Arnoldo Cuellar

El retroceso democrático de Guanajuato

In Botepronto, Zona Franca on octubre 23, 2017 at 3:37 am

El estado se encuentra lejos de aquellos momentos en que sus políticos se convirtieron en detonadores de cambios a nivel nacional; ni el PAN ni la oposición muestran energía para romper la decadencia que los afecta.

Guanajuato fue una de las vanguardias de la revolución democrática a fines del siglo pasado.

Un grupo de empresarios neo panistas, donde destacaban Carlos Medina Plascencia y Vicente Fox Quesada entre otros muchos, sumados al sustrato ideológico e histórico del PAN, enfrentó y resquebrajó al monopolio político de un PRI que seguía creyéndose invencible pese a su notorio anquilosamiento.

La lucha no fue fácil, implicó recursos, organización, tiempo y compromiso. Pasó por una derrota electoral, por movilizaciones masivas como no se habían visto antes ni se han vuelto a ver y por la negociación cupular con la presidencia de la República.

A la batalla no le fueron ajenas las vicisitudes de todo movimiento social triunfante: Carlos Medina aceptó el interinato a contrapelo de la opinión de Vicente Fox, que se fue a una especie de exilio interior del que no regresaría hasta la terminación del sexenio salinista, solo para ganar la gubernatura y preparar una campaña presidencial incendiaria que fue exitosa en lo electoral, pero condujo a un gobierno sin ideas ni objetivos.

De cualquier manera, había una energía social y política en Guanajuato que se vertió sobre el país y que le da a la entidad hasta la fecha una fama pionera.

A casi 30 años de aquella gesta, iniciada en 1988 con los triunfos de los candidatos a diputados panistas por León, entre ellos Fox, hoy Guanajuato está muy distante de la efervescencia que trajo consigo la alternancia.

Mientras otras partes del país muestran los primeros avisos de cambios en el tejido político, bien con candidatos independientes o con opciones que hasta ahora no han sido gobierno, como ocurre en Jalisco con Pedro Kumamoto y Enrique Alfaro; o la auto organización de la  sociedad civil, como en la ciudad de México, en Guanajuato se vive un letargo.

La oposición se ha derrumbado a niveles de ignominia y brillan por su ausencia la imaginación política y la altura de miras. En el PAN gobernante la democracia se ahoga por el dedazo y el regreso a un formula semimonárquica, que hace parecer moderno al tapadismo priista: la del favorito elevado a la calidad de heredero.

Como nunca, el mayor tema al interior de los partidos políticos es el de la “construcción de estructura”, que básicamente quiere decir: uso de recursos públicos para asegurar clientelas electorales.

Por supuesto, en tal renglón lleva mano quien dispone del mayor presupuesto y ese es el gobierno del estado junto con los 26 municipios panistas, potenciados además con un endeudamiento de más de dos mil millones de pesos para duplicar el monto no de las ayudas sociales sino de los programas clientelares.

Apostarle solo a ese “trabajo político” es encerrarse en la mediocridad y en círculos viciosos de una credibilidad cada vez más mermada, así como en el pago de lealtades a burocracias políticas cuya mayor apuesta es el aprovechamiento personal, familiar y grupal de los cargos y los presupuestos públicos, sin objetivos sociales.

Y para quienes se preguntan qué ocurre en Guanajuato, por qué se elevan los niveles de inseguridad, de violencia, de deterioro sanitario, de marginación, de desarrollo caótico y sin planeación, allí pueden estar algunas de las respuestas: la crisis no es de recursos, sino de liderazgo.

Sin la energía social que llevó al PAN a desplazar al PRI y a construir una nueva hegemonía política, sin la imaginación para renovarse, sin la determinación para corregir desviaciones y vicios, con la complicidad como la mayor argamasa política, la burocracia que gobierna Guanajuato y que amenaza con seguirlo haciendo los próximos seis años, solo verá como aumenta el deterioro de la población y se desgasta su ya mermada credibilidad.

Sin oposición medianamente competitiva, seria y creíble, el PAN no tiene como depurar sus malas prácticas, seguirá empeorando en su deterioro autista y disminuyendo el nivel de calidad de sus gobiernos.

Para los que creen que se puede llegar a tocar fondo, temo decepcionarlos. Sin una energía social renovada, sin una interrupción del círculo vicioso de autocomplacencia, autoritarismo y apropiación de la riqueza pública, las cosas pueden continuar empeorando por mucho tiempo.

Quizá la mayor responsabilidad en esa ausencia de energía para el debate y la disidencia pública le corresponda a los partidos políticos que reciben recurso público para hacer esa tarea.

El PRI, con sus constantes divisiones y la izquierda perredista con su falta de identidad que hoy llega al colmo de buscar una alianza con ese panismo que aunque hegemónico no por ello es menos decadente han cancelado las posibilidades de la alternancia hasta hoy.

No en balde resulta atípico que la oposición más articulada y exitosa la constituya en Guanajuato el PVEM, un partido que en el resto del país es prácticamente un epígono del PRI, incluso en Chiapas donde gobierna.

Veremos si esto cambia, así sea mínimamente, en los próximos meses, o si sigue en picada la calidad de nuestra vida democrática.

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