Arnoldo Cuellar

El operador electoral de Josefina: activos y pasivos

In Análisis Político, sinembargo.mx, Zona Franca on abril 5, 2012 at 9:17 am

El gobernador de Guanajuato, Juan Manuel Oliva, pidió licencia definitiva a su cargo, a seis meses de concluir el mandato para el que fue electo, amparado en una invitación que le realizó la dirigencia nacional panista, entiéndase también la candidata presidencial Josefina Vázquez Mota, para hacerse cargo de una parte de la estrategia electoral de ese partido en la campaña recién comenzada.

Los defensores del guanajuatense, sobre todo entre la militancia de su partido, aducen como argumentos a favor de su nuevo encargo la fama de operador electoral que Oliva ha ganado en Guanajuato, donde se le atribuye participación en por lo menos tres victorias panistas en elecciones de gobernador.

Como dirigente estatal de su partido, Oliva estuvo presente en el triunfo de Vicente Fox Quesada sobre Ignacio Vázquez Torres, en una elección extraordinaria en 1995. Sin embargo, difícilmente puede considerarse decisiva la participación del entonces novel panista, pues Fox ya venía de haber disputado una cerrada elección con Ramón Aguirre en 1991 y de una lucha contra el fraude electoral que culminó en el interinato de Carlos Medina Plascencia.

Para la fecha del triunfo de Fox, este ya era un personaje nacional, pues había sido el promotor de una reforma constitucional para abrir la candidatura presidencial a los mexicanos hijos de un padre extranjero, el famoso artículo 82, donde se hizo acompañar de connotados intelectuales del país.

En el año 2000, como estratega de la campaña del candidato Juan Carlos Romero Hicks, Oliva también se arrogó uno de los triunfos más holgados sobre el PRI en la historia política reciente, sin embargo, ese margen debe atribuirse en mayor medida a la coincidencia con la elección presidencial donde un guanajuatense compitió y ganó: el propio Vicente Fox.

Finalmente, en 2006, su propia elección, Juan Manuel Oliva amplió aún más los márgenes de la votación panista sobre la priista, a grado tal de que mientras Felipe Calderón ganaba la presidencia de la República apenas por un cuarto de millón de votos, en Guanajuato el triunfo de Oliva ocurrió por más de 650 mil sufragios.

Los panistas guanajuatenses, Oliva con ellos, aseguran que Calderón le debe su victoria a la elección de Guanajuato. El propio Andrés Manuel López Obrador ha señalado al “mapachismo” de Oliva como uno de los causantes de su derrota.

Hay una hipótesis, empero, que prácticamente nadie ha tomado en cuenta: el votante conservador de Guanajuato, sin estar muy entusiasmado con la candidatura de Calderón, si fue sensible en cambio a la “campaña del miedo” en contra de López Obrador. Eso influyó, primero, en una gran afluencia a las urnas; y, segundo, en un voto masivo por el PAN.

En todos los casos, Oliva ha tenido la suerte y el mérito de haber estado en el lugar y en el momento correcto para ser enfocado por los reflectores. Esa situación le ha otorgado un gran prestigio entre los panistas y en Guanajuato casi constituye un dogma. Sin embargo, hasta ahora no se han visto sus capacidades en un entorno hostil.

Habría que subrayar, además, que el trabajo de operación política y electoral en Guanajuato, a lo largo de estos tres sexenios, se ha realizado bajo el amparo de gobiernos en manos panistas y con una amplia disposición de recursos públicos concurriendo en esas estrategias.

Hay que subrayar, en un apartado, que Oliva es un miembro distinguido de la corriente ultraderechista conocida como El Yunque, dentro del panismo, a la que también pertenecen los gobernadores de Morelos y Jalisco, Marco Antonio Adame y Emilio González; así como la secretaria general panista, Cecilia Romero.

En ese sentido, la cartera adjunta en materia electoral asignada al gobernador con licencia de Guanajuato no sólo apelaría a sus méritos como estratega electoral, sino que sería también una posición de grupo a fin de cohesionar a un panismo que no acaba de carburar tras la elección interna.

La presencia en otra secretaría adjunta de Guillermo Anaya, el senador coahuilense que además de ser compadre de Felipe Calderón actúa en mancuerna con Jorge Manzanera, otro operador electoral del panismo, dejaría en evidencia que estas  designaciones de Josefina lo que constituyen es más bien una operación cicatriz con las otras corrientes del panismo.

Con apenas noventa días por delante, sin el aparato que lo ha acompañado siempre, enfrentado a los demonios que toda campaña suscita y más cuando se encuentra a la zaga del líder de la competencia, Juan Manuel Oliva corre el riesgo de concluir su carrera exhibido como un político de alcances locales.

Lo delicado es que ese fracaso sumado a otros que se prevén, podrían llegar a constituir la mayor crisis a la que se haya enfrentado el PAN en su historia, no sólo por la pérdida del poder sino también, como lo temió Carlos Castillo, por el riesgo de la pérdida de su mística como partido democrático.

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