Arnoldo Cuellar

Márquez: del mundo feliz al diluvio

In Botepronto, Zona Franca on marzo 3, 2017 at 3:42 am

Márquez no ve amenazas en el exterior ni fallas en su gobierno; los logros se sobreponen a los problemas sociales y el auge de la inseguridad.

Nada hay más parecido al Miguel Márquez de marzo de 2017 que el Juan Manuel Oliva de marzo de 2011.

Un gobernador triunfalista, dueño del escenario, pero no de la realidad; enamorado de su propia imagen y utilizando su nombre como slogan: “Márquez Cumple”, se dice hoy; “Oliva da resultados”, se decía ayer.

Al igual que su entonces promotor e impulsor, Márquez se refugia en el éxito de las inversiones de capital extranjero y elude los problemas sociales y de seguridad.

Como Oliva, Márquez presume la educación, pero ni la llegada de la UNAM y el Poli a Guanajuato, por cierto logros del vilipendiado exgobernador, han dado como resultado el abatimiento del rezago educativo.

El gobernador actual, en similitud con su olvidado padrino, olvida que existe un pasivo ambiental en Guanajuato, intensificado por una industrialización intensiva y poco planeada.

Se dice que Guanajuato es el estado mejor comunicado, pero eso lo desmienten a diario los atascos en las carreteras y vías de acceso a las principales ciudades.

Márquez ha mejorado su retórica, pero sigue siendo un gobernante provinciano. Los retos a Trump suenan a baladronadas de bravucón de barrio, Más valor implicaría retener a los guanajuatenses que se van por falta de oportunidades, que presumir que los brazos mexicanos le hacen falta a la maquinaria productiva estadounidense.

No hay ideas nuevas en el discurso de Márquez, solo reiteraciones y énfasis retóricos. No se plantean alternativas a una posible quiebra del modelo de atracción de inversiones, ni tampoco a la posibilidad de que disminuyan las remesas por gravámenes o por deportaciones.

En materia de seguridad la culpa de la quiebra que se vive es de la reforma penal, no de la ineficacia de los aparatos de seguridad. Escudo es el elefante en la sala del que nadie quiere hablar en el gobierno, ni una frase recibió en el informe.

Los “jaloncitos de oreja” al gabinete se convirtieron en felicitaciones. Para Márquez, Guanajuato es un mundo feliz.

Con ese panorama de oropel, que comparte la clase política panista y buena parte de los actores políticos de la entidad, nos aprestamos como estado a entrar en la vorágine económica y social que significa el retroceso del modelo económico globalizador. No parece algo muy tranquilizador.

Dice Márquez que ya se planea para los próximos 40 años, pero ni una sola mención le mereció el problema de insuficiencia de agua y sobreexplotación de mantos freáticos que padece Guanajuato.

Miguel Márquez asegura en su propaganda que “va por más”, pero me temo que en realidad lo único que está pensando, como Luis XV, es: “después de mí, el diluvio”.

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