Arnoldo Cuellar

Márquez y el PAN, un reencuentro necesario

In Botepronto, Zona Franca on julio 9, 2013 at 4:12 am

Hasta ahora, el gobernador de Guanajuato, Miguel Márquez Márquez, se ha mostrado más bien refractario a una relación de excesiva cercanía con el PAN, en otro gesto donde probablemente lo que quiere es distanciarse de los usos y costumbres de Juan Manuel Oliva.

En el arranque de su administración y presionado por situaciones como la derrota de su partido en León, el nuevo mandatario expuso de forma reiterada su intención de tener mayores vínculos con la sociedad, enfriando la excesiva identificación con el partido que lo postuló.

Ese ánimo se reflejo incluso en la composición del equipo con el que arrancó, tanto en su primer nivel como en lo que se llama el gabinete ampliado, donde fueron más los rostros sin militancia que los panistas reconocidos.

Sin embargo, la fórmula pronto mostró sus limitaciones. Los panistas que participaron alegremente en la campaña de Miguel Márquez, ex secretario estatal del partido, como “uno de los suyos”, comenzaron a reclamar cada vez más airadamente.

Fue necesario abrir las puertas a los “operadores políticos”, quienes ocuparon plazas de directores de descentralizadas, directores generales y directores de área en las diversas dependencias de la administración. A la primera horneada le siguió una segunda, que ocupó posiciones secundarias, aunque nada desdeñables, como las jefaturas de las unidades de servicio a la educación en numerosos municipios del estado.

Sin duda, y Márquez ya lo comprobó, resulta imposible pensar en gobernar sin el apoyo de un partido político, máxime si quien lo intenta es dueño de una vida eminentemente partidista y su encumbramiento se debe, en buena medida, a la acción de sus compañeros militantes.

Además, en el régimen democrático de partidos en el que vivimos, resultaría contraproducente que los gobernantes desconocieran la fuerza política de la que provienen, en la que se han formado y que los trasciende en el tiempo.

Esta claro que los partidos políticos no son instituciones perfectos y menos en el momento actual, cuando se han visto invadidos por el oportunismo, la falta de oficio, la corrupción y la desestructuración ideológica e intelectual. Sin embargo, no hay a la vista un sustituto de estas formaciones en la tarea de formar gobiernos y organizar políticamente a la sociedad.

Por ello, el reacercamiento del gobernador de Guanajuato con su partido puede ser, no un retroceso, sino simplemente un ejercicio de congruencia. Márquez gusta de manejar posiciones éticas e, incluso, moralizantes, algo que sin duda le puede hacer mucha falta al PAN en momentos que hace crisis el pragmatismo. También, en contraprestación, la lógica partidista del poder puede aportarle al mandatario guanajuatense alguna dosis saludable de métodos e intenciones prácticas.

Sin embargo, no bastará que Miguel Márquez haga política partidista a nivel local, aunque sin duda es más que necesario para el mejor control de las variables políticas de su gobierno. En cambio, lo realmente prospectivo será que también haga presencia en su partido a nivel nacional, sobre todo en los momentos de definiciones que se aproximan.

El gobernador de Guanajuato ganó su elección hace un año, en medio de una grave debacle panista. Resistió el embate de la ola peñanietista, una despliegue inédito de recursos de parte del PRI y a un candidato veterano y carismático, como el desaparecido Juan Ignacio Torres Landa.

Esos antecedentes lo convierten en un cuadro de valor para el PAN, a diferencia de políticos que ya solo son emblemáticos, como ocurre con la mayor parte de los ex gobernadores; pero, además, con el agregado del control territorial. Sin embargo, nada de eso servirá si el propio político rinconense no se decide a hacer política más allá de las fronteras del estado.

En medio de las confusiones que vive su partido, de las disputas por el liderazgo que parten de pugnas de intereses, de la orfandad de muchos militantes y de la pérdida del rumbo en términos estratégicos, hace falta la aportación de todos los panistas, pero particularmente de los que desempeñan cargos de representación obtenidos con grandes esfuerzos, precisamente, de los propios panistas.

En reciprocidad, participar más de cerca en la discusión sobre el futuro del PAN, así como estar presente en la contienda que se avecina por la renovación del liderazgo nacional, le dará a Márquez una presencia que mucha falta le viene haciendo, hasta para mejorar su capacidad de interlocución con el gobierno priista de Enrique Peña Nieto.

De modo que Márquez necesita estar en el debate nacional de su partido para su propio beneficio, pero también para abonar a la reconstrucción de un futuro para la organización a la que ha dedicado buena parte de su vida y que le colocó donde está: es un asunto de conveniencia, pero también de generosidad y agradecimiento.

Es decir, una adecuada combinación de pragmatismo y de valores que no le vendrá nada mal, si nos atenemos a sus convicciones.

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