Arnoldo Cuellar

Un PAN agotado solapa la corrupción de Bárbara

In Botepronto, sinembargo.mx, Zona Franca on febrero 10, 2016 at 3:27 am

El gobierno de López Santillana busca prestigiarse satanizando a su antecesora solo en el discurso, algo innecesario visto su hundimiento en la opinión pública; empero, sin traducir sus palabras en acciones, serán parte de lo mismo que critican.

Se está volviendo un chiste común en los corrillos de la política leonesa preguntar quién gobierna en León: si el alcalde Héctor López Santillana o alguno de los síndicos, Carlos Medina y Luis Ernesto Ayala.

Con ello se pretende aludir al protagonismo de ambos ediles que, con estilos distintos aunque igual de disolventes, terminan por competirle en el escenario público al presidente municipal que recuperó León para el PAN.

Sin embargo, la respuesta al chiste es aún peor para una administración que se sobrevendió en expectativas, tras el paso ciclónico de la corrupción y la frivolidad de Bárbara Botello, la exalcaldesa priista.

En los últimos días parece que no gobierna ninguno de ellos, ni nadie más. La administración panista parece ir a la deriva y con los vientos en contra.

Esta semana se presentó el programa de gobierno de la administración, conforme a un término de ley que otorga cuatro meses a las administraciones entrantes para elaborar y aprobar el plan con el que piensan manejarse durante sus tres años de gestión.

El término da oportunidad al relanzamiento de una administración que está en su curva de aprendizaje, sirve de parteaguas y de recapitulación y es, en general, un momento de lucimiento para un alcalde que cuenta aún con un bono de credibilidad tras su arribo al poder.

Este no ha sido el caso de León, el municipio más importante de Guanajuato y donde se concentra el 25 por ciento de la población del estado. Para empezar, el bono de la transición se ha evaporado en las primeras semanas ante una parálisis solo en parte explicable por el estado crítico en que se recibió la administración.

López Santillana, un funcionario exitoso que condujo la política de industrialización y atracción de inversiones por una década, se ha atascado en el fangoso terreno de la política municipal.

Para empezar, simuló un proceso de consulta profesional para armar su gabinete, que terminó en las designaciones de los mismos de siempre. Quienes fueron funcionarios solventes hace una o dos décadas, hoy son burócratas comodinos y carentes de imaginación. El equipo de regidores y síndicos, con amplia mayoría panista, juega sin plan y con un exceso de individualidades.

Por ejemplo, nadie se explica porqué razón el síndico Luis Ernesto Ayala salió a leer un posicionamiento extremadamente crítico de la administración priista de Bárbara Botello, durante la sesión donde se aprobaba el programa de gobierno. Lo cierto es que ninguna de las referencias del también exalcalde sobre irregularidades y presuntos delitos tiene un correlato en una investigación seria o una denuncia en instancias fiscalizadoras o en el ministerio público.

El gobierno panista parece creer que el ensañamiento verbal con la exalcaldesa, ya suficientemente desprestigiada entre la propia ciudadanía como lo mostraron encuestas y el propio resultado electoral, les puede dar legitimidad. La respuesta a esa táctica fue el reclamo de manifestantes durante la presentación del programa de gobierno, este martes, que exigen acciones contra la corrupción y no solo discursos.

Por si fuera poco, ante los señalamientos de Ayala, un regidor barbarista, para más señas su exsecretario particular Salvador Ramírez, se dio el lujo de repasar con datos los propios hechos donde el síndico se ha visto envuelto en polémicas sobre corrupción. Si de dichos se trata parece haber pensado el regidor priista, el que esté libre de culpa que tire la primera piedra.

Lo cierto es que mientras más utiliza el PAN el discurso de la corrupción de Botello como un arma de distracción para su propia inacción, más se siguen obligando a dar pasos concretos para mostrar aunque sea un solo caso punible de sus antecesores.

La noticia hoy, tras el intento de relanzamiento de la administración que reconquistó León por el PAN, no son sus ofrecimientos de un futuro mejor, algo que ya nadie cree en México, sino la incapacidad para embonar con el sentimiento de indignación y de escepticismo de los ciudadanos.

Hasta el día de hoy y a pesar de que el gobernador panista Miguel Márquez se ha esforzado en arropar a López Santillana, el gobierno de León da una imagen de insolvencia, de desamparo, de omisión y, si me apuran, hasta de complicidad.

Con ello, y aunque le tundan en los discursos, en realidad le están dando oxígeno puro a Botello, cuya administración dejó una impronta de corrupción, pero no de ineficiencia.

Parece que tras casi tres décadas de haber arribado al poder por primera vez y con el solo paréntesis de 3 años de una administración priista, al PAN se le agotó el brazo y, lo que es peor, ya no cuenta con lanzadores de relevo.

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