Arnoldo Cuellar

¿A qué viene Enrique Ochoa a Guanajuato?

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 10, 2016 at 3:50 am

De pisa y corre, a pocos minutos del aeropuerto, los eventos de la gira del líder priista por Guanajuato parecen solo el desahogo de un mero trámite.

Parece una visita muy forzada. El nuevo y flamante dirigente nacional del PRI no pasará más de 5 o 6 horas en el suelo de un estado que hace 25 años no es gobernado por su partido y donde este no parece tocar fondo, pues hoy gobierna con su sola marca menos ciudadanos que su socio el PVEM y que el marginal PRD.

Enrique Ochoa ha diseñado una gira que le permita estar cerca del aeropuerto local, según lo ha reconocido un nada compungido Santiago García, el dirigente local que no quiere dar tiempo a los jerarcas nacionales para que perciban el repudio que concita su frágil liderazgo.

Durante lustros, muchos militantes del PRI, de la base o de los que han logrado ocupar posiciones de representación, pugnan porque sus dirigentes nacionales volteen a ver su estado de postración y les hagan llegar algún tipo de auxilio.

Por dos décadas y media, el priismo de Guanajuato ha querido que desde la ciudad de México vengan los salvadores, el mismo lugar donde estaban quienes los entregaron en manos del PAN en 1991, tras una negociación cupular que nunca entendieron y que sigue lamentando.

En todo ese tiempo, los priistas han sido incapaces de generar por sí mismos una opción que les permita amenazar la hegemonía panista. Lo más cerca que han estado de competir con éxito fue en el 2012, con la candidatura de Juan Ignacio Torres Landa, boicoteada por Gerardo Sánchez y Rigoberto Villagómez con una protesta que ocupó las oficinas del comité estatal prácticamente toda la campaña electoral.

Tres años después, esa corriente, originada en la CNC, hundió al PRI en su mas severa crisis electoral desde 1991, y lo llevó a tener el más bajo número de posiciones en municipios y Congreso.

Desde que tomó posesión hace algunas semanas, muy probablemente el nuevo dirigente nacional del PRI ha estado escuchando retahílas de quejas de los priistas de Guanajuato, todos contra todos.

Eso debe de explicar su decisión de realizar una gira apenas por encimita y sin salir de los salones más glamorosos de León, a unos minutos del avión privado que lo trae.

¿Podemos decir que no le importa el PRI de Guanajuato a Enrique Ochoa? Probablemente sí, pero quizá lo más patético es que tampoco le importa mucho a los propios priistas de Guanajuato, si sus representantes más conspicuos apenas ven al partido como una manera de devengar sueldos capitalizando derrotas.

Las prisas de la gira y sus urgencias logísticas, propiciarán que Ochoa Reza realice su presentación como la nueva esperanza priista (otra más) en la ciudad y el municipio que representan el mayor fracaso del PRI en estos 25 años y también el más simbólico.

En efecto, la recuperación de León y su posterior pérdida a manos del PAN, por Bárbara Botello, evidenciaron la incapacidad de este partido para generar una nueva cultura política: corrupción, desorden y frivolidad fueron el sello de una administración a la que unos ciudadanos hartos de los excesos panistas decidieron dar una segunda oportunidad, tirada flagrantemente a la basura.

Ochoa Reza puede aprender mucho de Guanajuato si está atento. León podría ser la antesala de lo que ocurra en 2018 si las cosas siguen como van en la administración de Enrique Peña Nieto.

Lo que a todas luces no ocurrirá, es que el nuevo faro priista ofrezca a sus correligionarios de Guanajuato algo diferente a lo que sus antecesores han aportado.

Y es que los priistas locales no acaban de aprender que lo que no hagan por si mismos, no lo podrá hacer nadie. A los 25 años de desgracias continuadas, ya debería tener claro que los milagros no existen. Y menos si se hace todo lo posible para sabotearlos.

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