Arnoldo Cuellar

La elección estatal de Guanajuato en 2012

In Análisis Político on mayo 20, 2012 at 12:08 pm

(Colaboración para la revista Nueva Era, No. 5, Mayo de 2012)

Desde hace un cuarto de siglo, Guanajuato ha sido uno de los buques insignias del panismo en términos electorales. Los testimonios del despunte, auge y, probablemente, la caída en el favor de los votantes de la opción conservadora en el escenario político nacional, puede seguirse en esta entidad federativa como si se tratara de un termómetro.

Para revisar lo que puede ocurrir el próximo primero de julio de 2012 en la elección local de Guanajuato, primero es necesario tener un acercamiento a la historia política reciente, la cual seguirá repercutiendo en la próxima cita electoral.

1988, el despunte panista

El parteaguas originado por la crisis en la sucesión priista de 1988, de donde emergería el cardenismo como el rival que puso en jaque la hegemonía septuagenaria del partido dominante en el siglo XX mexicano, vio en Guanajuato una historia muy distinta: la del crecimiento de un panismo civilista que sobrevivió a cuarenta años de fraudes electorales con una gran tenacidad y que, justo en esos momentos, se vio reforzado por la llegada de una notable pléyade de cuadros empresariales.

Frustrados en sus relaciones con el priismo, primero por la nacionalización de la banca acontecida en 1982, que fue respondida con el movimiento de México en la Libertad, encabezado por Manuel de Jesús Clouthier; y, después, por la caída de un gobernador con el que se habían identificado plenamente, Enrique Velasco Ibarra,  defenestrado desde la ciudad de México en un movimiento orquestado por el secretario de Gobernación de Miguel de la Madrid, Manuel Bartlett Díaz, un sector relevante del empresariado local empezó a fortalecer sus relaciones con el PAN.

La eclosión se presentó en las elecciones de 1988, donde por primera vez el PAN ganó en su totalidad la votación en León, colocando a tres diputados en el Congreso de la Unión: uno de ellos era Vicente Fox Quesada, un empresario agrícola de bajo perfil político, amigo personal de Clouthier; otro ganador de esa elección fue Elías Villegas Torres, quien a la vuelta de los años fue identificado como el líder del grupo ultraderechista conocido como El Yunque.

1991, el pacto Salinas-Diego

Esa elección fue la preparación de lo que ocurriría tres años después, cuando se renovaron los poderes estatales. La alianza de panistas tradicionales, neopanistas empresariales y los cuadros del Yunque, logró conformar un fuerte movimiento opositor al candidato priista, Ramón Aguirre Velázquez, quien venía de dirigir la Lotería Nacional tras de haber sido regente de la ciudad de México y precandidato presidencial frente a Carlos Salinas de Gortari, con quien no mantenía la mejor relación.

Vicente Fox perdió la elección por una diferencia de 200 mil votos, sin embargo, llevó al PAN a una cota histórica de casi medio millón de sufragios, el doble de lo que normalmente obtenía en las elecciones de la época. Esa circunstancia más la comprobación de algunas irregularidades y la construcción de un gran movimiento de protesta contra el fraude electoral orilló a Salinas  de Gortari a una negociación con el panismo nacional representado por Diego Fernández de Cevallos, mediante la cual se frenaron los movimientos de protesta a cambio de forzar la renuncia de Aguirre, tras de haber sido calificada su elección a fin de mantener un Congreso con mayoría priista, y la designación de un gobernador interino perteneciente al PAN.

Así fue como llegó al poder el empresario curtidor Carlos Medina Plascencia, quien tres años atrás había ganado la presidencia municipal de León, bastión histórico del conservadurismo. La decisión orilló a Vicente Fox a un retiro político, agraviado por la marginación de que fue objeto y enemistado con Fernández de Cevallos, a quien acusaba de colaboracionista con el salinismo.

El ranchero guanajuatense tuvo incluso acercamientos con Cuauhtémoc Cárdenas en la campaña de 1994, logrando colocar a una de sus principales asesoras, la economista Leticia Calzada, en las listas plurinominales del PRD al Congreso de la Unión. El plan era que Fox se pronunciase a favor de Cárdenas, poco antes de la elección, pero el compromiso fue roto por el panista después del debate que ganara Diego de manera apabullante y que lo catapultó muy por encima de Cárdenas en la contienda.

