Arnoldo Cuellar

Carlos Medina: segundas partes nunca fueron buenas

In Botepronto, Zona Franca on febrero 3, 2015 at 3:45 am

Autocomplacencia y confusión entre intereses privados y públicos, los riesgos mayores en el intento de retorno del PAN al gobierno de León.

En la actividad política una de las peores consejeras suele ser la vanidad. Otro factor de grave distracción política suele ser la superposición de los intereses propios por encima de los de la organización que se represente o la comunidad a la que se sirve.

Si alguien duda, allí está, del tamaño de una catedral, el caso reciente de la alcaldesa Barbara Botello, víctima de ambos vicios políticos: vanidad e intereses. La ciudadanía no se lo ha perdonado y el desprecio de quienes en un momento dado la vieron como alternativa a la soberbia de un panismo sin competidores, la tiene al borde de solicitar una licencia para no entorpecer la suerte electoral de su partido.

Por eso resulta interesante analizar el regreso de Carlos Medina Plascencia a la política electoral de León, la ciudad que lo vio surgir como político y que lo habilitó para llegar al principales cargos de representación política en la entidad.

¿Por qué Carlos Medina buscaría descender varios peldaños en su carrera política y buscar hoy una sindicatura en el municipio donde ya fue regidor de oposición y primer alcalde de su partido?

Una primera respuesta se centra en la vanidad. Carlos Medina siempre se ha ufanado de la congruencia y la limpieza de su carrera política. Podríamos decir, con algo de ironía, que en estos años se la ha pasado sacándole brillo a su propio monumento, máxime frente a la debacle en la que ha incurrido un número considerable de sus correligionarios, envueltos en escándalos de corrupción, de tráfico de influencias, de conductas indignas de la ideología de su partido.

Medina probablemente esté cierto de que su solo nombre basta para que el electorado leonés se vuelque en la urnas y le regrese la confianza al PAN, no a cualquier PAN, sino al que representa el exgobernador interino que parece ya no recordar cuando se codeó con Carlos Salinas de Gortari y estuvo a punto de olvidar que sus únicas misiones eran hacer una reforma electoral y convocar a elección extraordinaria.

La constatación de un posible efecto Medina en la política leonesa del 2015 está por verse, pero son mucha las previsiones en el sentido de que el veterano político panista puede llevarse una severa decepción, tan solo por un elemento sencillo: el paso del tiempo y la presencia de un electorado radicalmente diferente al que lo encumbró hace más de un cuarto de siglo.

El otro tema, quizá más relevante que el muy humano de la autocomplacencia, es el de los intereses, donde Carlos Medina, a diferencia de la imagen que trata de vender a quien se deje, ha incurrido en los últimos años en la actividad de representar a empresas que buscan vender servicios a los gobiernos, utilizando el recurso no regulado del cabildeo personal frente a los responsables de decisiones institucionales.

No vayamos tan lejos, hablemos de un solo caso. Carlos Medina ha representado a la empresa Red Ambiental, propiedad del empresario regiomontano Horacio Guerra Marroquín, para el logro de algunas concesiones importantes en municipios de Nuevo León, de Baja California, de San Luis Potosí y de Sonora.

Junto con Medina Plascencia, a quien en ocasiones se le ha ubicado como “socio” de Guerra Marroquí, ha aparecido el también exgobernador Ernesto Ruffo Appel, hoy senador por Baja California.

Aunque muy probablemente lo de la sociedad entre Medina y Guerra Marroquí sea una simple exageración de empresarios competidores, de lo que no queda duda es de que el exgobernador de Guanajuato ha trabajado representando los intereses de Red Ambiental.

Hoy, Red Ambiental, a través de su filial Red Recolector, ha obtenido la concesión de la recolección de basura en dos tercera partes de la ciudad de León, por 20 años, otorgada por la alcaldesa priista Bárbara Botello en una sospechosa operación que ha sido fuertemente criticada no solo por la oposición panista, sino por amplias capas ciudadanas de León.

¿Cuál va a ser el papel de Carlos Medina Plascencia en este tema, en caso de que gane la elección su partido el próximo domingo 7 de junio? ¿Revisará el contrato aprobado por los priistas y los ecologistas del actual ayuntamiento, con la oposición del PAN o tratará de darle carpetazo y garantizar el negocio de sus amigos y representados?

Independientemente de lo que esté pensando en su fuero interno y concediendo el beneficio de la duda a Carlos Medina, resultará de primordial importancia que los candidatos a cargos de elección en estos comicios hagan pública no solo su declaración de bienes, sino también su declaración de intereses.

En la planilla del PAN, la del PRI aún no se define, destacan numerosos hombres de empresa, que tienen intereses en negocios de diversa índole. Sería sano transparentar esa situación, además de que marcaría una diferencia.

Pero también quienes no son dueños de empresas, como José Luis Manrique el abogado que actualmente presta sus servicios para el desarrollador Valente Aguirre, deberían dejar claro cuáles han sido sus compromisos de los años recientes.

Si el PAN quiere regresar no solo al gobierno de León, sino como una opción diferente del estropicio priista de estos años, debe hacer las cosas de forma diferente y de cara a los ciudadanos.

Ese es el reto de Héctor López Santillana, de quien se espera que sea un verdadero líder comunitario y no solo el mascarón de proa de un abordaje empresarial al gobierno del municipio más importante de Guanajuato.

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