Arnoldo Cuellar

El gran dictador

In Botepronto, Zona Franca on enero 10, 2018 at 3:32 am

Márquez parece haber logrado el sueño yunquista de un gobierno orgánico, con una uniformidad casi franquista: aquí no se mueve una hoja si no lo quiere el hombre de palacio y quiere que así siga aunque termine el sexenio.

Parece una paradoja que podría ser hasta simpática, si no fuera enormemente preocupante. Uno de los gobernadores con menor oficio político que han tenido el cargo en Guanajuato, el purimense Miguel Márquez, ha logrado instaurar un régimen verdaderamente autocrático, haciendo realidad el sueño del Yunque de una organicidad total en el gobierno y en buena parte de la sociedad.

Con desparpajo, sin ofrecer nunca un flanco autoritario, verdaderamente al estilo “mátalas callando”, como bien define el analista Miguel Zacarías, Márquez ha logrado uniformar al gobierno en torno a sus obsesiones y a sus intenciones de blindar su retiro del poder.

Uno tras otro han ido cayendo los cargos que le sobrevivirán en manos de funcionarios cómplices, bien por ineptitud, bien por compromiso. Hoy Miguel Márquez ya sabe que en la Subprocuraduría Anticorrupción, en la Procuraduría de los Derechos Humanos y en en el Supremo Tribunal de Justicia, tiene alfiles que le cuidarán las espaldas.

La gran artífice de esta arquitectura con la que ni siquiera soñó ningún exgobernador de Guanajuato, es la operadora política estrella de Juan Manuel Oliva, ya alejada totalmente de esa influencia y adscrita al marquismo con total disciplina, Juana de la Cruz Martínez Andrade.

Prácticamente con manu militari, como aquí hemos reseñado en diversas ocasiones, Martínez Andrade ha venido blindando el post sexenio de Márquez, estableciendo complicidades con otros actores políticos, a quienes les han sido ampliamente recompensados sus servicios.

Así ocurrió con el ex ombudsman Gustavo Rodríguez Junquera, hoy premiado con la Secretaría de Gobierno; el Procurador de Justicia Carlos Zamarripa, quien espera cobrar los favores recibidos con la Fiscalía General; la coordinadora jurídica del Ejecutivo, Raquel Barajas Monjaraz, rescatada después de una derrota electoral en 2015. El instrumentador de muchas de estas maniobras ha sido el líder de la fracción panista en el Congreso, Éctor Jaime Ramírez Barba, quién está a la espera de su recompensa, después de que se perdió la opción de ser gobernador interino al no darse la licencia de Miguel Márquez.

La cereza del pastel en esta operación será la designación de Diego Rodríguez Vallejo como candidato del PAN a la gubernatura, después de ser el único aspirante registrado, tras de que Márquez cerrara con Anaya un pacto para ofrecerle una votación que nunca ha dado Guanajuato a un solo aspirante presidencial, un millón y medio de sufragios, a cambio del respaldo a su delfín.

Ya arrasado cualquier intento de oposición interna en el PAN, no mucha por cierto dada la tibieza o la complicidad del resto de los precandidatos, Márquez pretende uniformar a Guanajuato de panismo, justo en el momento de mayor desprestigio de la clase política.

El mandatario saliente se dispone a tomar por asalto a la oposición: ya tiene en la bolsa, gracias a Ricardo Anaya, al PRD y a MC. El PRI, hoy por hoy, está mediatizado y casi desaparecido por la ineptitud de su dirigencia, también cooptada con favores desde el gobierno estatal. Quedan el Verde y Morena que también sufren embates legales e intentos de compra de sus directivos.

Sin embargo, lo principal no debe dejarse de lado. El dominio casi soviético que Miguel Márquez ejerce sobre la política de Guanajuato no ha servido para resolver problemas, sino que los ha complicado e incrementado. La incompetencia prevalece en muchas áreas del gobierno y no solo en las áreas de seguridad, allí está las áreas de salud y educación, incluso la recién creada secretaría de innovación, que no salen de la mediocridad y mantienen los indicadores de Guanajuato hundidos.

La impunidad y la falta de control interno también cobran facturas  y hoy tenemos a un gobierno que contrata empresas fantasmas vendedoras de facturas para justificar los excesos del gasto en propaganda oficial, sin que las áreas de control inicien siquiera una investigación.

Y cuál es la respuesta del gobernador a este desastre. Quizá la que ofreció ayer: el consejo a los padres de familia que no escatimen las nalgadas a sus hijos para que se conviertan en hombres de bien.

Si eso fuera cierto, podríamos pensar que buena parte del panismo gobernante que padecemos, seguramente, contó con padres consentidores que les ahorraron los jalones de orejas a tiempo, al igual que ahora lo hace su jefe, el titular del ejecutivo, a quien le gusta ser candil de la calle, pero mantiene la casa a oscuras.

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