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El affaire Beltrones

In Análisis Político on noviembre 23, 2011 at 3:45 am

La carta con la que Manlio Fabio Beltrones se retira de una contienda que  ni siquiera ha empezado por la candidatura priista es, quizá, uno de los documentos personales más relevantes en la historia de este partido por varias décadas.

El PRI, ese partido que conformó el siglo XX mexicano y que ahora se propone regresar por sus fueros en el XXI, tras dos sexenios fuera del poder, generó una cultura política cuyos mayores hitos fueron la simulación, el pragmatismo y el sometimiento: “el que se mueve no sale en la foto” decía uno de los evangelistas de este credo: el legendario Fidel Velázquez.

Parecía posible que tras su peregrinar en el desierto, fuera de la presidencia de la República, los priistas como han hecho otros partidos en el mundo, tenían la oportunidad de refundarse, de aprovechar su larga experiencia de ejercicio de poder para depurar sus virtudes y atacar sus defectos. Sin la carga de la conducción del país, era posible arriesgar más que durante la larga etapa en la que se responsabilizaron de las instituciones.

Sin embargo, con lo que no se contaba es con la feudalización en la que derivó la alternancia en el poder presidencial. Sin un centro político que ejercía poderes extraconstitucionales que permitían la imposición y la defenestración de los gobernadores, los mandatarios estatales se convirtieron en señores de horca y cuchillo en sus territorios; hicieron lo que quisieron con sus congresos locales, sus tribunales de justicia y, por supuesto, con sus recursos presupuestales.

Y es precisamente de esa simiente política de donde viene el PRI que está a punto de regresar a los Pinos: Enrique Peña Nieto, ex gobernador del Estado de México que aparece rodeado de sus homólogos: Miguel Osorio Chong, de Hidalgo; Ismael Hernández Deras, de Durango; Fidel Herrera Beltrán, de Veracruz; Humberto Moreira, de Coahuila, entre muchos otros.

Entonces, debe repensarse la tesis: este PRI, el de los gobernadores, no vio ninguna travesía en el desierto, sino todo lo contrario: encontraron la tierra prometida con la caída del viejo presidencialismo priista que les devolvió los poderes expropiados por el centralismo de facto que conformó este sistema político durante el siglo pasado.

Por eso resulta de suma importancia la reflexión del senador Beltrones, por cierto también ex gobernador en Sonora durante uno de los regímenes más controladores de la historia priista, el de Carlos Salinas de Gortari.

Dos tesis iniciales resultan relevantes en el documento titulado Unidad ¿Para qué?: Dice el coordinador de los priistas en el Senado: “Para resolver los problemas del país no basta cambiar de presidente o de partido, hay que plantear primero Un Programa para México.”  Agrega párrafos más adelante: “el rumbo del país ya no puede ser el mismo, ni tampoco repetir el que ya dejamos atrás.”

Beltrones está viendo lo que ya pasó en la alternancia del año 2000, cuando el simple cambio de partido y de presidente no sólo no resolvió un solo problema, sino que incubó muchos de los que hacen crisis una década después.

Sin embargo, pone en duda que la restauración de un PRI que no parece querer evolucionar sea una solución, por más que el cansancio de los ciudadanos le conceda el beneficio de la duda.

Ese es el quid de la cuestión: el gran tema del futuro mexicano no es la elección del 2012, sino lo que pasará el día después. Un PRI, o cualquier partido, que simplemente se aproveche de la desesperación del electorado, pero que carezca de ideas nuevas para enfrentar los problemas reales, los mismos que desgastaron al gobierno saliente y su partido, empezará a erosionarse más pronto que tarde.

La verdadera recuperación de las riendas del país por el PRI implicaría hacer las cosas distintas a lo que ocurrió antes del año 2000. Incluso presidentes formados en el extranjero, capaces y con vocación modernizadora como Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, no lograron cambiar los usos y costumbres de los priistas y gobernaron con métodos híbridos que en no pocas ocasiones terminaron haciendo crisis, como ocurrió en el año horrible de 1994.

Con los métodos empleados por Humberto Moreira, el actual presidente del PRI y cuestionado gobernador con licencia de Coahuila, mostrados en el manejo de la convocatoria para la elección del candidato presidencial y en los acuerdos para las alianzas con PVEM y PANAL, queda claro que la búsqueda de la presidencia se ha convertido en un asunto de truculencia política y no de propuestas, mucho menos de innovación.

Beltrones parece haberse negado a ser parte de una cargada, ese fenómeno político patentado por el PRI que, entre sus principales ingredientes, tenía un factor que funcionó muy bien en el pasado pero que puede convertirse en una peligrosa debilidad hoy día: la de creer que el candidato, por el hecho de serlo, era ya presidente.

El enigmático mensaje final deja muchas puertas abiertas, con dos frases: “Sé que puedo continuar mi lucha por las reformas desde cualquier trinchera política.” Y, “Mañana, empiezo otra vez.”

Manlio Fabio Beltrones queda intacto y a la expectativa. La pelota está hoy en la cancha de Enrique Peña Nieto.

Botepronto

El anuncio del director del ISSEG y precandidato a la alcaldía de León, Miguel Ángel Salim Alle, de una inversión de 466 millones de pesos para construir un centro comercial y de negocios en el predio donde se ubicaba el viejo Conjunto Estrella, en León, donde la joya de la corona es una torre de 23 pisos, ha generado serias inquietudes en sectores políticos y empresariales de esa ciudad y del estado.

Enfrente de donde estará la torre, que también contempla un estacionamiento de mil 100 vehículos y una plaza comercial, se ubica la Plaza León, muchos de cuyos espacios se encuentran vacíos. La torre Nissan, a pocas cuadras del lugar, también tiene lugares disponibles.

Parece una apuesta arriesgada realizada con el fondo de pensiones de los trabajadores, lo que podría traer dolores de cabeza no a Salim, que se apresta a renunciar para buscar la candidatura a alcalde, precisamente de León, sino para sus sucesores en los próximos gobiernos.

Preocupa que esta administración licite la construcción de la nueva plaza y se retire enseguida, lo que no parece una actitud muy responsable. Llama la atención, también que en el anuncio no haya estado presente el gobernador Juan Manuel Oliva, como si las acciones del ISSEG no fuesen de su incumbencia, no obstante que su gobierno preside el consejo de administración.

Finalmente, y no como asunto menor, el anuncio parece un acto anticipado de precampaña realizada con recursos públicos algo que, desde luego, no parece preocupar a nadie y mucho menos al Instituto Electoral del Estado, de Jesús Badillo, que duerme el sueño de los justos desde que no logró encauzar las precampañas al gobierno del estado.

Ni duda cabe que en tierra de ciegos, el tuerto es rey.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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