Arnoldo Cuellar

Márquez y López Santillana: primero lo primero

In Botepronto, Zona Franca on enero 11, 2016 at 3:31 am

Los ciudadanos esperan resultados, y no solo posturas vanidosas o futurismo descarado, de quienes ostentan la representación de sus intereses.

Hay varias equivocaciones fundamental en la lectura que los más conspicuos integrantes de la clase política están haciendo de la distancia que se han venido tomando los ciudadanos con respecto a quienes se consideran sus representantes legítimos.

Un ejemplo son  los políticos pagados de sí mismos que creen que porque no están en el ojo de las críticas tienen una buena relación con los ciudadanos. Es el caso de los panistas Miguel Márquez y Héctor López Santillana, quienes vieron como la crítica activa y también la pasiva, crucificó a la exalcaldesa de León, Bárbara Botello, asumiendo que lo mal visto de la priista se convertía en una buena apreciación de los ciudadanos a sus proyectos.

En pocos días, el alcalde que recuperó León para el PAN ya parece percatarse de que el hundimiento de Botello no le significa simpatías a su favor y mucho menos plazos de gracia para empezar a componer el funcionamiento de una administración lastrada por la ineficiencia, el excesivo partidismo y la corrupción.

Lejos del ánimo renovador de los años 90 del pasado siglo, el leonés promedio no le concede al PAN el voto de confianza que despertaba su combatividad opositora, su constancia democrática y su incorporación de nuevos actores con carisma y experiencia en el sector privado.

Hoy, la gente quiere que el gobierno trabaje y de resultados en las cosas que importan para la vida cotidiana, no en los grandes ideales de cambio y transformación que fueron abortados por el mismo PAN cuando gobernó el país, iniciando precisamente con el guanajuatense Vicente Fox y continuando con Felipe Calderón.

López Santillana no representa un cambio por su trayectoria o su discurso. Representa la oportunidad de hacer bien lo que se venía haciendo mal, peor esa no puede ser una promesa de largo plazo, sino que debe ser inmediata y notarse a la brevedad.

Por otra parte, Miguel Márquez tiene una popularidad envidiable para los estándares políticos no solo nacionales, sino incluso de otros países con democracias competitivas. Sin embargo, en buena medida se debe a dos asuntos incidentales: la culminación de políticas públicas que iniciaron mucho antes de su llegada al poder y un estilo personal campechano y sencillo que elude la confrontación.

Sin embargo, Márquez aún no da pruebas de que su ejercicio directo del gobierno haya traído beneficios a los guanajuatenses. Los indicadores económicos que sitúan a Guanajuato creciendo a la par de los tigres asiáticos, tiene que ver con las decisiones de Juan Manuel Oliva para apoyar decididamente con subsidios a las inversiones extranjeras, sobre todo las automotrices.

En temas como la educación, el combate a la pobreza, la procuración de justicia, la prevención de los delitos, la salud pública y la cultura, el gobierno de Márquez ha dejado mucho que desear y sus indicadores son mediocres, cuando no abiertamente negativos.

El gobernador de Guanajuato no tendría porqué confundirse. Frente al halago de sus colaboradores, de una parte; y el interés que tienen de cultivar sus aspiraciones muchos políticos de la escena nacional, incluso de otros partidos, Márquez cometería un error si finca cualquier proyecto futuro solo en la buena fortuna que le ha acompañado y no en mostrar sus verdaderas cartas.

Así, contrario a lo que pueden llegar a pensar estos políticos y sus cercanos colaboradores, ni López Santillana es popular gracias a la impopularidad de Bárbara Botello; ni Miguel Márquez es eficiente porque le haya tocado cosechar en lugar de sembrar.

Si creen que el autoengaño engaña al público, pueden llevarse una amarga sorpresa cuando quieran trascender sus actuales encargos con los proyectos que ya vislumbran, antes de acabar la tarea que les toca.

 

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