Arnoldo Cuellar

López Santillana: la hora de empezar a gobernar

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 17, 2015 at 3:41 am

En política no hay sorpresas, sino sorprendidos; es lo que parece pasarle al equipo panista que recuperó León, que en este primer mes navegó entra la ineptitud y la ingenuidad.

Al equipo del nuevo alcalde de León parecía no caerle el veinte cuando diversos observadores y analistas les comentaban que recibirían al gobierno del municipio en estado de postración, una verdadera zona de desastre.

Después de una campaña relativamente tranquila, que motivó escasamente al electorado y donde, como se ha vuelto común afirmar, no ganaron ellos, sino que perdió la alianza PRI- PVEM destrozada por la imagen del barbarismo rampante que se regodeó en la corrupción y el desgobierno, López Santillana y sus colaboradores se la siguieron tomando con calma.

Prueba de la escasa comprensión política de lo que les iba a tocar vivir, fue el viaje del propio López Santillana a Bilbao y a Londres, una escapadita vacacional de la peor forma posible: de la mano de un empresario que maneja importantes intereses en el municipio, que deben ser regulados por el gobierno que iba a encabezar su invitado.

Parecía que el ganador de las elecciones no se estaba poniendo a la altura del reto que arrojó el resultado electoral de junio: reparar la estructura gubernamental y contribuir a la regeneración del tejido social lastimado por un mal gobierno e incluso por los anteriores del propio Partido Acción Nacional, pues justo es decir que Botello no gana tampoco por su propuesta, sino por el hartazgo con el desgaste de las sucesivas alcaldías blanquiazules.

López Santillana, un funcionario que transitó por una década como la cabeza del equipo promotor de inversiones más exitoso que haya tenido Guanajuato y quizá la mayoría de las entidades del país, asumía compromiso a la altura de su fama: recuperar la confianza de los ciudadanos leoneses en un gobierno panista al mismo tiempo que daba respuesta a reclamos ciudadanos acumulados por lo menos en los últimos seis años, particularmente en los temas de inseguridad, honestidad, combate a la pobreza y crecimiento económico.

Sin embargo, era medianamente claro que esas tareas no se realizarían en automático, por el simple cambio de siglas o de responsables en las diversas áreas del ayuntamiento. Había que trabajar y quizás al doble del ritmo normal, pues tras el paso de Bárbara Botello y su estela de corrupción, vino un interinato amodorrado y anárquico que terminó de complicar las cosas.

Por eso dio muy mala espina lo acontecido en el primer mes de una administración panista plagada de personajes con nombres y famas rimbombantes, pero muy alejados de sus tiempos de esplendor.

El que uno de los temas principales de estas semanas hayan sido las “sorpresas” que encontraron cuando abrieron las puertas del palacio municipal no suena a clarificación ni a indignación, sino meramente a ingenuidad. Cualquier ciudadano de a pie, de esos que en múltiples encuestas calificaron por debajo del cuatro a Botello, podía replicarles con justeza: ¿pues qué esperaban?

Dicen los clásicos que en política no hay sorpresas, sino sorprendidos. Llama poderosamente la atención que uno de los funcionarios que tenía más segura su incorporación al gabinete de López Santillana, e incluso su área de adscripción, el biólogo Ricardo de la Parra, actual director de Gestión Ambiental, no haya tenido tiempo para leer los títulos de la concesión del servicio de recolección de su basura con todos sus anexos, por lo cual no sabía que le iba a llegar una solicitud de incremento amarrada a la paridad peso-dólar, en sus primeros días en el cargo.

¿Pues, entonces, qué hizo uno de los más cercanos colaboradores del alcalde electo en los 120 días que mediaron entre la confirmación del triunfo electoral y la toma de posesión?

Se llaman engañados y se indignan, cuando sabían que lidiaban con una administración desprestigiada, evidentemente corrupta, manipuladora y sectaria. Lo peor de todo es que parece que todavía no saben donde están las bombas de tiempo y dónde saltarán los conejos de las chisteras.

Otro funcionario que parece atender más a su fama que a su entendimiento del nuevo momento es el secretario del Ayuntamiento Felipe de Jesús López Gómez, quien ya utilizó sus potestades e influencia con López Santillana para recomendarle un amigo como contralor, como si los problemas de León y de la administración se resolvieran colocando cuates.

La designación del exmagistrado Esteban Ramírez Sánchez como nuevo contralor resuelve los problemas del propio funcionario y quizá los de López Gómez quien parece querer quitarse dolores de cabeza futuros, pero no atiende la problemática de un aparato público que se sumergió en la corrupción quizá no tres años, nada más, sino los últimos seis años.

¿Tiene experiencia Ramírez Sánchez en el control gubernamental y los mecanismos de rendición de cuentas? Eso no se sabe, pero si que es “cuate” de López Gómez, quien a su vez lo es de Luis Ernesto Ayala y de Héctor López Santillana.

¿Ese es el cambio de paradigma que se podía esperar de un funcionario probo e innovador? Parece que no, solo es más de lo mismo, o quizá menos, pues hasta el insulso contralor Alberto Padilla representaba un mayor reto para Bárbara Botello de lo que promete su sucesor.

Los saldos del primer mes del recuperado gobierno panista de León no ofrecen oficio político, compromiso con la transparencia y tampoco imaginación. Como Bárbara Botello, los López Santillana, Los Ayala Torres y los Medina Plascencia subestiman la inteligencia de los ciudadanos leoneses y la claridad del mensaje que lanzaron en las elecciones. Con su pan se lo comerán.

 

 

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