Arnoldo Cuellar

Martín Ortiz, la tarea de deshacer entuertos

In Botepronto, Zona Franca on marzo 11, 2013 at 3:44 am

La hazaña política de haber expulsado al PAN de la presidencia municipal de León, tras casi un cuarto de siglo en el poder, abrió un capítulo que permitía trazar rutas a futuro para el grupo de priistas que se aglutinó en torno a Bárbara Botello Santibáñez.

¿Quién podría arrebatarle a esta batalladora mujer la posibilidad de consolidar un grupo propio que no sólo mantuviera la hegemonía en León, sino que incluso se atreviera a lanzarse a la aventura de la política estatal?

En efecto, sólo sus propios errores y los del equipo conformado en duras y prolongadas confrontaciones al interior y afuera del tricolor, podrían limitar la continuidad de una cadena de logros, tras de haber iniciado con el reto más difícil por delante.

Y dentro del equipo, el más abocado a plantear un proyecto de continuidad en León, por la experiencia previa, pero también por la aportación a la densidad política de un grupo muy heterogéneo, es sin duda el secretario del Ayuntamiento, Martín Ortiz García.

Con vocación por el servicio público desde joven, con preparación académica sólida, dueño de dos carreras universitarias, veterano en batallar contra el PAN a lo largo de más de dos décadas, ex dirigente partidista en León, con experiencia parlamentaria, Martín Ortiz no tenía quien le hiciera competencia en el entorno de Botello, donde incluso es reconocido como el político del equipo.

Por ello también, el grupo de barbaristas históricos, donde se forman Luis Fernando Gómez, Aurelio Martínez, Salvador Ramírez Argote y Verónica García Barrios, confiaban en que Ortiz se haría cargo de la parte dura y laboriosa de la gobernabilidad, mientras Botello se dedicaba a lo que sabe hacer muy bien: la parte mediática y de imagen, así como las relaciones públicas y políticas del nuevo Ayuntamiento.

Incluso, para la alianza con los Verdes, la funcionalidad de Martín Ortiz como el político de la administración venía como mandada a hacer: en el entendimiento de los pactos y el reparto del poder, nadie mejor que un político formado, parecían pensar Beatriz Manrique y Eugenio Martínez.

Sin embargo, como suele ocurrir hasta en los mejores planes, las cosas se movieron con el impacto de la realidad. Una de las razones: los pactos secretos entre Bárbara Botello y Ricardo Sheffield, donde muy probablemente no estuvo presente Martín Ortiz, pero sí en cambio un nuevo grupo que se volvió influyente con presteza, el encabezado por Roberto Pesquera, Ignacio Ramírez y Germán Martínez.

La nueva composición cobró fuerza a las pocas semanas de iniciada la administración barbarista. Roberto Pesquera, desde la tesorería, empezó a ganar peso en las decisiones administrativas del municipio, e incluso en las políticas, lo que empezó a crear la percepción de que también podría ser un aspirante a suceder a su actual jefa.

La preeminencia del tesorero en los primeros meses del nuevo gobierno municipal en León, trajo como efecto un repliegue de Martín Ortiz, de por sí poco proclive a los reflectores. Con más oficio y conocimiento del terreno, sabedor de que es una carrera de resistencia, el secretario del Ayuntamiento esperó a que los desbocados se tropezaran.

Y ya ocurrió. La desaforada tendencia a los negocios del grupo pesquerista le provocó un dolor de cabeza a Bárbara Botello y su primer tropiezo grave ante la opinión pública, permitiendo incluso la posibilidad de una reagrupamiento del PAN para salir del pasmo en que lo sumió la derrota de julio pasado.

Porque, a diferencia de los errores o los excesos de los primeros días, como la pista de hielo o la toma de posesión, en el caso de los 150 Hyundai adquiridos mediante el arrendamiento más caro de México, el tema se presta para pensar en corrupción organizada y premeditada.

Los panistas, tan tibios en el arranque, no han dejado pasar la oportunidad y han querido salir a cobrar cabezas, si no la del tesorero, por lo menos las de algunos de sus colaboradores, ejerciendo una presión más política y publicitaria que propiamente jurídica.

Allí es donde, por fin, ha decidido salir del mutismo el secretario Martín Ortiz, precisamente para sacar del atolladero a su aparente adversario y principal causante de los primeros tropiezos de la administración. Lo ha hecho con elegancia, pero también con precisión, en lo que puede ser considerado una limpia bofetada con guante blanco.

Cabe decir que asuntos como el de las denuncias del regidor priista Aurelio Martínez en contra de Roberto Pesquera, éste llegó a culpar a Ortiz de no controlar al cabildo priista ante la propia Bárbara Botello.

Hoy, que Martín Ortiz sale a defender al novato tesorero y a la gestión de Bárbara Botello sabe que, más que nada, está defendiendo su propio futuro. Difícilmente un integrante de la actual administración podrá aspirar a algo si esta no resulta ser eficiente, innovadora y se contrasta con las antecesoras panistas.

Incluso si el PRI recibe el empuje del gobierno federal y se ve beneficiado por un nuevo clima frente al desgastado panismo local, es muy probable que el candidato tricolor provenga de otros ámbitos si es que el gobierno de Botello no se significa por ser exitoso y mantener una imagen impecable.

De modo que Martín Ortiz no está rescatando a Pesquera, sino sacando de la barca el agua que este ha metido con sus torpes operaciones administrativas. Será una tarea de romanos, si no se entiende la lección.

arnoldocuellaro@zonafranca.mx

@arnoldocuellaro

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