Arnoldo Cuellar

Bárbara: la guerra perpetua

In Botepronto, Zona Franca on julio 31, 2014 at 3:14 am

¿Qué es lo que ha producido la declinación en el favor popular de la alcaldesa de León, después de que en su momento significó una opción de cambio tras el acentuado desgaste del panismo?

A lo largo de su carrera, Bárbara Botello se ha mostrado como una política proclive a la confrontación y a los ajustes de cuentas. Esa actitud no parecía tan errada mientras fue una activa opositora, pero parece que le ha redituado muy poco ahora que ejerce una responsabilidad de gobierno.

Esa podría ser una explicación.

Botello inició en la política de la mano de Juan Ignacio Torres Landa y de Jorge Videgaray, quienes la impulsaron como candidata a una regiduría en la campaña del segundo, mientras el primero era presidente estatal del PRI.

A la vuelta de los años, la alcaldesa terminó mal con ambos. Fue justamente para bloquear la llegada de Videgaray, contrariando los planes políticos de Juan Ignacio, que Bárbara amarró las voluntades del PVEM y de algunos de sus padrinos políticos en el centro del país y logró la postulación a la alcaldía.

Su ruptura con el torreslandismo alcanzó tintes vesánicos cuando defenestró a Azul Etcheverry y a Luis Andrés Álvarez Aranda de la administración municipal, tras la muerte de Juan Ignacio. Por si algo faltara ordenó una persecución en contra de la primera, creando presuntos irregularidades en la administración del DIF, no obstante que sólo era una presidenta honoraria.

Mientras que Videgaray ha recibido duros ataques de operadores barbaristas como Aurelio Martínez, cuando s sha acercado a tratar de hacer propuestas para salvar conflictos de la administración, que los tiene a montones.

El segundo aire de Bárbara Botello en la política, tras haber sido derrotada en la búsqueda de una diputación local en el año 2000, se la otorgó Alejandro Arias a través de Wintilo Vega, ofreciéndole la posibilidad de arribar a la secretaría general del PRI en fórmula con Miguel Ángel Chico.

La historia se repitió: no pasó mucho tiempo para Bárbara que se lanzara en contra de sus benefactores con denuncias penales por supuestos fraudes en el PRI, las cuales a la postre quedaron en agua de borrajas.

Con Juan Manuel Oliva y con Gerardo Mosqueda tuvo negociaciones políticas. producto de una de ellas, la entonces diputada local no llegó nunca a la sesión donde se votó la reforma del artículo primero de la Constitución, donde se garantizó el derecho a la vida desde la concepción. Esa ausencia sirvió para componer la votación que sacó adelante una vieja consigna yunquista.

Sin embargo, Oliva fue después uno de sus blancos favoritos, a través de los cuales construyó su imagen de opositora tenaz al panismo.

La historia de las relaciones que transitaron de la camaradería política e incluso de la complicidad, a la discordia más feroz sería larga de enumerar, por lo que solo me referiré a las más significativas.

Una que sin duda es importante, por su trascendencia en la elección de 2012, es la de la alianza de facto que establecieron la entonces candidata del PRI a la alcaldía con el presidente municipal saliente, el panista Ricardo Sheffield.

Qué le dio Sheffield a Bárbara, es un tema que puede suponerse. La reciprocidad de la priista está sobre la mesa: la presidencia del IMPLAN para Ignacio Ramírez Sánchez, el operador empresarial del exalcalde panista.

Sin embargo, los acuerdos duraron la víspera. cuando empezaron a florar las primeras críticas por la falta de resultados, Botello lanzó toda la artillería contra Sheffield y buscó poner en evidencia a su antecesor con todo lo que podía.

Ese ánimo guerrero, que le dio buenos resultados en su ascenso opositor y que funcionó mientras se circunscribió a pleitos políticos, se convirtió en la antesala del desastre cuando se trasladó a otros ámbitos, como la relación con el gobierno del estado y el tema de la recolección de basura.

En el primer caso, la permanente rijosidad de Botello contra Miguel Márquez no ha sido comprada por éste, quien más bien ha enviado a algunos de sus colaboradores a dar respuestas. Sin embargo, las calificaciones que recibe la alcaldesa en diversos sondeos se encuentran muy por debajo de las del gobernador panista, lo que evidencia lo equivocado de la estrategia.

En el caso de la basura, la rudeza empleada contra los contratistas del servicio de limpia, quienes proporcionaban uno de los servicios mejor calificados del municipio, no ha derivado en una mejora de la imagen de la administración, sino todo lo contrario.

Fiel a su divisa de ir a todas las peleas, Botello instruyó a su equipo a que realizaran una campaña de desprestigio de los contratistas, la cual no fructificó en el mes de abril y tras de dos semanas de calles llenas de basura, fue necesario recontratarlos bajo sus condiciones, así fuera provisionalmente.

La mayor caída en la popularidad de la alcaldesa, de acuerdo a las encuestas de Inmersa y Gabinete de Comunicación Estratégica, se produce a raíz de la guerra de la basura y la concesión a dos empresas, una local y otra foránea, que desplazaron a los recolectores tradicionales.

La disposición belicista permanente de la alcaldesa de León, quien a menudo no busca quien se la hizo sino quien se la pague, mostró ser una eficiente manera de posicionarse mientras fue opositora de regímenes desgastados.

Esa táctica mantenida ya en el gobierno, en abierta contraposición a la divisa de un “cambio tranquilo” que ofreció en campaña, parece ser la principal causa del alejamiento de los leoneses con la propuesta política de Botello.

Como además la alcaldesa priista ha mostrado una aversión casi patológica a conciliar y negociar, como si ambas actitudes, componentes esenciales de una política democrática moderna, fuesen sinónimos de rendición, se ve difícil que recomponga el camino en el tramo final.

La preocupación ya no es solo para el PRI de León o para los fieles barbaristas, muchos y muchas más radicales que su líder. En realidad, el tema ya forma parte de la agenda nacional, de cara a la renovación del Congreso Federal y la necesidad estratégica de evitar que la elección intermedia se convierta en el final anticipado del proyecto de Enrique Peña Nieto.

Las cosas, a no dudarlo, se pondrán interesantes.

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