Arnoldo Cuellar

Cordero: el músculo no basta

In Análisis Político on agosto 15, 2011 at 4:02 am

El gobernador Juan Manuel Oliva vio culminado sus esfuerzo de las semanas pasadas: la reconciliación que operó entre los operadores políticos de su viejo equipo volvió a hacer el milagro: más de cinco mil personas se reunieron este domingo en el Polifórum de León para arropar a un descolorido Ernesto Cordero en su lanzamiento como precandidato a la presidencia de la República.

En una estrategia diseñada para contrarrestar el destape de Josefina Vázquez Mota, quien operó su informe legislativo como plataforma de lanzamiento, Oliva y varios de sus colegas gobernadores le apostaron al músculo movilizador y al baño de masas, para proteger a su precandidato.

El resultado, sin embargo, puede resultar contraproducente, como se encargó de señalarlo Santiago Creel Miranda, el otro aspirante que se conserva como puntero junto a Vázquez Mota, al denunciar, desde el cobijo de San Cristóbal y de la mano de Vicente Fox, la operación acarreo que está soportando al funcionario calderonista, cuya renuncia, por cierto, se espera para esta misma semana.

Al día de hoy, Ernesto Cordero sigue siendo un precandidato inseguro de sí mismo, un tecnócrata con nulas tablas políticas y, quizá lo más delicado dentro del panismo, un delfín decidido de manera unilateral por el presidente de la República y protegido por buena parte del aparato gubernamental panista en sus tres niveles de gobierno.

Esa combinación puede llegar a ser mortal si es que en el PAN aún se conserva algo del espíritu de Manuel Gómez Morín y los padres fundadores. No sólo preocuparía la imposición de un candidato desde el poder; más delicado sería el riesgo de imitar los vicios priistas con una cargada moviéndose acríticamente bajo la cultura de la línea.

Pero ese no es el único renglón en el que pudieron haberse registrado desventajas para Cordero el día de ayer. Al empatarse su evento y el Vázquez Mota pudo apreciarse un notable contraste.

Mientras la legisladora federal planteó un esquema de campaña moderno, con una mercadotecnia sobria aunque suficiente y un adecuado uso de las tecnologías de información y las redes sociales, la apuesta de Cordero bajo el influjo de operadores como el gobernador de Guanajuato, se vio pobre y anacrónica.

El acarreo indiscriminado; la presencia de masas desconocedoras de la reunión a la que iban; la recolección de firmas como equivalencia de fuerza política, todo eso recuerda a un priismo de corte casi echeverrista, algo que definitivamente no casa con la imagen de un pulcro funcionario financiero posgraduado en el extranjero.

Esa combinación difícilmente podría contrarrestar a un candidato como Enrique Peña Nieto, que si bien se encuentra atado a viejas formas de la política priista en el subsuelo, en su superestructura de propaganda muestra una imagen totalmente fresca y atractiva.

Sin embargo, no parece necesario ir tan lejos: hasta hoy, la propuesta política de Ernesto Cordero, nadando entre la insulsez del tecnócrata y la incongruencia del apoyo oficial, a quien amenaza con no convencer es a las bases panistas que tendrían que validar su ungimiento.

En lo que hace al gobernador Juan Manuel Oliva, sin duda que Cordero no puede menos que estarle agradecido por el esfuerzo evidenciado en el evento de este domingo en León. No hay duda de una amplia capacidad de movilización amparada en el acarreo corporativo e institucionalizado.

Lo que sí está en cuestionamiento es la posibilidad de que ese estilo, efectivo para asuntos de escenografía, pudiese funcionar fuera de Guanajuato, sin el soporte del gobierno estatal atrás de él y que, además, sea suficiente para reposicionar la precandidatura de Cordero.

Quizá por eso, más allá de las mitologías urbanas que suelen propagarse en estos días, es verdaderamente remota la posibilidad de que Oliva vaya a formar parte del equipo de Cordero y que, en consecuencia, se abriese la oportunidad de un interinato. Aunque abunden quienes así lo desean, incluso en el entorno inmediato del mandatario.

Botepronto

La administración municipal del priista Nicéforo Guerrero, en Guanajuato capital, parece empeñada en no abandonar los escándalos públicos hasta el último día de la administración.

La semana pasada empezaron a desahogarse las pruebas a favor y en contra de una denuncia presentada por el municipio en contra del consejero del Sistema de Agua capitalino, Ramón Izaguirre Ojeda, presuntamente por no cumplir con sus tareas como secretario de dicho consejo.

Ya el propio abogado Izaguirre, como se le ha hecho costumbre, está frenando el embate y poniendo en evidencia la estulticia jurídica y política del viejo burócrata priista. Sin embargo, queda la duda de cuáles podrían haber sido las causas de este nuevo atentado personal usando el poder del municipio.

La revelación de la guerra del agua que está por librarse en Guanajuato, donde dos empresas privadas de capital extranjero están disputando un contrato para ofrecer reservas de agua a futuro, una respaldada por Guerrero y la otra por el regidor panista José Morán, da la respuesta.

Esta vez no se trata de atacar a Izaguirre en venganza por su defensa de La Bufa, sino de evitar que el siempre puntilloso litigante les meta ruido en la tarea de convertir el Simapag en un botín, como ya ocurrió con las Momias; con  la concesión del servicio de limpia y como se quería hacer con el cambio de uso de suelo en La Bufa.

Como ya ha ocurrido, para esas tranzas es que Ramón Izaguirre le estorba a Nicéforo, según un punto de vista realmente miope, pues en realidad el edil guanajuatense enfrenta una oposición que crece por minuto, ante su inenarrable torpeza y su sospechosa parcialidad en asuntos que vinculan negocios y decisiones públicas.

arnoldocuellar@zonafranca.mx

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