Arnoldo Cuellar

Sheffield: el PAN premia la traición

In Botepronto, Zona Franca on octubre 3, 2014 at 3:26 am

Prácticamente todos los panistas lo saben, los de una y otra corriente: el exalcalde Ricardo Sheffield Padilla fue uno de los mayores enemigos del candidato panista Miguel Salim en la elección del 2012.

La presidencia municipal de León y sus vastos recursos estuvieron a la disposición de la candidata priista Bárbara Botello, sin que nadie pudiera meter en cintura al presidente municipal, ni el candidato Miguel Márquez, ni tampoco el gobernador Juan Manuel Oliva.

En la elección presidencial de 2012, Josefina Vázquez Mota ganó en León por poco margen; Miguel Márquez perdió, por alrededor de cinco mil votos; Salim se hundió frente a Botello por casi 50 mil votos.

Resultó evidente el voto diferenciado de los electores panistas, algo, desde luego, a lo que tiene derecho el elector. Sin embargo, numerosas pistas permitieron dejar en claro que el fenómeno no fue tan espontáneo y que hubo catalizadores políticos en ese resultado.

Una de las evidencias sobre los pactos políticos entre Ricardo Sheffield y Bárbara Botello la hemos señalado en estas páginas: el acuerdo para designar en la presidencia del Consejo del Instituto de Planeación de León a Ignacio Ramírez Sánchez, uno de los operadores de fondos en las campañas de Ricardo Sheffield y amigo de todas sus confianzas.

Ramírez Sánchez accedió a la presidencia del Implan con el beneplácito de la entonces alcaldesa electa, en la recta final de la administración Sheffield, pues su desempeño se llevaría a cabo mayoritariamente en la gestión de la priista que asumiría el cargo en octubre de 2012.

La posterior ruptura de acuerdos entre Botello y Sheffield, a partir de que la alcaldesa comenzó a intentar justificar sus primeros fracasos atribuyéndolos a las herencias negativas recibidas de su antecesor, dejaron aislado a Ignacio Ramírez, quien prácticamente ha desaparecido del escenario público, cuando anteriores presidentes del Consejo de Implan fueron protagonistas fundamentales del debate sobre la orientación del desarrollo y las obras de infraestructura del municipio.

La administración de Botello ha realizado una obra pública notable en cuantía y también con carácter innovador. Por una parte continuó con la programación de Sheffield: hizo avanzar la vía Bicentenario, nombre otorgado al bulevar Morelos que circunda el cuadrante noreste de la ciudad; y la remodelación del Centro Histórico.

Pero, además, logró recursos vía un crédito para continuar dos nuevas etapas del Sistema Integral de Transporte y obtuvo una aportación extraordinaria del gobierno federal para habilitar un parque industrial privado con un subsidio en obras de más de 350 millones de pesos.

En toda esa vorágine de realizaciones se nota una ausencia atroz: la del consejo del Implan y su presidente que hasta ahora no ha dicho esta boca es mía, ni siquiera para validar las decisiones de la alcaldesa, dejando toda la carga de trabajo y de representatividad en la directora de la institución, Graciela Amaro.

Así concluyó el ciclo Sheffield con Botello, como el rosario de Amozoc. Después de las declaraciones culpando al exalcalde de los males del municipio, vinieron la clausura a las oficinas de Mayra Enríquez; la declaración de que “panistas me ayudaron en mi campaña”; y, finalmente, citatorios a Sheffield desde la Contraloría Municipal, cuyo titular responde a los intereses de Miguel Salim, para obligarlo a hacer aclaraciones.

La alcaldesa, con habilidad sibilina, catafixió su pacto con Sheffield por otro con Salim, aprovechando las rivalidades internas entre panistas y las ansias de venganza del candidato derrotado, quien parecía más sentido con las traiciones de su correligionario que con la derrota infligida por la priista.

Ahora, cuando se concibe la estrategia que tratará de reconquistar León, cuya derrota tras 24 años de gobiernos continuos constituyó una afrenta mayúscula para el panismo, vemos como reaparece Ricardo Sheffield como si nada y se apunta para participar en la contienda interna por… ¡la candidatura a la alcaldía!

Sheffield, con una actitud rayana en el cinismo, pero también con la complacencia y la complicidad de un panismo carente de memoria o de valor, busca la misma posición desde la cual traicionó no a Salim, su acérrimo rival, sino a su partido, a sus propios seguidores y a su grupo político que sufrió las consecuencias de la derrota tras la ruptura de los acuerdos por parte de Bárbara Botello.

Como ningún otro signo, el regreso de Sheffield a la política panista activa, tras haber operado en contra de los intereses del partido que lo hizo diputado local, federal y alcalde, muestra el tamaño de la crisis de identidad y de valores políticos que vive el PAN.

Auspiciado su regreso por el dirigente nacional ahora con licencia, Gustavo Madero, Sheffield buscará al final del día una candidatura a diputado a manera de negociación, para levantarle la mano al ganador del obscuro proceso interno que vive el PAN de León en estos días.

Tolerado por Gerardo Trujillo, cuyos compromisos con Madero lo ataron de manos para acotar la participación del exalcalde; y ante la pasividad de Miguel Márquez que es amigo de ahorrarse cualquier confrontación, Sheffield ha soñado con la posibilidad de reintentar el regreso a la alcaldía, sobre todo por que las mediciones han arrojado que es el más conocido de todos los participantes en el proceso y el que mejores calificaciones obtiene en conocimiento de los temas del gobierno y manejo de medios.

Sería el acabose para un PAN que ya ha renunciado a consultar a su militancia reconociendo la corrupción de sus procesos internos de elección.

Sin embargo, aún cuando los factores negativos en contra de Sheffield, que también abundan, constituyan un freno para su aventurerismo, ya el solo hecho de que haya participado y se le haya dado cabida en la selección del candidato a la alcaldía de 2015, cuando habría hasta elementos para buscar su expulsión del partido, hablan de un PAN que ha perdido no solo la brújula, sino también la dignidad.

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