1995, la era foxista

Fox regresó a la política en 1995, tras la crisis económica de diciembre del año anterior y la decisión de realizar, por fin, las elecciones extraordinarias de Guanajuato, pactada a nivel nacional entre PRI y PAN. En mayo de ese año, el panista aplastó con casi el 60 por ciento de los votos al priista Ignacio Vázquez Torres y quedó en posición para realizar un gobierno cuyo principal objetivo fue catapultarlo a la candidatura presidencial panista del 2000.

Fox gobernó en estrecha alianza con la fracción yunquista del PAN, dejándola a esta el manejo del partido y de la Cámara local. Cuando se decidió la sucesión local el 2000, la ultraderecha panista se vio forzada a buscar un candidato externo, que encontró en el rector de la Universidad de Guanajuato, Juan Carlos Romero Hicks, ante la insurgencia del panismo empresarial, encabezado por un ex alcalde leonés, Eliseo Martínez Pérez, que se consideraba con la fuerza suficiente para arrebatar el control político al Yunque.

La elección interna de enero del 2000 marcó un parteaguas en la historia del panismo guanajuatense. Encabezados por Juan Manuel Oliva, el grupo afín al Yunque derrotó apenas por unos cuantos votos al candidato del grupo empresarial leonés, en una asamblea en Irapuato que pasó a la historia por la cantidad de marrullerías que ocurrieron: la elección debió de irse a una segunda ronda, se cortó la energía eléctrica y, a final, el triunfo se decidió por el voto ponderado de la dirigencia estatal, afín a Oliva, ante un empate de la asamblea. Así se convirtió en candidato el universitario Romero Hicks y se provocó la escisión más grande en la historia moderna del PAN que culminó con la expulsión del propio Eliseo Martínez.

Sin embargo, nada de eso fue obstáculo para que Romero ganará la elección de manera contundente frente al priista Juan Ignacio Torres Landa, a quien no le ayudó ni su pedigrí de hijo de ex gobernador, ni el apoyo de un sector del empresariado guanajuatense, frente a la ola de votos que provocó en Guanajuato el hecho de tener por primera vez a un guanajuatense contendiendo por la presidencia de la República.

2000, Oliva se adueña del PAN

Dueño ya del PAN guanajuatense, Oliva ganó la candidatura al Senado en primera posición, fue Senador y pidió licencia a las pocas semanas de protestar, para regresar a Guanajuato como secretario de Gobierno de Romero Hicks. En la práctica, Oliva se convirtió en el hombre fuerte de la política interna, afianzó el control sobre espacios como el Congreso y el partido y desde allí construyó su propia candidatura a la gubernatura en 2006.

La lucha entre el panismo empresarial y el Yunque se reeditó al darse el apoyo de Vicente Fox y Martha Sahagún, convertidos ya en la pareja presidencial, al secretario de Agricultura Javier Usabiaga para enfrentar a Oliva en la elección interna. Sin embargo, de poco sirvió el respaldo moral de Los Pinos frente al control territorial de Oliva.

Ya como candidato a la gubernatura, Oliva tuvo la suerte de que el PRI, que no había ofrecido mucha pelea, se desmoronara con la renuncia del candidato Wintilo Vega Murillo y la entrada, como emergente, del dirigente local Miguel Ángel Chico Herrera, lo que propició una caída histórica en la votación de ese partido.

2012, La crisis del olivismo

La situación, empero, ha cambiado radicalmente en los meses recientes. Para empezar, el control del gobernador panista Juan Manuel Oliva, quien acaba de pedir licencia al cargo para incorporarse a la dirigencia nacional del PAN como secretario adjunto de elecciones, se diluyó en medio de un enfrentamiento con un ala del panismo que encabeza el ex dirigente estatal Fernando Torres Graciano.

