Arnoldo Cuellar

El gabinete a un año: Toño Salvador

In Botepronto, Zona Franca on octubre 14, 2013 at 3:28 am

De atenerse a los constantes tropiezos que tienen sin posibilidades de despegar al gobierno de Miguel Márquez al cumplir su primer año de ejercicio, los candidatos a protagonizar un relevo en el gabinete del mandatario, podrían ser legión.

Sin embargo, se ve difícil que el gobernador panista vaya a decidirse por un cambio en cascada, sobre todo por las condiciones en que llegaron al gabinete legal y al ampliado buena parte de sus ocupantes.

Uno o dos relevos de aquí a fines de año podrían ser la salida que se puede estar barajando en el staff  del Ejecutivo, por cierto uno de los lugares que más fallos ha tenido a lo largo de estos primeros doce meses.

Sin embargo, las complicaciones parten del hecho de que cada uno de los integrantes del gabinete representa compromisos realizados en su momento por el propio Márquez o decisiones que constituyen un círculo de confianza y seguridad, por más que no hayan redundado en falta de eficiencia a la hora de gobernar.

Miguel Márquez ha dicho en reiteradas ocasiones que de la gubernatura se va a su casa, que no tiene más ambición que la de ser “un buen gobernador”.

Paradójicamente, esa circunstancia es la que puede llegar a convertirse en su mayor impedimento para trascender, pues la renuncia a hacer política nunca es la mejor estrategia para alguien que inevitablemente se encuentra en un puesto político.

Márquez designó en cargos clave a personajes cercanos en lo personal, como es el caso del secretario de Gobierno Antonio Salvador García López, vecino geográfico y contemporáneo del mandatario en lides públicas y aventuras políticas. No obstante, Toño Salvador,  como le llama amistosamente su jefe, no ha logrado erigirse en un coordinador de gabinete y un operador de sus decisiones, menos en una contención ante las crisis.

La prueba que se le viene es la sucesión en el Poder Judicial, del que fue parte hasta hace un año. Márquez necesita convivir con un Presidente del Tribunal de Justicia que le sea confiable en términos personales, pero también eficiente en cuanto a resultados, sobre todo tomando en cuenta los procesos en marcha para instrumentar el nuevo sistema penal acusatorio, así como la oralidad en la justicia familiar.

Los recientes hechos en los que el poder Judicial se ha visto envuelto en la polémica por la falta de protocolos de perspectiva de género, constituyen un nuevo ingrediente a tomar en cuenta.

El relevo del magistrado Alfonso Fragoso Gutiérrez, ocurrirá en los primeros días de 2014. El actual presidente sólo ha ejercido un periodo pero se encuentra impedido para una reelección por la inminencia de la conclusión de su nombramiento como magistrado, donde su ratificación pasa a depender del Congreso.

El Tribunal fue visto durante el olivismo como un reducto del comité estatal del PAN, desde donde se orientaron muchas decisiones para seleccionar magistrados a través del control que ejercía este partido en el Congreso. Hay una corriente de magistrados de carrera que se opone a la quienes tienen origen político, por lo que la situación se antoja delicada.

Aunque teóricamente nada tendría que ver el Poder Ejecutivo en el Judicial, en la realidad el PAN en el poder ha reproducido la política real del priismo, donde nada se mueve sin el visto bueno del Gobernador. Difícilmente podría ser presidente del Tribunal un magistrado que no contara con la venia de Miguel Márquez.

Allí es donde se encuentra la prueba de fuego para Antonio Salvador García López, pues si en algún tema se espera que actúe, es precisamente en el que atañe al lugar de donde vino: Márquez lo invitó a ser su número dos cuando despachaba como magistrado en una sala civil del Tribunal.

Para García López lo más fácil sería inclinarse por respaldar la decisión que ya se conforma alrededor del magistrado José Luis Aranda Galván, titular de la Octava Sala Civil, quien reúne el respaldo del presidente Fragoso, de los magistrados de la corriente panista y, además, es amigo del propio secretario de gobierno.

Sin embargo, esa decisión puede desatar un conflicto con los magistrados de carrera judicial, que ven a Aranda como un advenedizo y sin la suficiente estatura jurídica para ocupar el liderazgo de ese poder.

Esa inconformidad ha alentado las aspiraciones, como ya lo hemos comentado, de la magistrada irapuatense Claudia Barrera Rangel, responsable de la Cuarta Sala Civil, quien ya hace campaña abierta y, de acuerdo a las palabras que utiliza con sus colegas, ha enterado ya al gobernador de sus intenciones.

El gran reto para el secretario de Gobierno será el de ponerse por encima de las partes y no al lado de una de ellas, en cuyo caso forzará a la intervención del gobernador para pactar con factores de poder en el PAN, como el que representa el senador Fernando Torres Graciano, una salida negociada.

Hasta ahora, García López considera uno de sus logros más importantes el de la cooptación del diputado priista Guillermo Romo, con todo y su kit de belleza facial, a cambio del decreto para preservar las corridas de toros como patrimonio cultural.

Menos expedito se ha visto en el tema de la equidad de género, donde sus esfuerzos por hacer una agenda con las diputadas de diversos partidos ya quedaron completamente rebasados por las consecuencias de la inacción en el caso Lucero, que tienen al gobierno de Guanajuato completamente a la defensiva.

Poco abundante en medallas, Antonio Salvador podría estar apostando el resto de su capital político a lo que ocurra en la sucesión del Poder Judicial, un expediente que deberá resolverse dentro de setenta y cinco días. Si falla, por más que quiera tenerlo a flote su amigo el gobernador, se convertirá en un peso muerto imposible de sostener.

A %d blogueros les gusta esto: