Arnoldo Cuellar

Entre partidos y ciudadanos, el abismo

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on enero 11, 2017 at 3:25 am

Los partidos políticos en Guanajuato se encuentran absolutamente pasmados ante las nuevas realidades políticas, salvo muy escasas excepciones que no llegan a pintar.

La inconformidad por medidas gubernamentales como el alza de gasolinas a nivel nacional y el alza del transporte en municipios de la entidad, no merece comentarios de los principales dirigentes políticos en Guanajuato.

Acción Nacional se encuentra atrapado en la dicotomía de ser gobierno a nivel local y oposición a nivel nacional. Si bien sus diputados federales reaccionaron con relativa velocidad buscando interponer una iniciativa que disminuya la tasa del Impuesto Sobre Productos y Servicios, a nivel local sus legisladores aún no se sacuden la modorra navideña y ni siquiera han secundado las medidas de austeridad dictadas por Miguel Márquez para la administración estatal.

Su dirigente en la entidad, Humberto Andrade Quezada, empezó mal el año viendo como el gobernador le arrebataba toda capacidad de liderazgo y el carácter de árbitro, al impulsar con éxito una temprana precampaña hacia la candidatura a gobernador de su secretario de Desarrollo Social.

Sin embargo, parece estarlo empezando aún de peor manera, al mostrarse incapaz de orientar a sus alcaldes que se ven rebasados en su comprensión del momento y han salido a tratar de reprimir las manifestaciones de inconformidad con más saña que el propio gobierno federal cuestionado por todas partes.

Llama la atención que tanto Héctor López como Ricardo Ortiz, los principales alcaldes panistas de la entidad, coincidan en mostrar más enjundia contra la movilización social que contra el propio crimen que asola sus ciudades. Todo ello a ciencia y paciencia de quien debería ser su guía político en estos momentos complicados.

Del PRI, la primera “oposición” de Guanajuato, realmente hay poco que decir. Si Santiago García López está de vacaciones o encerrado en su despacho, realmente da lo mismo. El primer dirigente priista electo en una contienda abierta en mucho tiempo se ha encargo de autodisolverse y convertirse en poco menos que un personaje de utilería, tan invisible en su carácter de dirigente político como en el de diputado al Congreso local.

A estas alturas hasta Gerardo Sánchez, el senador y precandidato priista que es su verdadero jefe político, debe estar dudando de la ventaja que le ofrece tener la dirigencia estatal del PRI en manos de un presidente como García López. Para todos los efectos, es José Huerta Aboytes, el Secretario de Organización, quien se hace cargo del día a día en el PRI estatal, con un poco más de oficio, pero con escasas luces.

Y ante ese panorama, lo que el PRI oficial diga o deje de decir sobre gasolinazos o camionazos ya no parece interesarle ni a los priistas.

El PRD se mueve, con dificultades, pero lo hace. Emite boletines coherentes y regulares, pero más allá de eso hace muy poco. Sus diputados se manejan por la libre y no potencian las posiciones de Baltazar Zamudio, su dirigente estatal que hace su mejor esfuerzo por mostrar que están vivos y hasta una protesta logró organizar a la que ni siquiera asistieron la totalidad de titulares de cartera de su comité estatal.

El Partido Verde en Guanajuato cuenta por sus militantes, más que por su estructura y aunque sus críticas al gobierno estatal panista han crecido en consistencia y profundidad, los lastra irremediablemente su alianza nacional con el gobierno de Enrique Peña Nieto, que veda cualquier posibilidad de extender su crítica al crítico momento que se vive en el país.

Morena ha tratado de colarse a las manifestaciones ciudadanas, de forma más bien testimonial y por esfuerzo de militantes en lo individual. Como organización siguen careciendo de voz en Guanajuato.

Movimiento Ciudadano es un partido esquizofrénico, donde los dirigentes formales se esfuerzan por ser los mejores acólitos del PAN, pero algunos de sus adherentes muestran posiciones críticas y fundamentadas, como ocurre en León con el tema del transporte, en el que Rodrigo González Zaragoza se ha convertido en un especialista desde sus épocas de dirigente del PRD en ese municipio.

Lo preocupante, sin embargo, es la evidente falta de conexión entre inconformidad latente, protesta activa y cuadros profesionales de la política. Ninguno de los miembros de partidos que practican la política de tiempo completo gracias a las prerrogativas oficiales podría pararse frente a una manifestación sin recibir muestras de repudio.

Esa es la paradoja. Quienes tienen como profesión la política hoy son poco menos que instrumentos inservibles para promover los cambios que hacen falta a todos los niveles. Sus alcances, cuando mucho, llegan al mantenimiento defectuoso de todo lo que es repudiado desde la posición de los ciudadanos, como seguramente mostrarán las encuestas que pronto conoceremos.

En cambio, quienes están ciertos de que las viejas formas políticas se agotaron ya sea que hayan tenido el valor de salir a las calles o simplemente lo piensen, no tienen hoy por hoy ninguna posibilidad de influir en el ejercicio de las prácticas políticas o de plano de buscar su transformación.

Y eso que vemos hoy en Guanajuato y en México es la mejor definición de la parálisis.

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