Arnoldo Cuellar

Miguel Márquez no quiere ser candidato presidencial

In Botepronto, Zona Franca on enero 18, 2016 at 3:53 am

Los mensajes de las decisiones políticas del gobernador panista no hacen pensar que esté buscando posicionarse en el escenario nacional; prevalecen criterios provincianos y cerrados.

Aunque no sea tiempo de destapes, aunque estuviese optando por una táctica conservadora, lo cierto es que el escenario en el que Miguel Márquez Márquez, el mejor gobernador panista y responsable político de una de las entidades con tasas de crecimiento más alto del país, busca la candidatura de su partido a la presidencia de la República en 2018, no se lo ha planteado en serio ni él mismo.

Márquez no está en ninguna de las listas que se manejan a nivel nacional, las que se contrastan en encuestas, por una sencilla razón: no ha realizado ningún pronunciamiento y tampoco ninguna acción que revele sus intenciones.

En cambio, está en la imaginaria de esa posible contienda, sobre todo en el análisis de estrategas de su partido pero también del PRI, por dos razones fundamentales: tiene los mejores números electorales del PAN en la pasada elección; y Guanajuato tiene una dinámica económica envidiable.

Sin embargo, en política nada pasa por que lo quiera el público o lo definan las estadísticas. En un escenario como el mexicano, más en estos momentos, cuenta la voluntad de poder, la iniciativa propia, las acciones continuas y concertadas para buscar la posición.

Después de la accidentada elección presidencial de 1994 y el arribo fortuito de Ernesto Zedillo a la candidatura priista y a la propia silla presidencial, los siguientes tres presidentes lo han sido porque han operado estrategias impecables e implacables para tomar el poder incluso en contra de las circunstancias.

De esos tres presidentes, por lo menos dos han significado alternancias partidistas en el poder, lo que significa que ganaron siendo oposición: Vicente Fox y Enrique Peña Nieto. El tercero, Felipe Calderón, fue candidato a contracorriente de su partido y del gobierno del que formó parte.

En ninguna de estas tres historias ha cabido la comodidad. Sí en cambio los lances a profundidad, incluso excesivos, al borde o en abierta violación a la legalidad, para imponerse a las estructuras partidistas y luego al gobierno saliente.

Márquez está muy lejos de trazarse una ruta similar. La verdad es que, hasta hoy, su papel en una eventual precampaña panista sería más bien como comparsa, como candidato de relleno, en los tiempos y las formas que le dicten otros, ya sea el partido o los aspirantes más fuertes.

Sin embargo, la más evidente muestra de que Miguel Márquez no se ve en escenarios nacionales, ni por equivocación, viene dada por los criterios provincianos y cerrados con los que está dando respuesta a los temas en los que su administración debe tomar decisiones.

Ahí tenemos por ejemplo el multicitado caso de Uber y la ley estatal del transporte, que está por reformarse, donde la respuesta del gobierno marquista ha sido una cerrada defensa de los privilegios de las empresas establecidas, ampliamente rechazadas por los usuarios e impunes en su abusivo actuar por su carácter de monopolios protegidos por la autoridad.

Ahí está la propuesta de dos nuevos magistrado al Tribunal Contencioso Administrativo, el órgano instituido para que los ciudadanos tengan la posibilidad de combatir determinaciones de la autoridad estatal y municipal, donde el gobernador eligió proponer a dos subordinados. A su vez el Congreso, los panistas y casi toda la oposición disciplinados hasta la ignominia, los aprobaron por amplia mayoría.

Si Miguel Márquez estuviese pensando en serio en hacer política en el escenario nacional, su toma de decisiones locales ya estaría haciéndose cargo de esa perspectiva de futuro.

No es así. Márquez no pretende mandar mensajes con sus decisiones. Pareciera que ni siquiera se ha dado cuenta de que puede hacerlo. El criterio cerrado y cerril, la miopía de no vislumbrar más que el corto plazo y el entorno inmediato, nos habla de que el gobernador no tiene una clara conciencia del lugar en el que está parado y de las consecuencias de sus actos a nivel de imagen pública.

Ya lo dijo un día los reporteros que le cuestionaban las razones del nombramiento del exsecretario de Educación Alberto Diosdado en la dirección de Conalep, parte de aquel Yunque al que rechazó siendo precandidato del PAN: lo hace porque puede. “Porque está en mis facultades”, les espetó.

Eso significa que Miguel Márquez, como político, vive el presente a secas. Aunque se ilusione con un futuro para el que hasta ahora no ha dado pasos firmes. Es bueno saberlo.

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