Arnoldo Cuellar

PAN Guanajuato: tierra quemada

In Botepronto on febrero 23, 2018 at 4:01 am

Nunca el PAN había entrado a campaña con un presidente renunciante, un comité en fuga y un gobernador dedicado a sofocar la vida interna del partido

No se había visto en más de tres décadas de panismo competitivo electoralmente en Guanajuato algo como lo que se vive hoy día, sin que haya ni siquiera una posición crítica desde los liderazgos panistas que subsisten: una dirigencia estatal acéfala y en fuga; una intervención dominante desde la gubernatura y una ausencia absoluta de democracia en la elección de candidatos.

Quién lo dijera. Un veterano militante nacido y crecido en el PAN, que se definía como demócrata convencido en su desempeño previo y que siempre se manejó como un hombre de principios y de buena fe, ha sofocado la vida democrática del PAN en Guanajuato. Ni el vilipendiado Oliva fue tan cruento.

Miguel Márquez no solo ha logrado imponer un candidato a rajatabla, utilizando la corrompida fórmula de presionar desde las nóminas gubernamentales y mandando a la calle a quienes se oponían, sino que también intervino el partido y lo descabezó de un manotazo.

Como en el PRI de Juan José Torres Landa, Luis Ducoing o Rafael Corrales Ayala, hoy las decisiones en el PAN se toman en el palacio de gobierno.

La correa de transmisión y al mismo tiempo mano ejecutora de las decisiones de Miguel Márquez en el seno del PAN es  la implacable Coordinadora de “políticas públicas”, Juana de la Cruz Martínez Andrade, quien prácticamente ha pernoctado en los salones  donde se estuvieron decidiendo las candidaturas de alcaldes y diputados federales y locales en listas que aún se siguen ajustando.

La situación obligó a la renuncia de Humberto Andrade Quezada, un dirigente que se vulneró a sí mismo por su indecisión y su tibieza, pero que en el último minuto aceptó una diputación local de mayoría para no hacer un escándalo con una defección que le hubiera pegado directo a Ricardo Anaya.

La prelación ha dejado al frente del PAN a un desvalido político juvenil, Alfonso Ruiz Chico, a quien no se le aprecia el instrumental para afrontar las agitaciones que dejaron en los municipios las decisiones unilaterales de la autoritaria Martínez Andrade.

En San Luis de la Paz, por ejemplo, la intención de proteger el desarrollo inmobiliario de Pozos nombrando a la diputada Sagrario Villegas, cuñada de Armando Rangel el aspirante que fracasó en 2015, ya provocó una revuelta que ha unido a todo el panismo local en contra de la candidata.

En Valle de Santiago, la decisión de Márquez de imponer a su amigo el ex seminarista Alejandro Alanís Chávez, impuesta con mano de hierro por Juana de la Cruz Martínez, rompió un compromiso adquirido por Diego Sinhue Rodríguez con Manuel Granados que incluso afecta el financiamiento de la campaña.

En Apaseo el Alto los perredistas locales no quieren al alcalde panista que intenta repetir, Miguel Ángel Sánchez, y amenazan con bajarse de la coalición por Guanajuato al Frente. En Cortazar son los panistas José María Anaya y Jesús Oviedo los que nomás no tragan al perredista Hugo Estefanía y ya conspiran para apoyar a un candidato de otro partido.

Los conflictos continuarán presentándose y complicándose en las próximas semanas, pero todo ello con un partido debilitado y casi vacío, lo que obligará a entrar al quite a la propia Juana de la Cruz Martínez Andrade con el estilo que la ha hecho legendaria, de apretar hasta sofocar.

¿Será esa la solución? Como están las cosas puede convertirse en el intento de apagar el incendio con gasolina, método nada raro en tierras huachicoleras.

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