Arnoldo Cuellar

El PRI se desorganiza de cara al proceso electoral

In Botepronto, Zona Franca on julio 8, 2014 at 11:44 pm

Cuando se encuentra a sesenta días de definir estrategias básicas como la de las alianzas en candidaturas, la nueva dirigencia del PRI en Guanajuato decidió iniciar un proceso de reorganización en la mayor parte de los municipios, así como un programa de afiliación que más que ambicioso, parece utópico.

Santiago García López no tenía experiencia en lides partidistas. Su ámbito de experiencia era la política sindical, con otros tiempos, otros ritmos. Para fortalecerse le otorgó su confianza como secretario de organización al veterano político José Huerta Aboytes, en la Secretaría de Organización.

No se sabe si el plan fue del jefe o del subordinado. Lo cierto es que en menos de una semana la que se quería como arranque de una ambiciosa estrategia se convirtió en una pésima táctica.

Inconformidades de alcaldes, varios de ellos piezas de apoyo para la llegada de García López al cargo; aumento de discordias en los municipios; pifias estatutarias y trato desigual a factores de decisión, aumentaron la chispa inicial hasta convertirla en una hoguera.

Las manifestaciones de desacato se acumulan, como el desplante del alcalde de San Miguel de Allende, que impulsa una nueva corriente partidista en su municipio a cargo del dirigente saliente del partido en el municipio.

Ya hay una decena de denuncias para iniciar procesos de protección de derechos de militantes; se esperan más.

Los rumores están a la orden del día: que terminando las urgencias derivadas de las elecciones en Nayarit y Coahuila, intervendrá el CEN para enmendar la plana; que los alcaldes se están reuniendo para plantar cara a Santiago García; que hay negociaciones para asegurar que los delegados son solo provisionales y que habrá elecciones o designaciones acordadas.

Lo cierto es que la primera decisión de gran calado que tomó el nuevo equipo al mando del PRI estatal no le abonó un ápice más de credibilidad y si le restó aliados y confirmó la desconfianza de sus adversarios.

Las primeras respuestas, ante la crisis, son las típicas de los políticos sin imaginación: “no habrá marcha atrás”.

Ya se sabe que, en el PRI, nunca hay instancias definitivas en los niveles locales, es un partido centralizado, jerárquico, piramidal.

Por lo pronto al PRI no ha resultado renovado ni fortalecido tras haber elegido a una dirigencia mediante un proceso democrático.

Cuando las elecciones tocan a a puerta, a la nueva dirigencia se le ocurren procesos de credencialización y reorganización que nunca traen consecuencias en lo inmediato. Cuando se avecina la batalla, Santiago García y José Huerta se meten debajo del motor a hacer experimentos.

La novatez se paga cara, la falta de imaginación, peor.

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