Rodríguez Vallejo, más allá de la retórica, será la de convocar a una serie de foros sobre la seguridad que serán piloteados por Carlos Medina Plascencia y Fernando Torres Graciano, dos de los aspirantes a la candidatura que finalmente fueron rebasados por el activismo del gobernador Márquez al interior del PAN.

La solución parece de primaria. Al encargar la más complicada de las asignaturas de un futuro gobierno a dos políticos en los que no confía y con quienes ha mantenido agravios históricos Rodríguez Vallejo está ganando tiempo, probablemente porque tampoco tiene una idea muy clara de qué debe de hacer y porque en este momento el tema lo puede llevar a confrontaciones con Miguel Márquez sin cuyo respaldo decidido no podría llenar estadios, como ocurrió en Celaya este domingo.

Si los foros, como es previsible, no aportan soluciones o si las que aportan no funcionan en el corto plazo, nada será más fácil que responsabilizar a los organizadores y responsables del eje temático de la seguridad. Si mañana Diego tiene que cambiar de fusibles en esa área, en nada le afectará dejar fuera a Medina y a Torres Graciano.

La situación es tan delicada que ameritaría respuestas extraordinarias, como por ejemplo reuniones de todos los candidatos a la gubernatura para mandar el mensaje de que están unidos contra la inseguridad que pone en riesgo no sola la vida de los ciudadanos, sino también el libre ejercicio de sus derechos políticos, y que también amenaza a los integrantes de la clase política.

Si el de la seguridad se convierte simplemente en un tema del cual se pretenden derivar ganancias electorales, o usarlo para intrigas y conspiraciones, los políticos que hoy buscan nuestra confianza nos enviarán el mensaje de que no tienen la menor idea de aquello a lo que se enfrentan ni ganas de darse cuenta, sino que simplemente buscan el poder por lo que tiene de beneficioso para sus restringidos intereses personales.

El tiempo está corriendo y lo menos que puede exigirse es que aquellos que buscan representar a la sociedad muestren que están atentos y preocupados por lo mismo que tiene en ascuas a los ciudadanos de a pie.

Eso es algo que no se resuelve si los candidatos inundan el estado de carteleras con frases vacías o exhiben mítines repletos de acarreados listos para el aplauso a las frases más manidas del discurso político.

¿Es muy complicado de entender?

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