Arnoldo Cuellar

El corredor de largas distancias

In Botepronto, Zona Franca on noviembre 2, 2012 at 3:00 am

Tan pronto como el gobernador Miguel Márquez le dio posesión del cargo de secretario de Desarrollo Social y Humano, Éctor Jaime Ramírez Barba, quien había sido jefe de campaña y hombre de las confianzas del nuevo mandatario durante las etapas preelectoral y electoral, fijó su meta en una fecha del futuro calendario electoral de Guanajuato.

El médico cirujano que ha sido dos veces secretario de Salud de Guanajuato, que se inscribió al PAN bajo el padrinazgo de Juan Manuel Oliva y que no tuvo empacho en presentarse a contender por un cargo de consejero universitario en plena campaña electoral por la gubernatura, ha iniciado un intenso peregrinar por toda la geografía guanajuatense con el mejor pretexto posible: el establecimiento de una política social para Guanajuato.

Aunque hay quienes ven a Ramírez Barba como un prospecto para que Acción Nacional busque recuperar la alcaldía de León en 2015, en realidad, por temperamento y por coyuntura, al también destacado integrante del grupo universitario le va a venir mejor esperarse hasta las definiciones que ocurrirán de cara al 2018.

Previsor, como es; cuidadoso de sus equilibrios, como buen galeno, el secretario de desarrollo social ya se prepara para un tranco largo de competencia, no sólo en lo político, sino incluso en términos de condición física.

Para ello, no es infrecuente que se le vea correr con denuedo a lo largo de los cinco kilómetros del acceso Diego Rivera de la ciudad de Guanajuato, respirando el aire de montaña que baja del cerro de La Bufa y de Los Picachos a cuya vera se extiende la vialidad.

Sin embargo, no hay esfuerzo sin compensación. Al regresar a sus oficinas en el paseo de la Presa, en una vieja casona de aire victoriano, dentro de pocas semanas el secretario que combate la pobreza extrema de Guanajuato podrá disfrutar de un reconfortante baño en una ducha que se está construyendo ex profeso en estos días, como si no hubiese otras urgencias en su área.

Desde luego, dicho gasto estará plenamente justificado si de lo que se trata es de mantener en buena forma a uno de los más precoces corredores de las aún lejanas justas políticas que vivirá la entidad, en un futuro que la mayor parte de los mortales comunes ni siquiera nos imaginamos.

Incluso alguien tan estricto y tan apegado a la norma como la secretaria de Transparencia y Rendición de Cuentas, Isabel Tinoco, tendrá que entender que en la política, como en la vida, hay prioridades.

Habrá que revisar, por aquello de no dejar dudas que luego se presten a las molestas investigaciones periodísticas, si existe una partida para construcción de duchas destinadas a funcionarios preocupados por su forma física; si se realizó algún tipo de reasignación o si, sencillamente, los administradores de don Éctor resolvieron las cosas como en el DIF de doña Martha Martínez de Oliva: por sus puros pantalones.

También será necesario indagar si se solicitaron los permisos respectivos para las modificaciones, pues la casona que Sedeshu ocupa es un inmueble catalogado por el Instituto Nacional de Antropología e Historia. No sonaría bien que en aras de la salud se rompiera la ley.

Lo que sí queda claro es que Ramírez Barba es un funcionario efectivo. Mientras en otras áreas del gobierno apenas andan sentándose en la silla, aquí ya hasta remodelaron el privado del secretario.

Sólo nos queda esperar que tanta prontitud y eficacia se repita en las áreas sustantivas de la responsabilidad del secretario de Desarrollo Social, en cosas tan abstractas como la disminución de los índices de marginación y el combate a la pobreza extrema.

Allí, precisamente, es donde muchos ansiamos ver el sprint de Éctor Jaime, para saber si el fuelle le alcanzará para un sexenio.

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