Arnoldo Cuellar

De Oliva a Botello, el salto mortal de Oscar Flores

In Botepronto, Zona Franca on febrero 24, 2014 at 3:45 am

Bárbara Botello perdió un tiempo valioso en materia de seguridad, sobre todo por una sola causa: en lugar de seguir sus instintos, contrató a un colaborador que venía de servir al gobierno panista que más crítico y en oposición al cual creó su figura y su carrera política: el de Juan Manuel Oliva.

Ahora, cuando está por entrar a la segunda mitad de su gestión, amenaza con repetir el error, en el terreno del desarrollo económico.

Miguel Pizarro no era ningún Fouché, es decir, un eficiente policía que se atrincheraba en su archivo de secretos sobre todos los personajes de su entorno. Botello lo contrató no por su eficacia, sino por la desesperación de no tener respuestas frente a la promesa de campaña de mejorar la seguridad, confiando solamente en su investidura de militar.

El resultado, a 16 meses de haber tomado posesión, a sólo 20 de que concluya su administración, los resultados en materia de combate al delito y prevención están en peores términos  que cuando recibió la alcaldía con la firme promesa de llevar seguridad a las colonias.

El error político de la alcaldesa y de su equipo, señaladamente el secretario del Ayuntamiento Martín Ortiz García, de haber elegido un perfil equivocado, se agravo aún más al sostenerlo contra viento y marea por más de un año luego de que se dieran los primeros señalamientos críticos sobre el trabajo de Pizarro.

Sin embargo, la lección no parece aprendida y está a punto de repetirse, ahora en el delicado terreno del desarrollo económico de la ciudad de León y del impulso a la creación de empleo y la atracción de inversiones.

Bárbara Botello ya dio los primeros pasos para repetir el esquema de vincularse a ex colaboradores de Juan Manuel Oliva en el que promete ser su proyecto económico más ambicioso: el parque industrial Las Colinas, en la zona de Las Joyas.

Igual que en el caso de la policía, la confluencia de la primera alcaldesa priista de León en un cuarto de siglo con operadores panistas podría provocar otro desastre, pero este ya sin posibilidades de ser reparado.

El gran artífice del parque industrial Las Colinas es el propietario de los terrenos, el empresario inmobiliario Oscar Flores Pérez, dueño de la empresa Floper y uno de los mayores operadores empresariales de Juan Manuel Oliva desde que este era secretario de Gobierno de Juan Carlos Romero Hicks.

Juan Manuel Oliva se apoyó para su precampaña por la gubernatura en el entonces director del Instituto de la Vivienda de Guanajuato, Juan Carlos Delgado Zárate, quien operó con varios constructores de vivienda, entre ellos Oscar Flores, para elaborar complicados mecanismos de financiamiento que implicaban el uso de reservas territoriales del estado utilizadas en desarrollos privados, las cuales se liquidaban hasta que concluían las ventas.

El esquema, que implicaba un financiamiento a proyectos privados soportado por el estado, sin cobro de costos financieros, a la larga representó un grave quebranto para el IVEG, que debió ser reestructurado y convertido en la COVEG, pero con una grave merma de su patrimonio.

En contrapartida, empresarios como Flores Pérez trascendieron como generosos aportadores de recursos para la incipiente precampaña olivista y después para la campaña constitucional.

Lejos de recibir sanción alguna por los daños causados, Delgado Zárate fue premiado como subsecretario de Obra Pública en el gobierno de Oliva. Y cuando ocurrió que nuevas actuaciones lo hicieron acreedor a una inhabilitación, el gobernador, quien además era su compadre, protegió de nueva cuenta al funcionario dándole la dirección del Inifeg, el organismo responsable de la construcción de escuelas.

Esa es la historia a la que se está vinculando la alcaldesa Bárbara Botello, quien ahora parece olvidar que sus críticas a la corrupción de Oliva fueron uno de sus principales y más exitosos temas de acción política.

No es remoto pensar que en los múltiples beneficios que está obteniendo el desarrollador Oscar Flores, quien además de las 250 hectáreas que destinó al parque industrial, es poseedor de varios centenares más en la zona, permitan la promesa de futuros beneficios a hipotéticas campañas electorales en el estado y en el municipio.

Flores pasaría, así, de ser operador financiero del panismo a respaldar la recuperación priista, algo que ya a nadie extraña en estos días.

El problema sería que las operaciones se hicieran demasiado evidentes y salieran a relucir en el futuro, lo que podría suponer un dolor de cabeza no sólo para Botello y su grupo, sino más allá, para los aliados que presume, como el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, a quien ha invocado como el mecenas que hará posible esta aventura al aportar más de 300 millones de pesos para la sobras de infraestructura que se convertirán en el nuevo subsidio gubernamental para otro negocio de Floper.

Por cierto, en los círculos olivistas se recuerda como la propuesta del parque industrial ya había sido planteada por Oscar Flores al ex gobernador panista, quien no quiso apoyarla en virtud de las complicaciones técnicas que representa la topografía de la zona donde están los terrenos, al norte de la colonia Jacinto López.

Ahora, Flores ha logrado el respaldo político de la administración priista de León, de la mano de otro gran aliado olivista, el empresario chihuahuense Ricardo Betancourt, quien recibió la concesión de comercializar el Guanajuato Puerto Interior, como una asignación directa graciosamente concedida por Juan Manuel Oliva, con la cual realizó un espléndido negocio.

La suerte de Betancourt se repite, pues la construcción de obras de infraestructura por alrededor de 200 millones de pesos, estimación que realizan conocedores del tema pues los costos reales permanecen en la penumbra por parte del ayuntamiento, le permitirá despegar en condiciones inmejorables la promoción y la venta del nuevo parque.

Incluso, si por cualquier motivo el proyecto no se realizara, por ejemplo porque no lleguen los recursos federales, no habría perdido nada, pues sus inversiones comenzarán hasta que esté lista la obra que se les ha prometido.

Así, Bárbara Botello, quizá presionada por la necesidad de tener realizaciones contundentes que relancen su alicaída administración, vuelve a caer en una situación que ya le provocó un grave tropiezo: aliarse con operadores que emigran del panismo de forma oportunista.

Construir una opción política fresca ante el enrarecido ambiente que han dejado las más de dos décadas de panismo gobernante en Guanajuato, pasaría por impulsar nuevos grupos en todos los frentes. Al resignarse a proyectos reciclados y a la vinculación con factores económicos que no representan nada nuevo y que sólo están a la búsqueda de vías de escape, la alcaldesa de León muestra un preocupante desamparo político y una gran falta de creatividad.

A menos que el elemento que afianza su nueva relación con Oscar Flores, sea el mismo que cimentó la de éste con Oliva: el financiamiento de la precampaña a la gubernatura. Si es así, eso se sabrá, más temprano que tarde.

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