Arnoldo Cuellar

Márquez, gobierno al borde del abismo

In Botepronto, Zona Franca on abril 29, 2013 at 4:05 am

El momento, por más complicado que parezca, parece el más propicio para la reflexión: las cosas no están funcionando en el gobierno de Miguel Márquez. No es que haya fallas en algunas áreas, que se esté navegando en una curva de aprendizaje o que haya que esperar un asentamiento. Lo cierto es que parece haber una crisis sistémica.

Lo primero es la política. El eje de acción que completan la Secretaría de Gobierno, la coordinación panista en el Congreso y la dirigencia del PAN como partido en el gobierno, no sólo parece roto sino que es prácticamente inexistente. Lo que se ha dado en llamar internamente el Sistema PAN, vive su peor momento de los últimos tres sexenios.

La debilidad del partido gobernante no sólo se deriva de crisis internas, sino que en buena medida es un resultado de la no política que Miguel Márquez ha decidido hacia el PAN, pretendiendo un gobierno ciudadano que debilita la interlocución con las otras fuerzas políticas, pues más fácil un entendimiento claro entre partidos que la construcción de una simulación con un gobierno que se pretende no partidista.

De allí se podrían explicar los continuos tropiezos con los otros partidos y con los alcaldes de otras extracciones política: ni el gobernador ni sus funcionarios han logrado un diálogo fluido y productivo; pero, aún más grave, tampoco han procesado desacuerdos claros.

Parte de este costo deriva de la ineficacia y la novatez de personajes como Antonio Salvador García López y Juventino López Ayala, los titulares de la SG y la coordinación del PAN en el Congreso. Sin embargo, más que a ellos, la responsabilidad compete a quien los designó y apostó por sus perfiles.

En el caso del PAN, Gerardo Trujillo no es ningún novato y su designación no correspondió a una participación directa de Márquez; sin embargo, la decisión de enfrentar a la confluencia de corrientes que lo hizo salir avante en la pasada elección interna del PAN, ha tenido consecuencias y las seguirá teniendo. Por si fuera poco, la decisión del gobernador de eliminar panistas de posiciones gubernamentales, muchas veces justificadamente, lo deja sin bazas negociadoras.

Esta crisis al interior del PAN se podría sobrellevar si el gobierno estuviese mostrando eficiencia en otros desempeños. No es así. El desgaste de Márquez para impulsar decisiones como las de las megacompras (videovigilancia, medicamentos y luminarias), lo ha colocado en la tesitura de mostrarse como un gobernante ávido de establecer contratos con una alta opacidad, justamente el mismo y grave pecado de su antecesor, algo de lo que él mismo ha hecho un tema.

Por si algo faltara, otras áreas del diario hacer del gobierno se muestran descuidadas: la obra pública no ha arrancado, pero cuando lo haga mostrará su insuficiencia; la política de atracción de inversiones no será tan exitosa como antes por las nuevas condiciones, pero además padece una gestión esquizofrénica por la desconfianza de Márquez hacia Héctor Lopez Santillana.

La política social está en etapa de diagnóstico, pero ya sabe que enfrentará el embate de los operadores priistas colocados en posiciones clave del gobierno federal, donde se manejarán decisiones y recursos con lógica partidista. Ante ello habría que tener una posición defensiva, pero el gobernador ya ha mostrado que no quiere problemas con el presidente Enrique Peña Nieto, lo que lo deja inerme.

El gabinete de Márquez se mueve de manera aislada, no parece haber ninguna posibilidad de transversalidad, vertiente que demandan muchas políticas de impacto social. El única área que muestra una coordinación que más bien parece subordinación, es la de Seguridad , con la secretaría del ramo y la Procuraduría de Justicia, actuando con una gran unidad de fines.

Y no es que la coordinación en materia policiaca sea negativa; pero si parece muy inconveniente la uniformidad de criterios políticos. Así, si para el procurador Zamarripa no existen los feminicidios, el secretario Cabeza de Vaca de inmediato se adscribe a la misma posición.

En todo esto, lo que reluce es una gran ausencia: la de la conducción política que debe ejercer el gobernador del Estado auxiliado de su equipo staff. En torno a Márquez, en el círculo más cercano, también parece privar la confusión: el manejo de la agenda es caótico y casuístico y no revela prioridades ni programa; la línea del discurso oficial está a merced de las ocurrencias y del humor del mandatario; hay un gran énfasis en las actitudes reactivas, Márquez prácticamente no coloca temas en la agenda del estado, pero se sube a todos los que emergen.

Pareciera como si este gobernador no tuviese un cuarto de guerra, sino una pequeña Torre de Babel que nunca logra acuerdos claros y donde la iniciativa pasa de un área a otra, dependiendo de cuestiones circunstanciales.

Fue notable como hace unos días, el área de comunicación subió una campaña de apoyo a las mujeres, cuando esa cuestión había alcanzado su punto candente una semana atrás y el debate se había movido al tema de la corrupción y la transparencia. Por supuesto, la campaña de marras duró solo un día.

La de transparencia y rendición de cuentas es toda una crisis en sí misma. Luego de tardarse varios meses en procesar las consecuencias de una auditoría concluida desde principios de año, la titular de este área, Isabel Tinoco, fue enviada a la guerra justo un día después de que reventara una sesión del Congreso para evitar la conformación de una comisión anticorrupción.

Casi sobra decir que la difusión de una retahíla de funcionarios sancionados, muchos de ellos con apenas unos días de castigo como si se pretendiese rellenar una lista, no logró evitar la sensación de que el gobierno de Márquez no sabe que hacer con las herencias que recibió, entre otros, de sí mismo.

Con la sanción de dos docenas de funcionarios, donde los más conspicuos son el ex director de ISSEG, Miguel Salim; y el subsecretario de Desarrollo Agropecuario, Arturo Nieto, el gobierno panista de Miguel Márquez no ha logrado convencer un ápice de que quiera ir más allá de una simple administración de daños, pero en cambio si despertará nuevos rencores entre los suyos.

Si la acumulación de todos estos temas, más otros que ya se avizoran en el horizonte, no constituyen una necesidad apremiante para que Miguel Márquez se concentre en una reflexión urgente de hacia dónde quiere llevar al gobierno y a Guanajuato en los próximos cinco años y siete meses, los problemas no serán sólo para esta desastrada administración, sino para todos los ciudadanos de Guanajuato que padeceremos su extravío.

arnoldocuellar@zonafranca.mx
@arnoldocuellaro

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