Arnoldo Cuellar

ICL: represión y autocensura en la era de Bárbara Botello

In Botepronto, Zona Franca on septiembre 10, 2013 at 4:00 am

El despido de la directora para el desarrollo de las artes del Instituto Cultural de León (ICL), Lisette Ahedo Espinoza, aparentemente como una represalia por una expresión crítica en contra de la alcaldesa Bárbara Botello Santibáñez en una obra de teatro, es hondamente preocupante.

Parecían tiempos idos aquellos en los que los políticos del PRI metían a la cárcel a los cómicos carperos por los chistes en su contra, algo que pervive sólo por algunas crónicas urbanas quizá algún texto de Carlos Monsiváis.

Peor aún resulta el hecho de que la represalia se origine por que el Instituto Cultural de León es copatrocinador de la obra titulada Aparte, del Colectivo Alebrije, por lo cual no faltan los aplaudidores oficiosos que postulan la tesis lopezportillista de que un gobierno no debe “pagar para que le peguen”.

¿De verdad es tanta la hipersensibilidad de Bárbara Botello para que le moleste la expresión de una señora ofendida porque se le ha dado permiso a los danzoneros de bailar en el atrio de una iglesia del Barrio Arriba?

¿Tendrían que haber censurado los autores de la puesta en escena ese video para “no molestar a la alcaldesa”?

¿Considera Bárbara Botello que el dinero de los leoneses, que hoy por hoy le toca administrar  debe ser usado para premiar y castigar por razones personales?

Por cierto, el Festival Internacional de Arte Contemporáneo, que tuvo momentos en los que llegó a rivalizar con el FIC en algunos de sus espectáculos, está hoy convertido en un evento eminentemente doméstico, a causa sobre todo de los magros presupuestos que se le destinan desde la administración municipal.

Ello no tendría porque desmerecer el esfuerzo que significa un evento dedicado a la creación artística, siempre y cuando el apoyo al talento local sea constante y no se encuentre condicionado.

No parece ser así. El Instituto Cultural de León continúa menospreciado en el reparto de los presupuestos anuales; su consejo lo preside un constructor de obra pública que utiliza el cargo para traficar favores; y, ahora, el colmo es que también sea objeto de acciones de represión que constriñen la libertad artística.

No faltan los argumentos falaces que señalan la presunta incompetencia de Lisette Ahedo como justificación de su despido. Si así lo consideró el Consejo del ICL y su director, no se entiende entonces que le hayan dejado la responsabilidad de organizar el festival cultural más importante que patrocina el municipio. Tampoco se explicaría la ratificación de su nombramiento al iniciar la actual administración.

Por otra parte, quien queda en una situación muy comprometida es el director del Instituto de la Cultura, Sebastián Serra Martínez, un ex rector universitario con las suficientes credenciales intelectuales y académicas como para no tolerar la ramplonería y los arrebatos de la nueva clase política en el poder.

Preocupante, por encima de todo, resultan las actitudes de algunos de los involucrados en este desaguisado, como el director de la obra Aparte, Juan Manuel García Belmonte, quien ante los primeros señalamientos de que una crítica contenida en la obra que dirigió había originado el cese de Lisette Ahedo, envió con prontitud este deslinde:

Sólo deseo aclarar que la obra “Aparte” no es texto de un servidor sino de Sara Pinedo, miembro del Colectivo Alebrije, pero además, enfatizar que en ningún momento está escrito en el texto, o alguno de los actores de la obra dice palabra alguna sobre el gobierno municipal o la señora presidenta, que merece todo nuestro respeto. El testimonio del que se habla es un vox populi donde la gente opina en general sobre la situación del Barrio Arriba.”

Genial defensa de la libertad de expresión por parte de un artista: “no fui yo, fue Teté”. No les preocupa el acto de censura, sino eludir cualquier responsabilidad. Sólo falta que agregue que cuando se montó la obra él estaba dormido.

No es de extrañar que la sociedad civil vaya perdiendo terreno frente a los abusos de gobernantes patrimonialistas que regresan al poder como si no hubiese existido nunca la alternancia, ni los avances en materia de transparencia y rendición de cuentas.

Este caso, más allá de que se trate de un asunto localizado y que pareciera afectar solo a muy pocas personas (se afirma que la obra de referencia no fue vista por más de 80 espectadores), es una cuestión de la mayor relevancia, pues nos retrata de cuerpo entero como sociedad.

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