Arnoldo Cuellar

Desinformar, desgobernar

In Botepronto, Zona Franca on octubre 9, 2017 at 4:04 am

El cuidado de la imagen, no por los resultados sino ocultando la realidad y maquillando cifras, se convirtió en la herramienta preferida de los políticos; pronto veremos si los ciudadanos los avalan.

Una traición fundamental de los gobiernos que padecemos en Guanajuato, desde la gubernatura hasta la menor de las alcaldías, es la negativa de los máximos responsables de las instituciones a actuar con la verdad de cara a los ciudadanos.

El gobernador Miguel Márquez que ansía prolongar su periodo mediante un heredero y la designación de funcionarios extra sexenales, además de buscar continuidad en la política nacional, parece creer que el ocultamiento de los problemas a sus gobernados es la mejor manera de cerrar un gobierno caracterizado por el doble discurso.

Los alcaldes de la mayor parte de los municipios, de varios partidos políticos, creen que el secreto de su posible reelección está en verse lo menos mal posible, lo que implica negar las realidades preocupantes de sus municipios.

Así, con evasivas, simulación y cobardía política, estos actores de nuestra desastrada vida pública parecen ofrecer muy poco frente a los retos que asoman en el horizonte. Y pese a ello, ya se les puede ver sacando el pecho y dando un paso al frente para convencer a sus partidos que son la mejor opción y luego salir a pedir el voto de sus conciudadanos, esos a los que tan mal les han quedado en los dos años anteriores, en caso de los alcaldes.

Muchos de los que hoy vemos abalanzándose al INE para postularse como aspirantes a la reelección, no llegarán muy lejos, limitados por sus partidos ante su mala imagen o detenidos por las leyes de paridad de género.

Ello no quita que sus administraciones, a lo largo de estos años, hayan sido altamente improductivas entre otras cosas porque tenían la mirada puesta en la posibilidad de mantenerse en el presupuesto y no en la de servir con eficiencia.

En el caso de Miguel Márquez el tema es más preocupante. Si bien el no compite electoralmente en forma personal, lo hace a trasmano, impulsando un precandidato a la gubernatura, siendo el factótum detrás de los principales alcaldes en busca de la reelección y al estar convertido en el garante de la continuidad del PAN en el estado.

Por eso sus decisiones están profundamente permeadas por el objetivo electoral, incluyendo las que buscan preservar su imagen y mantener su calificación en nivel aceptable.

Con esos parámetros se toman decisiones en temas tan relevantes como las medidas para atender la crisis por casos de dengue en el estado, donde lo preocupante no está en los mil 636 casos confirmados, sino en los 8 mil probables, que son simplemente enfermos a los que no se les ha realizado la prueba de diagnóstico molecular.

Instigado por argumentos políticos frente a los que las razones científicas ya no operan, Daniel Díaz el secretario de Salud emergente que vio como su estrella ascendía desde dirigir un modesto hospital en Silao a hacerse cargo de toda la política de salud en la entidad, no se anima a contradecir a sus valedores políticos y pone la cara para simular, ocultar y mentir flagrantemente en el tema.

En el área de seguridad ya ni se diga. Ahí el gobernador es quien ha comprado las peregrinas teorías de sus funcionarios responsables del área, Carlos Zamarripa y Álvar Cabeza de Vaca, para salir con un discurso de minimización que ya no tiene ningún efecto, salvo el de ponerlo a él mismo en evidencia.

No se dan cuenta de que hoy a los políticos se les cree poco o casi nada, por lo que agravan su circunstancia incurriendo ya no en “versiones alternativas” de la realidad, sino francamente en explicaciones insensatas.

¿Aguantará aún el discurso de estos gobernantes para librar las complicaciones electorales que se avizoran? Ellos parecen muy confiados, no habría otra explicación para su desprecio hacia la opinión de los ciudadanos. Pronto sabremos a qué atenernos.

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