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PRI Guanajuato, la casa de la risa

In Análisis Político on enero 11, 2011 at 10:38 pm

No obstante haber sufrido dos derrotas en elecciones presidenciales, el Partido Revolucionario Institucional está demostrando una notable capacidad de regeneración a nivel nacional, la cual lo tiene a las puertas de recuperar la presidencia de la República.

Aprendiendo de sus errores tácticos en la elección del 2006, los cuáles prácticamente los autoderrotaron incluso antes de la contienda, priistas de diverso peso específico, capacidad de liderazgo y posición política, lo que incluye líderes camerales, gobernadores, dirigentes sectoriales y partidistas, han podido lograr un acuerdo mínimo de voluntades para procesar sus diferencias.

Animadversiones históricas como las de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo; confrontaciones como la de Manlio Fabio Beltrones y Liébano Sáenz; enemistades de fondo como la de Beatriz Paredes y Elba Esther Gordillo, todo ha sido pospuesto ante la tarea de regresar al poder.

Probablemente muchas de esas diferencias, algunas producto de visiones personales encontradas, pero otras debidas a diferentes proyectos de país, no se resuelvan nunca; pero por lo pronto no significarán un obstáculo para el objetivo trazado en los próximos meses: elegir un candidato presidencial de unidad y conservar la ventaja que les otorgan todas las encuestas para la cita del 2012.

Ese panorama, que por lo menos evidencia una inteligencia práctica envidiable, no se reproduce en todas las instancias del priismo nacional. No lo hace, para empezar, en Guanajuato, donde brilla por su ausencia una mínima capacidad de acuerdo entre priistas.

Quizá el mayor pecado de los cometidos la semana pasada, cuando las diversas tribus priistas volvieron a enfrascarse en batallas campales con el pretexto de renovar la dirigencia de una inexistente organización juvenil, no se encuentre en quienes llegaron a los golpes en asambleas municipales, sino en sus mayores: los capitanes de cada una de las claques tricolores.

Hay dos responsables: el senador Francisco Arroyo Vieyra y el diputado Gerardo Sánchez García, en este momento los priistas más conspicuos de Guanajuato en la escena nacional y quienes tienen en sus manos el destino de esta fuerza política en la próxima elección.

Ambos legisladores han mostrado una amplia capacidad para mantener diferencias, incluso de manera visceral. Arroyo y Sánchez se han hecho objeto de afrentas mutuas cada vez que tienen oportunidad y, de momento, encontraron su campo de batalla en la elección del Frente Juvenil, donde los aspirantes a presidirlo no son más que peones de un juego de posiciones.

Ni siquiera parece estar en disputa la designación del candidato a la gubernatura, donde probablemente Arroyo Vieyra ya esté condenado a asumirla. Sánchez García difícilmente abdicará del productivo liderazgo nacional cenecista por una aventura riesgosa en Guanajuato, pero sí querrá obtener el mayor número de candidaturas para sus partidarios.

Ese es el juego de la política. Sin embargo, lo patético en este caso es que los problemas de diván se antepongan a la posibilidad de estructurar los acuerdos que le permitan al PRI ser una oposición siquiera digna en Guanajuato.

Francisco Arroyo y Gerardo Sánchez no se derrotarán el uno al otro de manera definitiva; pero, juntos, serán responsables de una nueva postración de su partido frente a un PAN menguante que les quedará más que agradecido.





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