Arnoldo Cuellar

Márquez: los cambios se están tardando

In Análisis Político, Zona Franca on septiembre 7, 2015 at 3:20 am

Obligado a hacer relevos en un gabinete desgastado, para hacer frente a su nueva circunstancia política, el mandatario parece seguir dudando entre las lealtades y la eficiencia.

Se avecinan los cambios en el gabinete de Miguel Márquez Márquez, sobre todo porque después de tres años la mediocridad de buena parte de sus colaboradores directos es ya inocultable.

El gobernador de Guanajuato no tiene una crisis por dos razones fundamentales: su política conservadora al extremo no se ha corrido más riesgos que los de las contrataciones millonarias de principios del sexenio. En segundo lugar, carece de oposición política.

Así, secretarios de despacho con un desempeño tan cuestionable como el de Salud, el de Gobierno, y la secretaria de Transparencia, viven cómodamente horas extras solo porque nadie les pide cuentas, ni su jefe, ni el Poder Legislativo.

Otros funcionarios trabajan con una batería mediática que los hace aparecer ultraeficientes, solo para ocultar el fracaso de sus respectivas encomiendas: es el caso del tándem autoconformado por Seguridad y Procuración de Justicia, que no obstante la alta inversión tecnológica y su dudoso esquema de adquisición, no logran disminuir los índices delictivos ni detener el creciente deterioro de la seguridad; es también el caso del hiperpromocionado titular de Turismo.

Y sin embargo, de los cambios que se habla son de otros: el de Agricultura, porque no le hace caso al gobernador; el de Obra Pública, por cuestiones de salud.

El tema es que Márquez no puede continuar con su actual ritmo, donde las medallas dependen de las circunstancias y no de su trabajo: la bonanza económica, atribuible a una política de atracción de inversiones generada desde hace varios gobiernos; el dominio electoral, producto del hundimiento priista causado por las guerras civiles de ese partido y por la gigantesca debacle del gobierno que encabezó en León Bárbara Botello.

Si Márquez quiere trascender más allá de eso y dar resultados, por ejemplo en el terreno de la política social o el fortalecimiento de las áreas de educación e innovación, los cambios urgen y deben ser en varias direcciones, pues se trata de objetivos que no pueden lograrse sin un empuje que atraviese todo el gobierno.

Por ejemplo, ningún cambio va a funcionar si continúa la política de asfixia del gasto que ejecuta el secretario de Finanzas con lógica de abarrotero. Los modernos sistemas de control y de rendición de cuentas no pasan por el método de cerrar la llave, sino de establecer controles a lo largo el flujo de los recursos.

Es decir, esos controles pasan por la transparencia, un tema con el que Miguel Márquez quiso comprometerse para honrar su historia como exsecretario de la Gestión Pública, ondeando esa bandera en su primer año y luego contratando a expertos del CIDE para establecer un sistema estatal de rendición de cuentas, que fue anunciado el 9 de diciembre del año pasado.

En esa ocasión, justo en el Día Internacional contra la Corrupción, el investigador Mauricio Merino Huerta, responsable del proyecto por parte del CIDE, dijo:“Este es un esfuerzo inédito, audaz, y comprometido con la democracia y la honestidad en Guanajuato”. Nueve meses después, no hay noticias sobre la gestación de esa audacia que, para empezar, no es en sí misma transparente.

Pronto nos sorprenderá Miguel Márquez con sus cambios. Es probable que no se vayan a ir quienes lo merezcan, sino quienes carezcan de red de protección política o afectiva en el entorno de un mandatario que ha mostrado un ejercicio del poder solitario y caprichoso.

Con quienes queden y los y los que arriben, abordará el mandatario la delicada encomienda de cerrar un gobierno al que hasta ahora le ha sonreído la fortuna, pese a carecer de virtudes.

¿Continuará la suerte? El problema es que eso depende de muchas circunstancias, pero ninguna de ellas estará en las manos de Márquez.

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