Arnoldo Cuellar

Ángeles Mastretta: sentir también es conocer

In Leer, Presentaciones y lecturas, Zona Franca on febrero 14, 2015 at 5:57 pm

Texto leído en la presentación del libro “La emoción de las cosas”, en el Festival Internacional de Escritores y Literatura en San Miguel de Allende.

La Emoción de las CosasMastretta1
Ángeles Mastretta
Seix Barral, 2015.

La noticia que nos convoca aquí es de las que nos hacen falta en estos tiempos: una de nuestras autoras más importantes, Ángeles Mastretta, ha publicado de nuevo.

 

En 1985, año del temblor que sobrecogió a mi generación, año del nacimiento de una incipiente sociedad civil que no nació de las consignas políticas sino del más humano gesto de la solidaridad, Ángeles Mastretta irrumpió, como otro terremoto, pero este de sensibilidad y enamoramiento narrativo, con la imprescindible novela Arráncame la vida, un libro que se dejaba leer sin pretensiones de erudición, una historia de una mujer que parecía imposible en el país y en la época situada, una obra de un feminismo profundo y sugerente; una novela, en fin, con nombre de bolero, cuando ese genero vivía el destierro al que lo sometieron el jazz y el rock y aún ningún productor americano o cineasta alemán redescubrían a la vieja trova cubana.

De entonces a la fecha, Ángeles Mastretta no ha dejado de escribir: sean novelas como Mal de amores o Ninguna eternidad como la mía; sean relatos y viñetas como Mujeres de ojos grandes, Puerto libre o Maridos. En estos textos laten algunos temas fundamentales, reiterativos, diría: la mujer como un territorio de complejidad emocional e intelectual que permanece desconocido para la cultura patriarcal dominante; el ejercicio de la libertad como imaginación; la subversión de pensar, hacer juicios y tomar decisiones; los trabajos y los días de heroínas que lo son tan solo por ser ellas mismas.

Ahora, en La emoción de las cosas, nuestra conferencista de esta tarde nos entrega un texto de una íntima raigambre existencial. Más que cosas en el sentido de objetos del mundo, a las que se refiere Ángeles Mastretta son esencialmente las “cosas” que nos pasan. Esas circunstancias intangibles de las que solo nos hablan unas emociones que no comprendemos hasta que es demasiado tarde.

Este libro, como suele ocurrir en otros de Ángeles Mastretta, es un ejercicio epistemológico, una teoría del conocimiento desde la cotidianidad, una aprendizaje y una permanente comprensión. Qué es la vida y qué son las cosas sino esos fragmentos de realidad que nos invaden, que se dejan invadir y que siempre nos son ajenos salvo porque nos hacen pensar, sentir, temer, intuir o nos dan un temblor y nos hacen llorar.

Igual que pasa con las personas.

Lo dijo un personaje de Malraux en La Condición Humana: “No se conoce nunca a un ser; pero, a veces, se deja de sentir que se le ignora” y agregaba: “Conocer por medio de la inteligencia constituye la tentación vana de prescindir del tiempo…”

No con menos filosofía, pero quizá con más perspicacia, en Arráncame la vida, el general Andrés Ascencio al borde de la muerte le dice a la entrañable Catalina: “… no me creas tan pendejo, se que te caben muchas mujeres en el cuerpo y que yo solo conocí a unas cuantas.”

En este nuevo libro, condensado en sus líneas, lo que hay es tiempo acumulado, tiempo que se dedica a discernir mediante una escritura íntima, lúcida y cordial, porqué nos han hecho sentir tales cosas de este u otro modo; tiempo de observación, pero también de introspección en torno a cómo las cosas, las personas y los sucesos empiezan a dejar de ser extraños, antes que nada porque lograron despertar en nosotros una emoción, una forma intransferible y personal de recibir al mundo, a los otros y su transcurrir, pero que, para desgracia nuestra, pocos, muy pocos, podrían relatar con la transparencia, la calidez y la profundidad de la señora Ángeles Mastretta.

¿Es este libro sobre La emoción de las cosas? ¿O es más bien sobre esa cosa, inexplicable, que es la emoción?

Esa es la respuesta que nos toca a cada uno de nosotros.

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