Arnoldo Cuellar

El PAN vive su peor momento

In Botepronto, Zona Franca on junio 18, 2013 at 4:01 am

Anoche eligieron al nuevo secretario general del PAN apenas 18 integrantes de los 34 que componen el comité directivo estatal. Si esa no es una crisis, no sabemos cuál lo será.

José de Jesús Correa, ex alcalde de San Miguel Allende y ex diputado local, llega a suplir a Arturo Navarro, el amigo de Miguel Márquez quien ahora se ha incorporado a su administración, a tratar de darle peso político a una secretaría de Gobierno que no gravita en lo más mínimo en los escenarios de la vida púbica local.

El PAN no parece estar dividido, sino más bien pulverizado. Los liderazgos se han multiplicado y también han disminuido de tamaño.

El ejemplo que recientemente dieron en León Mayra Enríquez y Miguel Salim, para elegir como candidato de unidad a Alfredo Ling, no parece haber permeado. Allí está el caso de Irapuato, envuelto en litigios interminables, potenciados por vanidades personales e incumplimiento de palabras empeñadas.

La crisis del PAN se alimenta por muchas causas. Mencionaré aquí dos que no pueden eludirse, una de ellas sistémica; la otra, coyuntural.

La primera tiene que ver con la conversión de los panistas en una clase política oportunista que ya no es capaz de vivir sin los recursos del estado. Cuando no ocupan cargos públicos, integran empresas que les venden bienes o servicios a los amigos que se quedan en el poder. Los panistas pasaron de ser el partido que criticaba el abuso del poder, a vivir del poder a como diese lugar.

Gerardo Trujillo, el dirigente al que le acaban de hacer el vacío la mitad de los integrantes de su comité estatal, aduce que los panistas que hacen negocios con el estado “no deben ser satanizados”. Desde luego que no, lo único que deben es ser supervisados, para saber si se trata de negocios realizados en igualdad de circunstancias o de abiertos favores políticos.

Sin embargo, la complacencia de los responsables de conducir al partido que le trajo al país la alternancia en el poder gracias a su larga tenacidad opositora y a la honestidad de sus fundadores, habla mucho de lo que están pasando en estos momentos en Acción Nacional.

La otra parte de la crisis tiene que ver con la decisión de Miguel Márquez de sostener una relación de ambigüedad con su partido. De una parte asegura que no intervendrá en sus decisiones; de la otra llena las oficinas de gobierno de militantes panistas a los que se les paga su inclusión en la campaña, pero a la vez se les habilita como una fuerza de tarea para futuras batallas partidistas.

Márquez no parece tener disposición para contribuir a que el PAN se fortalezca con independencia de su gobierno; tampoco ha puesto su liderazgo al servicio de un proyecto de coordinación. Sin embargo, tampoco hay indiferencia, pues a contramano y con sigilo ha habilitado a su secretario particular, Christian Cruz, como el encargado de ingresar a cientos de panistas en las nóminas de todas las dependencias estatales, más allá de perfiles y capacidades.

Sin embargo, la maniobra carece del componente político que podría darle al gobernante un papel de liderazgo al interior de su partido, sobre todo por falta de aliados.

El panorama pinta para una confrontación en la que Miguel Márquez enfrentará a los liderazgos que ha despreciado poniéndoles enfrente un ejército desmadejado y sin liderazgos firmes.

En esa circunstancia, no se antoja remoto que la elección intermedia de 2015, cuando se renueva el Congreso, encuentre al PAN debilitado, fragmentado y enfrentado en luchas intestinas.

Márquez ha dicho a sus cercanos que el no tiene aspiraciones políticas posteriores a la gubernatura. Sin embargo, probablemente no ha pensado en el escenario que podría significar enfrentar la segunda parte de su gestión con un congreso opositor.

Debería hacerlo, pues todo indica que ese es el escenario que está construyendo con sus decisiones de hoy.

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