Arnoldo Cuellar

¿Qué pasa en obra pública estatal?

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 23, 2015 at 3:40 am

La adjudicación del Hospital General de León, una de las obras más importantes de este gobierno, ademas financiada con deuda pública, no debería ser solo transparente, sino lo que le sigue, absolutamente cristalina.

La Secretaría de Obra Publica de Guanajuato ha sido una de las dependencias más complicadas en las últimas administraciones.

En los dos últimos gobiernos, quienes iniciaron en el cargo no lo concluyeron: Fernando Michel y Genaro Carreño.

Uno de ellos, Carreño, fue suspendido por la siempre tibia Secretaría de la Gestión Pública, aunque luego terminó como diputado federal por el PAN.

En ambos gobiernos, los de Juan Carlos Romero y Juan Manuel Oliva, nunca fue posible extinguir las quejas por el cobro de “diezmos”: las dádivas que reclaman los funcionarios a las empresas para ganar las licitaciones o para aprobar sus estimaciones.

También se hizo costumbre que los precios a los que se presupuestan las obras y se licitan, terminan siendo considerablemente inferiores a los de terminación, en virtud de las famosas escapatorias, que terminan burlando las leyes y la lógica.

El sector de la construcción ha reclamado abiertamente, lo acaban de hacer de nuevo en su reunión de Ixtapa hace unas semanas, la rampante corrupción que merma sus utilidades y afecta la calidad de la obra.

Con el actual secretario de Obra Pública, Arturo Durán Miranda, las cosas no parecen haber mejorado, aunque se trata de un veterano con larga carrera en el sector que mantiene el control y ha evitado que se disparen las críticas.

Sin embargo, ya vio como desde las propias oficinas del gobernador le cesaron a uno de sus hombres de confianza, el subsecretario de programación y administración José Luis Escoto, por el pecado de negarse a su información a las áreas de transparencia.

Mucho se ha rumorado entre la burocracia estatal sobre la salida de Durán Miranda, bien por razones de salud, bien por el alto precio que están reflejando las obras gubernamentales.

Sin embargo, los rumores han quedado solo en eso. Durán parece mantener una sólida alianza con uno de los personajes más misteriosos y poderosos de estos años en Guanajuato: Rafael Barba Vargas, el financiero de la campaña de Miguel Márquez.

Por lo pronto, se dispone a cerrar el año con la licitación de una de las obras más importantes del sexenio. Se trata del Hospital General de León, una infraestructura prioritaria para cuya realización el gobierno marquista decidió armar un paquete de deuda pública, donde se incluyen los 860 millones que costará el nosocomio.

Los nubarrones surgen de la presencia de la empresa Cifsa, con un historial sospechoso y oscuro por la forma en que se le ha beneficiado no obstante la baja calidad de su trabajo y sus constantes incumplimientos.

En este caso en particular, su valor de capitalización no le permitiría participar en la obra, peor busca participar en asociación con otra empresa capitalina. A Cifsa le sobran conexiones políticas, sobre todo a través del alcalde irapuatense Ricardo Ortiz, lamentablemente lo que le faltan son calidad y seriedad.

Un temor fundado en el gremio constructor es que se cierre la pinza entre Arturo Durán y Ricardo Ortiz, convenientemente aceitada por el “Gallo” Barba, sostén del Secretario y aliado del alcalde, como dejan verlo señales como la ratificación de su suegro en Japami.

Por el bien de la actual administración, que entrará en su etapa de cierre mientras se esté construyendo esta obra; por la tranquilidad de Miguel Márquez justo cuando entra en definiciones sobre proyectos futuros; por la del propio Durán que libra una lucha con un padecimiento delicado, lo mejor será que la licitación del Hospital de León no solo sea transparente, sino lo que le sigue, absolutamente cristalina.

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