Arnoldo Cuellar

Paradojas: Márquez aprobado; PAN a la baja

In Botepronto, Zona Franca on octubre 8, 2013 at 3:20 am

Muchas veces, después de haber ganado la elección y en los primeros meses del gobierno, Miguel Márquez escandalizó a muchos de los panistas que lo acompañaron en la aventura de convertirse en candidato y afrontar una elección más complicada para el PAN en más de tres lustros, al afirmar que su preocupación era la de hacer un buen gobierno y no la de conservar el poder para el PAN.

El reclutamiento de funcionarios provenientes de la sociedad civil, las críticas a Juan Manuel Oliva, el rechazo a contratar panistas sólo por méritos partidistas, junto con otras muchas decisiones que acompañaban a su definición, fueron cediendo terreno a lo largo de este año, bien por presiones de los mismos panistas, bien por el convencimiento de que resultaba complicado gobernar sin el partido.

Sin embargo, de todo, algo quedó: Miguel Márquez ha logrado separar su imagen personal de la del PAN y del desgaste que este partido ha sufrido a lo largo de los años en Guanajuato.

La impresión a primera vista de que el mandatario guanajuatense es un hombre de bien, con excelentes intenciones, sin desplantes, con una familia modélica y distante de modelos autoritarios o sectarios, permea muy bien en sus giras y su actividad diaria.

Lejos del público se encuentran las principales debilidades de su gobierno, las cuales se comentan solo en el ámbito del círculo rojo: clase política, medios de comunicación, opinión pública bien informada. Entre ellas: la falta de coordinación en su gabinete, la carencia de perfil de algunos secretarios, la descoordinación entre discurso y acciones, la falta de proyecto, la excesiva actuación coyuntural.

Por ello, es perfectamente explicable la alta calificación que el mandatario mantiene en el segundo sondeo de una de las encuestadores más prestigiadas del país: el 77.5 por ciento de la muestra está de acuerdo con su gestión. El dato lo ubica 14.5 puntos por encima del promedio de calificación de los gobernadores del país.

No es el único caso: los guanajuatenses se muestran generosos con su valoración en los tres niveles de gobierno: Enrique Peña Nieto tiene en Guanajuato una aceptación que es 12 puntos superior a la del promedio nacional; mientras que los alcaldes guanajuatenses evaluados, seguramente los de las principales ciudades del estado, reciben 75 puntos de aceptación, casi 24 puntos por encima del promedio del que gozan sus homólogos del país.

El dato, sin embargo, no guarda relación con otro de los reactivos preguntados en esta encuesta, levantada entre 600 guanajuatenses los 4 últimos días del pasado mes de septiembre: la de la intención de voto en una hipotética elección de diputados federales.

Con casi un 20 por ciento de voto no declarado, a la pregunta de por quién votaría usted si las elecciones de diputados fuesen el día de hoy, la encuesta muestra una ventaja de 4 puntos para el PRI.

El dato debería preocupar a los panistas. En julio de 2012, la elección federal les dio una ventaja de 10 puntos porcentuales. En una encuesta de la misma casa en abril de este año, la ventaja del PAN había disminuido a solo dos puntos porcentuales, prácticamente en empate técnico. Hoy la tendencia muestra un cruce de líneas: por primera vez el PRI aparece con intención de voto superior a la del PAN, por arriba de los 4 puntos.

Los seguidores de Márquez pueden festinar, como ya lo hacen en las redes sociales, la excelsa aprobación que recibe; los priistas también pueden hacer la ola con la histórica aparición de una expectativa de voto favorable en décadas.

Sin embargo, unos y otros deben estar concientes de que no ha hecho nada significativo para recibir tan buenas noticias

Por lo pronto y si nos atenemos estrictametne a los números de la encuesta, puede ser que el original planteamiento del gobernador Miguel Márquez sea el que esté cobrado realidad, como una especie de autoprofecía: el está pasando a ser un gobernador muy bien percibido, mientras que su partido no capitaliza esa situación, sino más bien todo lo contrario.

Así, de atender a estos números, de ser las elecciones en estos momentos, estaríamos viviendo la paradoja de que el mejor evaluado de los gobernadores panistas de Guanajuato cumpliría el sino fatal de devolver el gobierno a los priistas.

O algo quizá más cercano: que la elección intermedia de 2015 le arrebate la mayoría en el Congreso al partido del gobernador Márquez, marcando así la segunda parte de su mandato con una circunstancia nada favorable.

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