Arnoldo Cuellar

Las encuestas y el cristal con qué se miran

In Botepronto, Zona Franca on julio 16, 2013 at 3:50 am

La primera medición de opinión pública que se conoce en León desde las pasadas elecciones, efectuadas hace poco más de un año, resulta sumamente reveladora de cómo han venido ocurriendo las cosas después de la primera alternancia política en el gobierno de la ciudad tras 24 años de continuidad panista.

El triunfo de la candidata priista Bárbara Botello ocurrió en buena medida gracias a la votación de un electorado declaradamente panista que decidió castigar a ese partido por diversas causas, que van desde las percepciones de corrupción en los funcionarios surgidos del mismo, como por la mala selección de candidato.

Incluso la propia Botello lo percibió así, como muestra el hecho de que haya planteado en su propuesta de campaña un “cambio tranquilo”, en alusión a cualquier posible temor de que el regreso priista significara reconsideraciones drásticas de gobierno.

Así, la “encuesta” del primero de julio de 2012, como gustan expresarse los políticos respecto a las elecciones cuando los estudios de opinión no le favorecen, mostró una ruta de gobierno que, ya en el cargo, la alcaldesa no ha seguido.

Por eso mismo, no es de extrañar la descalificación que le asesta a nueve meses del inicio de su gestión un 43 por ciento del electorado, por una aprobación sólo del 11.6 por ciento.

La buena noticia para el gobierno barbarista proviene del hecho de que un 36.8 por ciento de la muestra encuestada aún le concede que es temprano para evaluar su trabajo y que es necesario darle mayor tiempo.

Es decir, si se considera como un indicador válido el resultado de la encuesta realizada el pasado mes de mayo por Inmersa Research, por cierto una de las pocas empresas de investigación de mercado que anticipó el triunfo del PRI el año pasado, se está muy a tiempo de concentrar el trabajo en el porcentaje de ciudadanos que han concedido el beneficio de la duda.

Para ello haría falta humildad y capacidad de rectificación, pues aún es temprano en el recorrido de la administración, de la que sólo ha transcurrido su cuarta parte.

El complemento de la evaluación de gobierno que se publicó ayer en estas mismas páginas, es el posicionamiento electoral que aparece hoy. Allí puede observarse que un 40 por ciento de la muestra se identifica con Acción Nacional, por un 15.4 por ciento que lo hace con el PRI.

Ese dato es consistente con el que responde a la pregunta sobre intención de voto en el momento de la encuesta: un 42.6 por ciento eligen al PAN, mientras que un 16.2 por ciento opta por el PRI.

La conclusión que salta a la vista es que nada en el actuar de la administración de Bárbara Botello, ni sus acusaciones al desorden y la corrupción del pasado, ni sus planteamientos programáticos, parecen haber impresionado todavía a los ciudadanos leoneses.

La expectativa sigue abierta y el beneficio de la duda persiste entre poco más de un tercio del electorado. Pero apenas poco menos de un 12 por ciento, de acuerdo a esta encuesta, está plenamente convencida de que lo está haciendo bien. Sus críticos, en cambio casi igualan a la suma de sus partidarios y de los escépticos.

El reto parece relativamente sencillo: se trata de conquistar a quienes aún confían en que el cambio haya ido en el sentido correcto. Es decir, Bárbara Botello ni siquiera tiene que lograr cosas espectaculares o ejercer grandes venganzas sobre los panistas, sino que bastaría con que gobernara con sensatez, con honestidad y con eficiencia para marcar distancias y aumentar sus bonos entre el electorado leonés.

Cabe señalar que aunque la alcaldesa de León muestra no pocas veces su intención de continuar una carrera política ascendente, esa circunstancia pasa necesariamente por ejercer un gobierno competente en León, pues una mala actuación podría implicar la derrota electoral y el regreso del municipio a manos del PAN, lo que anularía la hazaña de su victoria de hace un año.

Botello podría verse en el espejo de su amiga y correligionaria Lorena Martínez, la presidenta municipal de Aguascalientes, quien no obstante tener una alta calificación, vio como perdía la elección su partido el pasado 7 de julio, lo que le hizo decir “Respeto la decisión, pero me parece un poco impredecible y un tanto injusto”.

De cualquier manera, nadie podrá decir que no hubo avisos a tiempo.

 

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