Arnoldo Cuellar

Leaving Las Vegas: ¿era el lugar y el momento?

In Botepronto on noviembre 25, 2013 at 3:37 am

Sin mucho ocultamiento, o quizá gracias a muchas indiscreciones, desde el mismo viernes por la noche comenzó a correr la especie de que la alcaldesa de León, Bárbara Botello Santibáñez, habría viajado a Las Vegas de fin de semana, en un vuelo particular desde Guanajuato.

Apenas dejó una reunión con legisladores panistas, la primera que sostiene en busca de convencerlos de que le otorguen su voto para la aprobación del monumental crédito que pretende, la munícipe priista ya no regresó a León, sino que se quedó en el Aeropuerto Internacional de Guanajuato, para abordar el vuelo que la llevaría a la ciudad norteamericana, junto con familiares y amistades.

Allí empiezan los problemas. Bárbara Botello, la primera presidenta de la transición priista en León, tras un cuarto de siglo de gobiernos panistas, construyó su reputación de política tenaz y aguerrida persiguiendo los excesos panistas. Nada que oliera remotamente a corrupción, componenda o abuso de poder, quedó fuera de los dardos certeros de Botello.

Esa actitud despertó en mucha gente la esperanza de que al oscilar el péndulo, del PAN al PRI, algo comenzara a componerse de la larga decadencia panista, que terminó por convertir a este partido en una entidad corporativa, patrimonialista, escasamente autocrítica y evidentemente corrupta.

Otros, más escépticos, pensamos que la escasa formación política y una adivinable falta de vocación por el servicio público, eran graves lastres para que la abogada Botello pudiera convertirse en efecto en una reformadora de los vicios de nuestra vida pública.

Así ha sido. No me regodearé en el lamentable papel del agorero que grita con presunción banal el “se los dije”, algo que sólo habla de una vanidad intelectual que nada aporta a la remediación de los males sociales.

En cambio si debo resaltar la gran decepción que en apenas doce meses ha propiciado la actuación de Botello en muchas personas de buena fe que depositaron en ella su confianza y su esperanza en las bondades de la alternancia en la vida pública.

En el caso del viaje que nos ocupa, lo reprobable no es el hecho en sí, algo a lo que la alcaldesa tiene tanto derecho como cualquiera. Lo que preocupa son los detalles.

El viaje en el avión privado de un empresario leonés constituye, de no haber mediado una operación de renta de la aeronave, la recepción de un regalo en especie que se encuentra prohibido por la ley.

Arnulfo Padilla, el magnate de Grupo Tres Hermanos, es un asiduo visitante a Las Vegas, por lo que no es improbable que reciba continuas cortesías por parte de prestadores de servicios en hoteles, casinos y espectáculos. Si una o varias de ellas fueron puestas a disposición de Botello y sus invitados, también habría una falta grave a la Ley de Responsabilidades Administrativas de los servidores Públicos.

Ahora, supongamos que no fue así. Que la alcaldesa va a pagar de su bolsillos todos sus gastos, al igual que lo harán sus acompañantes, entonces la pregunta es ¿hay necesidad de hacer cosas buenas que parecen malas?

El momento que vive la administración priista de León es particularmente complejo. Por una parte se encuentra el tema no resuelto del auge en los hechos delictivos de alto impacto, además del crecimiento exponencial de la delincuencia común que afecta a ciudadanos de todos los sectores de la ciudad. El propio Arnulfo Padilla, hace algunos meses, fue víctima de un robo en sus oficinas.

Pero eso no es todo. El proceso de negociación para sacar adelante la ambiciosa propuesta de un crédito de mil 200 millones de pesos, lo cual constituye la única posibilidad de trascender de la actual administración, requería extremar la capacidad de concertación y de construcción de acuerdos por parte de la cabeza del municipio, sobre todo con el gobernador del estado y los diputados del PAN.

El viaje a Las Vegas en estos momentos, en una excursión privada asociada a un empresario con amplios intereses inmobiliarios en la ciudad, puede venir a desatar un ruido innecesario en lo mediático y lo político, además de las eventuales complicaciones jurídicas.

Las críticas de los panistas no se harán esperar y las respuestas del municipio tampoco serán prudentes, como ya es costumbre. La gran pregunta es, insisto, ¿había necesidad?

Bárbara puede alegrarse de la enorme incapacidad política de sus adversarios panistas, quienes solo han podido ponerla en jaque cuando ella misma les da las armas que usarán en su contra, pues de allí en más muestran una falta de imaginación pasmosa.

Son demasiados los temas de responsabilidad que están en las manos de la principal representante de los ciudadanos de León, a quien ellos le confiaron la guía de sus destinos por tres años y quien protestó servirlos con responsabilidad y con respeto a la ley.

Con sus devaneos, cargados de frivolidad, la alcaldesa priista demuestra una y otra vez que no está a la altura del voto de confianza que le otorgaron los leoneses en julio de 2012.

Pero, además, Bárbara Botello vulnera las posibilidades de su partido, acrecentadas precisamente con su triunfo, para regresar al gobierno de Guanajuato como una opción política renovada, prudente y promotora de un verdadero cambio.

El infantilismo político de Bárbara Botello queda en amplia evidencia cuando su incontinencia personal se convierte en la principal enemiga de su propia carrera política y del destino del grupo que encabeza.

Ahora vendrá el control de daños, que empezó ayer mismo, cuando la alcaldesa fue recogida en el aeropuerto por un vehículo rentado. Tiempo y esfuerzo invertido en paliar las consecuencias de un hecho que, simplemente, pudo no haber sucedido.

Como si el tiempo sobrara, la alcaldesa de León, al revés de la vieja táctica bolchevique, suele dar un paso adelante y, de inmediato, dos atrás. Así, contra las propias debilidades, no hay defensa que valga.

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