En el transcurso de 2011, el año previo a la selección del candidato oficial y a la elección constitucional, Oliva perdió sucesivamente la renovación del consejo estatal panista y la presidencia del PAN, frente a un grupo emergente encabezado por el dirigente saliente del PÀN: Fernando Torres Graciano, quien ya había ganado una primera batalla al convencer al gobernador de cesar al poderoso secretario de Gobierno, Gerardo Mosqueda, otro conspicuo miembro del Yunque a nivel nacional, que pretendía hacerse con la candidatura a gobernador desde la misma posición donde la había conseguido Oliva.

La fractura entre Oliva y Torres Graciano no se reflejó en la lucha por la sucesión, pues ambos confluyeron en el respaldo al secretario de Desarrollo Social, Miguel Márquez Márquez, frente a la intervención calderonista que representó el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, finalmente derrotado por un amplio margen en la elección interna, lo que estuvo a punto de generar una nueva división, al propiciar un acercamiento entre Córdova y el PRI nacional para construir una candidatura independiente al gobierno estatal, algo que finalmente se evitó con la designación del médico leonés como secretario de Educación Pública del gobierno federal.

Márquez Márquez se ha visto beneficiado además por la reciente separación de Oliva de la gubernatura, aduciendo una invitación de Josefina Vázquez Mota y Gustavo Madero para hacerse cargo de las redes electoral del PAN a nivel nacional. En esa coyuntura, el candidato estatal ya no se verá obligado a marcar un deslinde con una administración salpicada por varios escándalos de corrupción.

El PRI, esa entelequia

Frente a la actual situación del panismo, que vive sus momentos más complicados no sólo por la división interna sufrida al interior del grupo que ha sido hegemónico durante los últimos tres lustros, sino también por el cambio en la circunstancia nacional con el crecimiento de las preferencias a favor del candidato presidencial priista Enrique Peña Nieto, la oposición en Guanajuato parece seguir dormida en sus laureles.

Con la candidatura de Juan Ignacio Torres Landa, que regresa doce años después de su fracaso sin haber mantenido un contacto estrecho con la militancia de su partido en ese tiempo, se ha creado una complicada situación que se refleja sobre todo en la dificultad para sacar adelante la planilla de candidatos a las alcaldías y las diputaciones locales con un mínimo consenso.

El PRI de Torres Landa no muestra fuerza interna, pero tampoco ha logrado alianzas consistentes con fuerzas externas, sobre todo con los empresarios que siguen entregados a un panismo que los ha favorecido de manera notable. En la política de coaliciones electorales, el PRI ha ido a la zaga del Partido Verde, que le impuso su agenda en municipios tan importantes como León y Celaya.

Tampoco se aprecia, hasta este momento, una estrategia agresiva de mercadeo político que posicione la campaña y busque aprovechar las debilidades exhibidas por un panismo desgastado por dos décadas en el poder y una actuación cada vez más relajada en cuanto a honestidad en la administración pública.

Así las cosas, no obstante el reflujo de la marea panista a nivel nacional y el reposicionamiento del priismo, Guanajuato, una de las primeras entidades donde el PAN posicionó su fuerza y se hizo de una cabeza de playa que incluso le sirvió para asaltar el poder a nivel nacional, podría ser también la última en mantenerse firme al lado del conservadurismo.

Muy probablemente sin los márgenes victoriosos que logró en las últimas tres elecciones, pero con suficiente holgura, al día de hoy y antes de que comiencen las campañas locales, todo indica que el PAN podrá retener la gubernatura de Guanajuato, quizá al costo de entregar algunas alcaldías de las principales ciudades y su control en el Congreso.

No parece tanto un mérito de los cuadros panistas locales, golpeados por la molicie que genera el detentar el poder durante un largo plazo, sino por la incapacidad del priismo local para autoorganizarse y convertirse en una opción creíble ante los ciudadanos, lo que les hará perder la actual coyuntura nacional favorable, algo que nunca tuvieron en el pasado reciente.

En la conquista de Guanajuato por el PAN, tuvieron que ver más los cuadros locales que un auge nacional; igualmente, en la incapacidad para volver las tornas ahora que el voto nacional regresa a raudales hacia el PRI, mucho tendrán que ver los cuadros locales del priismo.

Al final del día, como quería el político estadounidense Tip O’Neill, “toda política es local.”

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