Arnoldo Cuellar

Manuel Mora y el lado oscuro

In Botepronto, Zona Franca on junio 6, 2014 at 3:31 am

Como algún geek comentó:

“También Darth Vader fue un niño encantador”.

 

Por lo menos cuatro colaboradores editoriales con años de participar en las páginas de diarios como El Heraldo de León, el Sol de León y El Correo, han visto como se les cerraban las puertas de lo que fueron sus casas editoriales a lo largo de diferentes administraciones estatales y municipales.

El tono de esos colaboradores no cambió: unos son más críticos y aguerridos, otros más analíticos; otros se refieren a temas que ni siquiera tocan las políticas gubernamentales.

Lo que cambió fue la administración municipal de León, no solo por el regreso del PRI después de 24 años en la oposición, sino por el hecho incontrovertible de que el gobierno encabezado por Bárbara Botello Santibáñez ha ejercido el mayor presupuesto de gasto en medios de la historia de León, llegando casi a los 40 millones de pesos en su primer año de ejercicio.

El gasto de publicidad del gobierno priista prácticamente se duplicó en relación al que ejerció la administración panista que le antecedió. De los 20.8 millones erogados por Sheffield en 2011, su mayor año de gasto; a los 39.2 millones de pesos aplicados por Botello en su primer año, el 2013, hay una gran distancia.

Los medios de comunicación, sobre todo los impresos, que cada vez pierden más lectores por las nuevas tecnologías y el cambio de las audiencias en las formas de consumir información. El descenso de público incide en una creciente dependencia de los medios respecto a los presupuestos oficiales.

Esa dramática situación ha sido reconocida por varios directivos de medios que se encuentran obligados a salvar empleos y a tratar de conservar márgenes de utilidad cada vez más escasos.

Ese es otro drama: si las empresas periodísticas ven disminuir sus ingresos, los primeros que pagan las consecuencias son los profesionales que en ellos laboran, antes de afectarse las ganancias.

Sin embargo, la forma de salir de la crisis, que de aquí en delante será permanente, no parece ser la de la entrega de la dignidad y las negociaciones indecorosas.

Imaginación, creatividad, independencia y compromiso con las audiencias pueden ser fórmulas que funcionen no sólo para los medios impresos, sino en general para la industria de la comunicación.

Confiar en los caprichosos devaneos presupuestales de los funcionarios, a la larga incrementará el riesgo para las empresas de comunicación y terminará por arrastrarlas al tobogán de desprestigio en el que ya se encuentran inmersos los políticos.

En el último sexenio, Guanajuato vivió una orgía de gasto público destinado a los medios de comunicación, tanto locales como algunos nacionales. Juan Manuel Oliva elevó los estándares del presupuesto de imagen a niveles no vistos.

Ese flujo de dinero de la Tesorería del Estado a las cuentas de los periódicos, televisoras y radiodifusoras de Guanajuato generó una adicción que hoy está viviendo su síndrome de abstinencia, pues Miguel Márquez disminuyó el monto de los contratos desde su primer ejercicio.

Es en ese marco que se da el crecimiento presupuestal del municipio de León, el cual por lo pronto ha venido a equilibrar los faltantes que ya no fueron cubiertos por el gobierno estatal, por lo menos para los medios con influencia en ese municipio.

Como efecto colateral, los medios adictos a los recursos públicos tiene muy pocas armas, en este momento, para resistir las presiones o las sugerencias oficiales, bien sea que provengan de los comunicadores de las dependencias o directamente de sus jefes, los funcionarios responsables.

En el caso de Bárbara Botello es perfectamente entendible que si corrió el riesgo de incrementar al 100 por ciento el gasto publicitario de su antecesor, su expectativa sobre el trato de los medios sea alta: quiere difundir sus acciones de gobierno y, además, protección total.

Es todo ese escenario el que permite deducir, sin una gran ciencia, que los bloqueos y recortes de columnistas en los periódicos locales, que además coincidentemente han sido críticos de la administración municipal de León, tenga que ver con las expectativas de la alcaldesa, su forma de entender la relación gobierno – medios y la exigencia de obtener resultados a cambio del dinero que entrega, no obstante no ser suyo.

Y es, también, en ese escenario, donde salen sobrando por completo las protestas de verticalidad y transparencia del vocero municipal Manuel Mora MacBeath en su carta de respuesta al doctor Franz Espejel, uno de los editorialistas censurados tanto en el Sol de León como en el Heraldo de León.

Todas las afirmaciones de Mora en torno a su pasado como reportero comprometido con las mejores causas son ciertas y las suscribo. Sin embargo, de lo que se trata no es de su pasado, absolutamente incuestionado, sino de su actual momento.

Mora debe hacerse cargo de que dirige una oficina de comunicación que ha duplicado la inversión en medios de dinero público, algo nada democrático por cierto, para lograr no una comunicación más eficiente, sino un mayor control de los medios.

Mora debe aceptar que ha ejecutado trabajo sucio para Bárbara Botello y su círculo cercano, como cuando realizó una campaña de difamación de los contratistas de la basura durante el paro de la recolección, usando dinero público para desprestigiar a ciudadanos que no habían cometido falta o delito alguno al rechazar las condiciones de la autoridad para firmar una extensión de contrato.

Mora debe recordar aquella ocasión cuando ya trabajaba para Botello, en el periodo previo la toma de posesión, en la que fue el gestor de una exigencia de la alcaldesa electa para que el periodista de Zona Franca, Javier Bravo, abandonara una reunión de reporteros donde se iba a dialogar informalmente, en un evidente acto de segregación.

Esos son los temas que se deberían debatir en materia de relación gobierno – medios en la época de Botello y Mora y no el pasado probablemente angélico de ambos personajes.

Por lo demás, estoy seguro de que en aquel pasado, Manuel Mora habría rechazado tajantemente esas prácticas.

Desde luego, es justificable que cambien las circunstancias y las convicciones, incluso las lealtades, a lo largo de la vida.

Lo único que sale sobrando, pues más pronto que tarde queda al descubierto, es tratar de simular que nada ha pasado y que “no se ha cambiado de patrón, pero si de trinchera”.

Mora asegura que como funcionario busca el equilibrio periodístico “pidiendo siempre que aparezcan todas las versiones”. Sin embargo, como vocero su función es hacerse cargo de que las explicaciones oficiales sean suficientes y completas. El resto de las versiones ya no son su responsabilidad.

Como ocurre ahora que pide que sean los directores de los medios quienes den explicaciones a los columnistas recortados y a la opinión pública sobre sus motivaciones. Ya se verá como esas otras versiones nunca aparecerán.

Otros funcionarios municipales ansiosos de ofrecer explicaciones han dicho que los medios deciden su propia línea editorial. Lo que no se entiende es que esta cambie abrupta y repentinamente, justo ahora, justo cuando hay un gobierna que gasta el doble en publicidad, justo con esos colaboradores.

O mejor dicho, se entiende bastante bien. Habría que recordar que entre gitanos, por más que queramos, no nos leemos la buenaventura. Así que, ¡a otro perro con ese hueso!

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