Arnoldo Cuellar

La efervescencia electoral llega a la UG

In Análisis Político, Zona Franca on abril 25, 2012 at 4:02 am

La dinámica en la que colocó a la Universidad de Guanajuato la reforma administrativa realizada por el ex rector Arturo Lara López, parece ideada por un enemigo de la institución. Quizá no se planeó así, pero en los hechos se está convirtiendo en una fuente de problemas.

Apenas hace poco más de medio año concluyó el proceso para la elección del nuevo Rector General, cargo que recayó en quien fuera uno de los brazos operativos de Lara López, su secretario general José Manuel Cabrera Sixto.

El proceso no estuvo exento de tensiones y golpeteo, el rector del campus Guanajuato, Luis Felipe Guerrero Agripino trazó un plan envolvente que incluyó al rector de Celaya, Juan Miguel Ramírez Sánchez, a quien utilizó como mozo de escuadra; al ex gobernador Juan Carlos Romero Hicks, con quien hizo una alianza estratégica; y el despliegue de una ofensiva mediática y de relaciones públicas.

La decisión de Lara para no intentar una reelección, para la que existía algún alambicado resquicio legal, fue bien recibida por los universitarios, pero alentó proyectos como los del titular del campus Salamanca, René Jaime Rivas, quien originalmente no había pensado contender.

La cuarteta de contendientes se completó con el otro rector de campus, José Luis Lucio Martínez, de León, quizá el académico de más sólido currículo de quienes participaron en la sucesión.

La decisión de la Junta Directiva de la Universidad a favor de Cabrera Sixto no fue bien recibida por sus competidores, quienes además quedaron todos en posiciones de poder burocrático desde donde podían hacérselo saber. La precepción generalizada fue que se trató de una maniobra política bien dirigida por el rector general saliente, que logró entronizar un delfín

Pronto comenzaron las hostilidades. El activismo de Guerrero Agripino logró armar una cuádruple entente que se acogió a la protección del siempre dispuesto Romero Hicks, quien no obstante su jubilación sigue considerando a la UG casi un patrimonio personal.

Así unidos, los rectores de campus tomaron por asalto la junta directiva que deberá reelegirlos al lograr ocupar los cinco asientos que se renovaron con académicos y miembros externos afines todos ellos a Romero Hicks. Ese golpe coloca al grupo a un paso de una mayoría nada difícil de lograr para alguien que domina los recovecos de la grilla universitaria como el ex rector y ex gobernador.

De manera que, al día de hoy, Juan Carlos Romero está en posibilidades de influir de manera decisiva en el proceso que está por iniciar para renovar o reelegir a los rectores de los cuatro campus universitarios, un poder del que no goza a estas alturas el propio rector general Cabrera Sixto.

Es con esa confianza que se empiezan a lanzar al ruedo las ambiciones de la nueva burocracia dorada universitaria. Resulta altamente significativo que el primer rector de campus que se destapa abiertamente sea el de Celaya, Juan Miguel Ramírez, quien ostenta los niveles más bajos en las evaluaciones de su trabajo y que goza de una alta impopularidad en sus divisiones académicas.

Ramírez se muestra confiado porque sabe que cuenta con el as bajo la manga del respaldo de Romero Hicks y porque está dentro del proyecto de Luis Felipe Guerrero de reintentar el arribo a la rectoría general de la UG dentro de tres años y medio, cuando cumpla su primer periodo Cabrera Sixto.

Lejos de las consideraciones académicas y de cualquier proyecto asociado a ellas, el proceso de renovación de los rectorados de campus, a punto de iniciar formalmente, colocará a la máxima casa de estudios de Guanajuato en la tesitura de una carrera más política que universitaria, con todos los riesgos que eso implica.

No ayudará el hecho de que el ex rector Romero participe a trasmano en ese proceso, al mismo tiempo que realiza una campaña electoral por la Senaduría, representando al PAN.

Qué paradoja, la autonomía universitaria está a punto de pasar a ser una entelequia gracias, precisamente, a la incapacidad de quien fuera su principal gestor para renunciar, de una vez por todas, al afán de guiar los destinos de la institución, como si fuera una eterna menor de edad.

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@Arnoldo60

 

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