Arnoldo Cuellar

Los molinos de viento de Bárbara Botello

In Botepronto, Zona Franca on enero 8, 2013 at 3:52 am

La alcaldesa de León, la priista Bárbara Botello Santibáñez, consumó una hazaña política el pasado primero de julio, al acabar con dos décadas y media de gobiernos panistas, gracias en buena medida al mismo voto que consolidó la hegemonía blanquiazul en ese municipio.

El PRI elevó su votación histórica en niveles notables; se produjo, además un voto diferenciado en relación a elecciones como la de gobernador y presidente de la República, que hizo de Bárbara Botello la candidata con la votación más alta en el mayor municipio del estado, por encima de los candidatos presidenciales.

Como, además, la señora Botello ha dado algunos indicios de que tiene la intención de continuar su proyecto político por otros derroteros, estatales y nacionales, resultaba lógico pensar que tendría el cuidado de mantener  de su lado la confluencia de votos que la convirtió en el mayor éxito del PRI, en lustros, en Guanajuato.

Sin embargo, no ha sido así. La alcaldesa, quien luego de incorporarse al PRI desde la sociedad civil se ha rodeado de un núcleo duro de colaboradores fuertemente ideologizados, ha encabezado ya varias escaramuzas donde engloba al PAN, en su conjunto, como el enemigo a vencer.

Así pasó cuando enderezó sus baterías en contra del ex gobernador Carlos Medina Plascencia, quizá uno de sus mayores aliados involuntarios al haber sido un tenaz crítico de las debilidades representadas por el candidato Miguel Salim.

La administración de Botello trató a Medina como un político abusivo, sin matices de ninguna clase, por las asesorías que su Fundación ofreció a Ricardo Sheffield y por la creación del observatorio ciudadano. El escándalo incluso encontró complicidades en el propio PAN, donde hay muchos políticos a los que disgusta el aura de honorabilidad que Medina ha defendido a lo largo de su vida pública.

El mismo tic antipanista y anticonservador se dejó sentir en la decisión de no conmemorar el aniversario de la matanza del 2 de enero, por parte de la administración Botello, como si se tratará de una efeméride sólo blanquiazul y no ciudadana.

La masacre que frenó la protesta cívica contra un fraude electoral en 1946 y que provocó la caída de un gobernador, fue dejada de lado del calendario cívico del municipio. Hasta que se hizo evidente que algunos panistas acudirían a rescatar la ceremonia, desde el ayuntamiento, se instrumentó una ceremonia de honores a la bandera, para cubrir el vacío, donde hubo una intervención de la alcaldesa que hizo alusiones al tema.

En una tercera evidencia de la cruzada contra sus antecesores en el municipio, Botello acaba de señalar que revisará el padrón de contratistas del municipio, pues se ha favorecido a los que militan en Acción Nacional.

Hasta donde se sabe con datos públicos confirmados, los dos mayores contratistas de la era Sheffield fueron José Luis Infante y Alfonso Barajas, ninguno de los cuales es panista; en cambio, ambos son ya muy cercanos a la administración Botello, según se sabe en el propio medio de la construcción, en una muestra de que el dinero no tiene partido.

En todo caso, en materia de contratos y obras lo mejor sería que la ideología y la militancia quedarán de lado para privilegiar la solvencia, la eficiencia y la capacidad técnica, pues ser panista o priista no garantiza nada en ese terreno.

Sin duda el periplo de la administración priista de León y su alcaldesa apenas inicia y lo que pasa hasta ahora no deja de ser el round de tanteo.

Sin embargo, si prosigue la tendencia de hacer una gestión rijosa o excesivamente beligerante, en lugar de exhibir buenos resultados y un mejor modo de ejercer el poder, Bárbara Botello correrá el riesgo de alejarse de una ciudadanía que si bien se cansó del PAN no parece compartir el ánimo de linchamiento que a veces muestra la flamante alcaldesa priista.

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