Arnoldo Cuellar

Historias de la transición: la manga ancha de Éctor Jaime

In Botepronto, Zona Franca on agosto 24, 2012 at 3:42 am

Una transición política es un proceso por demás delicado. Lo que se echa a perder  en una etapa de cambio de gobierno puede durar años en repararse.

Ahí está por ejemplo, el lastre que le significó a Juan Manuel Oliva la preeminencia adquirida por Gerardo Mosqueda en los días que se preparaban para asumir el gobierno, la cual provocó una escisión de la políticas públicas en los dos primeros tercios del sexenio que concluye.

El hecho de que Oliva le haya dejado a Mosqueda la decisión de calificar el gabinete y reclutar a buena parte de sus cuadros, será una de las explicaciones que en el futuro quedarán sobre los lastres de esa administración.

Allí está, por si hiciera falta un ejemplo, el conflicto que Mosqueda creó y heredó a Oliva con el principal emporio mediático de Guanajuato, algo que sin duda marcó este sexenio y amenaza con teñir el arranque del que viene, como muestra de lo dañino que puede resultar el descuido de los equilibrios durante una transición.

La reflexión viene al caso por algunos signos que empiezan a vislumbrarse en estos días en el equipo con el que Miguel Márquez Márquez se prepara para asumir sus nuevas responsabilidades.

El coordinador del equipo de transición, Éctor Jaime Ramírez Barba, tomó la decisión seguramente en uso de las atribuciones que le ha delegado el mandatario electo el pasado primero de julio, de asignar algunos responsables de encabezar la recepción de información de las numerosas dependencias gubernamentales.

Todo iba en orden hasta que en las instalaciones del Instituto de Seguridad Social del Estado de Guanajuato, dependencia que está convertida en una papa caliente en estos días, se presentó a solicitar una cita con el actual director, Javier Luna López, nada más y nada menos que el ex director de la misma en la primera parte del gobierno de Juan Carlos Romero Hicks: Jorge Romero Hidalgo.

No se trata de cualquier personaje, Romero Hidalgo no sólo fue un funcionario de todas las confianzas de Romero Hicks desde la Universidad de Guanajuato, sino que concluyó la gubernatura de éste como responsable de la entonces Contraloría General del Estado, dependencia que entregó, precisamente a Miguel Márquez Márquez.

Muchos aún recuerdan las serias dudas con las que el nuevo contralor, que a la postre propició el cambio de nombre de la dependencia y sus funciones, como Secretaría de la Gestión Pública, recibió el despacho de manos de su antecesor.

En el tintero quedaron las suspicacias sobre la deficiente fiscalización que Romero Hidalgo realizó de la Secretaría de Obra Pública dirigida por Ricardo Ortiz, durante una de las épocas de mayor florecimiento del “diezmo”, es decir el nefasto mecanismo de extorsión a constructores para asignación de contratos.

Estos antecedentes hicieron que la reaparición de Romero Hidalgo prendiera alarmas en varias oficinas del gobierno estatal saliente, tras de que Javier Luna, un funcionario técnico que no da un paso sin consultar con sus superiores, informara del arribo de Romero Hidalgo a sus oficinas.

Más pronto que tarde, la reunión de Romero Hidalgo con Luna fue abortada tras de ser consultada con el propio Miguel Márquez, quien no tenía noticias de que hubiera reclutado en su equipo al ex romerista.

Las investigaciones que siguieron al hecho arrojaron luces: quien incorporó a Romero Hidalgo al equipo de transición sin haberlo consultado antes con Márquez, fue Éctor Jaime Ramírez Barba, quien fuera su compañero de gabinete como secretario de salud en la administración 2000 – 2006.

Desde luego, puede tratarse de un gesto de amiguismo sin mayor trascendencia política, de un error menor dentro de un complejo proceso para conocer las entrañas de la administración que se recibe.

Más grave, en cambio, sería que la decisión de apoyarse en Jorge Romero proviniera de alguna gestión del senador electo Juan Carlos Romero Hicks, el verdadero jefe político del ex funcionario, pues en ese caso el tema debería haber sido tratado de inmediato con Márquez por tratarse de la recomendación de un ex gobernador.

Sin embargo, como hombre fuerte del equipo marquista desde la precampaña, parece claro que Ramírez Barba sigue mostrando debilidades a la hora de las decisiones políticas y un exceso de autonomía que en nada beneficia a quien depositó su confianza en él.

Esta situación deberá corregirse antes de que se cause un daño mayor en el arranque de un gobierno que enfrentará una situación más comprometida que cualquiera de las que haya visto el panismo de Guanajuato en el pasado. El horno no está para bollos, menos para protagonismos.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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Twitter: Arnoldo60

  1. se necesita buscar con lupa el personal apto politica y administrativamente,para seguir con la gubernatura en manos de accion nacional,si se empe;an en gente que ha salido mal librada que se atengan a las consecuencias,y que se preparen para la transicion a otro partido.Se requiere un gobierno sin corrupcion,y que en realidad se castigue a los funcionarios corruptos,la gente quiere ver que a los funcionarios de peso tambien se les castiga por sus faltas,estan con el ahora si y nada.

  2. “Vamos a seguir luchando por Acción Nacional, pareciera que se escucharan voces donde el PAN no pudiera lograr algunos triunfos, ¿cuándo nos han dicho que vamos a ganar?, ¿cuándo nos han dicho que vamos primero en las encuestas?, Nunca, no lo han querido reconocer, y ahí están los resultados. En el 2012, no tengo la menor duda que la Presidencia de la República la va a encabezar Acción Nacional, el gobierno estatal lo va a encabeza Acción Nacional y el gobierno municipal (hizo un silencio de suspenso)… menos tengo duda que lo va a encabezar Acción Nacional”, recalcó Salim ante vítores y porras de panistas que lo empujan a competir por la alcaldía de León.

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