Arnoldo Cuellar

Bárbara Botello o un gobierno que divide a la ciudad

In Botepronto, Zona Franca on febrero 25, 2013 at 3:37 am

Quizá la señal más grave que se aprecia tras la tensa semana que se vivió en el municipio de León, producto del actuar de los responsables del gobierno de esa localidad, es el ánimo de rijosidad y de división de parte de quienes son los encargados, por ley y por mandato ciudadano, de unir a la comunidad en pos de objetivos comunes.

La adquisición de 150 vehículos a través de un mecanismo financiero de renta pudo haber sido una más de las centenas de transacciones y decisiones que deben de tomar los administradores de una ciudad populosa. Ni por monto ni por destino debería ser trascendente.

Lo que volvió noticia ese tema administrativo francamente menor, fue el sobreprecio con el que se pretende realizar la operación, que incluso para el observador más lego resulta escandaloso.

De allí a convertirse en noticia de ocho columnas no medio más que un paso: el tema ocupó a los medios prácticamente toda la semana y enredó a más no poder a la alcaldesa Bárbara Botello, a los integrantes del Cabildo y a los funcionarios del municipio.

El asunto del arrendamiento, sus costos y su procedencia seguramente seguirá ocupando espacios mediáticos y le dará tela de donde cortar a la desorganizada y tibia oposición en la que se ha convertido el otrora poderoso PAN, sin embargo, de allí no provienen los temas más preocupantes para el futuro de León.

Lo que se ha convertido en un asunto de primera importancia es la forma en la que reaccionan los políticos que hoy por hoy gobiernan al municipio, la cual lejos de propiciar el clima de concordia necesario para afrontar los muchos retos de esta comunidad, se convierte en sí mismo en un obstáculo más para el desarrollo.

Llama la atención, particularmente, la filtración de una carta del Grupo Aryba, empresa constructora propiedad de una familia de la que forma parte el regidor Alejandro Arena Barroso, la cual solicita una serie de respaldos consistentes en obras y equipamiento en torno a la inversión que realiza en un centro comercial en la salida a Silao.

Es una petición que no tiene nada de extraño, como tampoco lo tiene que el municipio haya denegado las obras allí solicitadas. Donde las cosas se salen de madre es cuando desde la administración Botello se decide hacer pública esa información para insinuar que las críticas del regidor Arena Barroso y su desistimiento de apoyar el arrendamiento de los 150 autos, se deben a la negativa recibida por la empresa de sus hermanos.

La alcaldesa le ha llamado a esa acción “un acto de transparencia”, reconociendo de forma implícita la autoría de la filtración. En cambio, es hora de que la Contraloría Municipal, que encabeza Alberto Padilla, aún no recibe la información que solicitó al tesorero Roberto Pesquera sobre las contrataciones para la villa navideña y el arrendamiento de autos, casos ambos donde se presentan problemas de costos inflados.

Se trata del mismo Roberto Pesquera en cuyo poder se encontraba la carta de grupo Aryba que llegó tan oportunamente a los medios.

Es la ley del embudo: lo que le interesa difundir al tándem Botello – Pesquera para desprestigiar a quienes consideran críticos o adversarios, sale por vía rápida y sin tocar baranda hasta ciertos medios de comunicación que han decidido jugar el papel de brazos armados de la administración.

Fue lo mismo que ocurrió en el caso de Carlos Medina Plascencia y el Observatorio Ciudadano, donde los detalles administrativos de los acuerdos entre la fundación del ex gobernador y la administración de Ricardo Sheffield, fueron manejados de manera subrepticia y extraoficial para provocar desprestigio, puesto que no se les ha dado ningún seguimiento en un terreno formal.

En cambio, un trámite oficial como lo es el entregar los detalles de la licitación de los 150 autos en arrendamiento o el costo de la pista de hielo, se guardan celosamente como secretos de estado. Ni el regidor Aurelio Martínez, que lo ha solicitado reiteradamente, ni el contralor a quien tiene obligación de informar, han recibido los documentos de parte de Pesquera.

De estos antecedentes se desprende una lectura: Bárbara Botello parece asumirse como la comandante de un ejército que está en guerra y no como la cabeza de una comunidad que dejó atrás la contienda electoral y se dispone a trabajar a favor de todos.

Desde luego, puede tratarse de una posición legítima en la función pública. No son pocos los políticos que gustan verse a sí mismos como guerreros. No en balde las lecturas que más los cautivan, cuando les da por leer, son volúmenes como El Arte de la Guerra de Sun Tzu o El Príncipe, de Maquiavelo.

Sin embargo, lo peor que puede hacer un personaje público es evidenciar su beligerancia, lo que le sitúa como rijoso y débil. La disposición táctica de un buen político generalmente se da en forma defensiva o mediante la intriga, donde su mano no se adivina.

No es lo que vemos en León en este momento, donde en poco menos de 140 días una administración que representaba aires de cambio, que llegó bajo el signo de la lucha contra la acumulación de vicios y deshonestidad de 24 años de panismo, rápidamente se ha colocado en una situación defensiva, desde la que lanza ataques sin ton ni son a quienes ni siquiera son sus enemigos.

La señal mandada por la exhibición de la carta de peticiones de Aryba es peor que un crimen, es un error. ¿Qué pueden esperar otros grupos empresariales que deseen invertir en León? ¿Estarán sujetos en sus tratos al estado de ánimo de políticos que pierden la ecuanimidad a las primeras de cambio?

Y la otra pregunta: ¿conoceremos de primera mano las peticiones que muy seguramente harán las empresas chinas que buscan instalarse en las Joyas? ¿O es que para la administración Botello hay inversionistas de primera y de segunda?

Son preguntas que merecen una contestación de quien ofreció llevar a León a nuevos estadios de competitividad y que hizo campaña señalando las deficiencias y las incompetencias de las administraciones panistas.

A menos… a menos de que no se tenga ni siquiera la menor idea de para qué se quería gobernar.

arnoldocuellaro@zonafranca.mx

@arnoldocuellaro

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